A semanas del 10 de agosto, comienzan los preparativos para una fecha que debería ir más allá de los regalos. Pensar en la infancia con derechos, juegos, afecto y comunidad es el mejor regalo que podemos ofrecer
Como cada año, agosto nos invita a mirar hacia uno de los sectores más vulnerables y, al mismo tiempo, más esperanzadores de nuestra sociedad: la infancia. El Día del Niño, que se celebrará este año el 10 de agosto, se presenta como una oportunidad para reflexionar sobre qué lugar les damos a las niñas y los niños en nuestras vidas, en nuestras políticas públicas y en nuestros afectos cotidianos.
En muchas casas, el «prepararse para el Día del Niño» suele traducirse automáticamente en comprar juguetes, buscar promociones, pensar en qué regalar. No está mal querer agasajar, pero sería triste que la fecha quede reducida al acto de consumo. ¿Qué estamos celebrando realmente? ¿Un vínculo comercial o la ternura, el juego, el acompañamiento?
En los barrios, las escuelas, las organizaciones sociales y las instituciones comunitarias ya se empieza a organizar el festejo: una merienda, una kermés, una función de títeres o una jornada de juegos al aire libre. Lejos de las góndolas, estas actividades resignifican el sentido de la celebración. No se trata solo de “dar algo”, sino de estar presentes, de ofrecer tiempo, espacios seguros y experiencias compartidas.
Este año, en un contexto económico difícil, muchas familias no podrán comprar lo que quisieran. Pero eso no debería ser motivo de frustración. Es momento de recordarnos y recordarles que el mejor regalo sigue siendo el tiempo, la escucha, el abrazo y el juego. Un rompecabezas armado juntos, una plaza visitada en familia, un cuento leído en voz alta puede valer más que el juguete más caro.
Por otro lado, el Día del Niño también interpela al Estado y a la sociedad en su conjunto. Porque no alcanza con un presente envuelto si no hay políticas que garanticen educación, salud, alimentación, juego y afecto todos los días del año. No hay infancia feliz sin condiciones dignas. Celebrar esta fecha con responsabilidad es también levantar la voz por cada niño y niña cuya vida se ve limitada por la pobreza, la violencia o el abandono.
Así, mientras en muchos hogares ya se preparan sorpresas y cartitas, también sería bueno que nos preparemos como sociedad: para abrazar, para jugar, para cuidar y para exigir. Que el Día del Niño no sea una excepción, sino una excusa más para construir una infancia plena, libre y feliz todos los días del año.
Foto: Equipo de Enciclopedia Significados






