En la antesala de las elecciones legislativas, el Gobierno consiguió un alivio financiero que parecía inalcanzable semanas atrás. Tras la eliminación temporal de las retenciones al agro, el Banco Central logró recomponer sus reservas con un ingreso de divisas que superó los USD 2.000 millones en pocos días. El dólar se estabilizó en torno a los $1.350 y la presión cambiaria cedió, aunque las dudas de los mercados permanecen intactas.
El ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo, evitó esta vez dejar caer el tipo de cambio por debajo de niveles críticos y fijó un piso de intervención. La estrategia permitió acumular dólares en un contexto en el que la fragilidad financiera había llegado a un límite. Sin embargo, la medida vino acompañada de un refuerzo de los controles: quienes accedan al dólar oficial no podrán operar en el mercado bursátil por 90 días, un cepo que busca cerrar el arbitraje que drenaba las reservas del Central.
Brecha cambiaria y costo político
La contracara de la decisión fue una ampliación de la brecha cambiaria. El dólar blue trepó a $1.440, lo que representa más de un 6% por encima del oficial. Mientras los importadores encuentran un incentivo mayor a demandar divisas baratas, los exportadores dudan en liquidar a la espera de un tipo de cambio más favorable.
El Gobierno apostó a resignar ingresos fiscales al eliminar retenciones para fortalecer al Central en la previa electoral. “Se eligió el mal menor”, reconocen en el Palacio de Hacienda, conscientes de que el margen de maniobra es limitado y que cada dólar cuenta en un octubre históricamente difícil para las reservas.
El factor externo: apoyo condicionado desde Washington
El otro dato central de la semana fue el respaldo político y económico de Estados Unidos. La administración de Donald Trump envió señales claras de acompañamiento a Javier Milei y deslizó la posibilidad de líneas de crédito, compra de bonos e incluso un swap de USD 20.000 millones.
No obstante, tanto el secretario del Tesoro, Scott Bessent, como el propio Trump condicionaron cualquier ayuda concreta al escenario electoral. El mensaje dejó entrever que el apoyo no es incondicional, lo que alimentó la cautela inversora. El efecto inicial en bonos y acciones fue positivo, pero la mejora se diluyó rápidamente y el riesgo país volvió a superar los 1.000 puntos básicos.
Elecciones y economía en recesión
Con el 26 de octubre como fecha clave, los inversores miran más las encuestas que los anuncios oficiales. Los sondeos ya no muestran a La Libertad Avanza con ventaja de dos dígitos y estiman que el techo del oficialismo ronda el 35% a nivel nacional, con derrotas previsibles en la provincia de Buenos Aires y resultados adversos en distritos claves como Córdoba y Santa Fe.
Mientras tanto, la economía real da señales de deterioro. La actividad entró en recesión y el consumo cayó un 10% respecto al inicio del año, especialmente en el conurbano bonaerense. La inflación retrocedió, pero la mejora no se refleja en el bolsillo de las familias.
Expectativas para octubre
Los analistas coinciden en que el mes electoral será de alta volatilidad. “Octubre suele ser un mes complicado para las reservas, sobre todo en años de elecciones. En 2019, sin cepo, se perdieron más de USD 4.000 millones”, advirtió el economista Pablo Moldovan.
El Gobierno logró ganar tiempo y recomponer parcialmente su posición externa, pero la incógnita central persiste: ¿cuánto durará la calma si el oficialismo no consigue un resultado electoral que convenza a los mercados?





