Con el plazo para la presentación de candidaturas cada vez más cerca, el Partido Justicialista de la provincia de Buenos Aires comenzó a acelerar el proceso interno que definirá su conducción en un año decisivo para el futuro del peronismo. A menos de un mes del límite formal, la convocatoria a una nueva reunión de la junta electoral marca un punto de inflexión: el PJ bonaerense empieza a pasar de las conversaciones informales a las definiciones políticas concretas.
La activación de la junta electoral no es un trámite administrativo más. Se trata del órgano que deberá garantizar el ordenamiento institucional del partido de cara al 15 de marzo, fecha establecida para la renovación de autoridades. En ese escenario, la gran incógnita sigue siendo la misma: ¿habrá internas reales o se avanzará hacia una lista de unidad que sintetice los distintos sectores del oficialismo bonaerense?
El debate ocurre en un contexto político particular. El peronismo gobierna la provincia más grande del país, pero atraviesa tensiones internas que exceden lo partidario y se proyectan directamente sobre la estrategia electoral futura. Lo que se resuelva en este proceso no solo definirá nombres y cargos, sino también el grado de cohesión con el que el espacio llegará a los próximos desafíos electorales, con la mirada puesta en 2027.
La reunión de la junta electoral se realizará bajo modalidad mixta y estará enfocada en continuar ordenando los aspectos procedimentales del proceso. No se trata de una instancia improvisada: es el segundo encuentro desde que el consejo partidario resolvió avanzar con la renovación en marzo, una señal clara de que el cronograma interno ya está en marcha y no admite demasiadas dilaciones.
En el encuentro anterior, realizado a fines de diciembre, la junta ya había dado un paso clave al aprobar el reglamento que regirá en caso de que se lleve adelante una elección interna. Allí quedaron establecidos los lineamientos centrales que deberán respetar todas las listas, lo que redujo el margen de discrecionalidad y obligó a los distintos sectores a moverse dentro de reglas claras.
Uno de los puntos centrales del reglamento es la aplicación estricta de la Ley de Paridad de Género en la conformación de candidaturas. Todas las listas deberán cumplir con ese requisito, lo que impacta directamente en el armado político y en la distribución de lugares expectantes. Además, se fijó un sistema de avales con procedimientos específicos de validación y límites en la cantidad de listas que cada afiliado puede respaldar, una medida pensada para evitar distorsiones y asegurar mayor transparencia.
El esquema también contempla mecanismos ágiles de control y resolución de conflictos. Las listas presentadas deberán ser exhibidas públicamente y, en caso de impugnaciones, la junta electoral tendrá la responsabilidad de resolverlas en plazos breves. Incluso si se presenta una única lista, los afiliados contarán con 48 horas para objetarla si detectan irregularidades, un detalle que refuerza la formalidad del proceso aun en escenarios de unidad.
En caso de que finalmente haya elecciones internas, el reglamento aprobado establece un sistema de representación proporcional. No solo la lista ganadora accederá a la conducción partidaria: si una segunda opción alcanza al menos el 25% de los votos, obtendrá ese mismo porcentaje de cargos. Este punto busca evitar una conducción monolítica y garantizar la inclusión de minorías, siempre respetando la paridad de género.
La junta electoral está presidida por el intendente de Malvinas Argentinas, Leonardo Nardini, y cuenta con una integración amplia que refleja el mapa interno del peronismo bonaerense. Participan dirigentes con peso institucional, referentes territoriales y representantes de distintos espacios políticos, lo que convierte a este órgano en una pieza central del equilibrio interno del PJ provincial.
La convocatoria se da luego de la última reunión del consejo partidario, realizada en diciembre, donde el presidente del PJ bonaerense, Máximo Kirchner, confirmó que el 15 de marzo será la fecha para definir la renovación de autoridades. Aunque el anuncio formal habilita la posibilidad de una interna, dentro del propio espacio son muchos los que dudan de que finalmente se llegue a una competencia abierta entre dos o más listas.
Esa duda no es casual. En el peronismo bonaerense conviven, por estas semanas, dos lógicas que tironean en direcciones distintas. Por un lado, la interna aparece como una herramienta legítima para saldar diferencias, ordenar liderazgos y medir fuerzas. Por otro, la idea de una lista de unidad sigue teniendo peso como forma de evitar fracturas y proyectar una imagen de fortaleza política.
Detrás de esa discusión late un objetivo estratégico mayor: consolidar una estructura partidaria alineada con el gobernador Axel Kicillof. El mandatario bonaerense entiende que 2026 será un año clave para ordenar al peronismo provincial y llegar a 2027 con un partido cohesionado, capaz de respaldar su proyecto político sin fisuras internas.
En ese contexto comenzaron a circular con más fuerza distintos nombres como posibles protagonistas de la nueva etapa del PJ bonaerense. La vicegobernadora Verónica Magario aparece como una de las figuras más activas en las conversaciones, con peso propio tanto por su rol institucional como por su trayectoria dentro del peronismo.
También ganó centralidad el intendente de La Plata, Julio Alak, quien mantiene diálogo con distintos sectores y es visto como un dirigente con capacidad de articulación. Su participación en las últimas negociaciones partidarias, especialmente en la ampliación del esquema de apoderados, fue leída como una señal de apertura y de búsqueda de consensos más amplios.
La danza de nombres incluye además a intendentes de distritos estratégicos del conurbano bonaerense. Leonardo Nardini, Federico Otermín y Mariel Fernández aparecen recurrentemente en las conversaciones internas, cada uno con perfiles y respaldos distintos. Esa diversidad de opciones refleja tanto la riqueza como la complejidad del armado peronista en la provincia.

En los últimos días se sumaron otros dirigentes con experiencia de gestión y llegada a distintos espacios internos, como Mariano Cascallares y Gabriel Katopodis. Ambos son observados como figuras capaces de tender puentes entre sectores que hoy miran con recelo cualquier definición apresurada.
Con el calendario avanzando y el margen de maniobra achicándose, el PJ bonaerense ingresa en una etapa decisiva. La reunión de la junta electoral no solo ordena el proceso formal, sino que funciona como una señal política clara: el peronismo empieza a definir su conducción y, con ella, el rumbo de una de las estructuras más influyentes del mapa político argentino. Interna o unidad, la decisión que se tome en las próximas semanas será determinante para el futuro del espacio y para el escenario electoral que se empieza a construir rumbo a 2027.






