La madrugada del sábado se volvió interminable para los vecinos de Zárate y Campana. La lluvia comenzó como un susurro persistente, pero con el correr de las horas se transformó en un golpe constante que no dio tregua. Las calles se convirtieron en ríos y los patios de las casas desaparecieron bajo un manto marrón de agua y barro. Lo que parecía una tormenta intensa más, pronto se volvió un temporal histórico.
Las sirenas comenzaron a escucharse a media mañana. Bomberos, Defensa Civil y vecinos solidarios se movilizaron para asistir a las familias atrapadas. En algunos barrios, como Lubo y Villanueva en Campana o Villa Florida en Zárate, hubo que usar botes para rescatar a quienes no alcanzaron a salir a tiempo. El agua entró sin pedir permiso: arrasó con electrodomésticos, muebles, recuerdos.
Más de 3.000 personas fueron evacuadas, según datos oficiales. Las escuelas y clubes se transformaron en refugios improvisados. En los rostros de la gente se mezclaban el cansancio y la incertidumbre. No sabían cuándo bajaría el agua ni si podrían volver pronto a sus hogares.
La situación era tan crítica que el Servicio Meteorológico Nacional declaró la alerta roja para la región. Se esperaban más lluvias, con ráfagas y posible caída de granizo. La ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, llegó a Zárate junto a equipos de emergencia del gobierno nacional. “Estamos ante una situación límite”, advirtió el intendente Marcelo Matzkin, mientras recorría una de las zonas más afectadas.
En cada rincón de estas dos ciudades bonaerenses, la gente hacía lo que podía: algunos acarreaban bolsas de arena, otros repartían comida caliente. La solidaridad apareció como un rayo de esperanza en medio de la tormenta.
Las lluvias frenaron pero el agua tardará en irse. Pero si algo quedó claro en esta jornada difícil es que, pese al agua, el barro y la desesperación, «nadie se salva solo».
Foto: TN





