El 12 de marzo de 2025, una masiva protesta de jubilados tuvo lugar frente al Congreso Nacional en Buenos Aires, con el objetivo de manifestarse contra las políticas económicas del presidente Javier Milei. La marcha, que comenzó pacíficamente, rápidamente se tornó en un enfrentamiento violento entre los manifestantes y las fuerzas de seguridad.
Causas y contexto de la protesta
La protesta fue organizada por grupos de jubilados que demandaban una mejora en los haberes jubilatorios, un ajuste a las pensiones que muchos consideran insuficiente ante la alta inflación y la creciente precarización de la vida en el país. Además, los manifestantes exigían políticas más justas y efectivas en relación a la distribución de la riqueza, señalando el ajuste en los recursos destinados a las pensiones y la difícil situación económica de las personas mayores. La movilización se sintió como una respuesta directa al ajuste económico implementado por el gobierno de Milei, cuyos recortes en diversos sectores de la economía fueron altamente criticados por organizaciones sociales y partidos de oposición.
La marcha fue masivamente acompañada por sectores sindicales, asociaciones políticas y, de forma sorpresiva, grupos de hinchas de fútbol, lo que sumó una dosis de tensión y aumentó la magnitud del evento. Las manifestaciones incluyeron pancartas, banderas, y consignas que reflejaban una amplia crítica no solo a las políticas del gobierno de Milei, sino también a la situación de abandono que los jubilados consideran que han sufrido durante los últimos años.

La represión y los disturbios
La manifestación, que en sus primeras horas había sido una concentración pacífica, dio paso a enfrentamientos violentos cuando las fuerzas de seguridad intervinieron. La Policía de la Ciudad de Buenos Aires, en un intento por dispersar a los manifestantes, utilizó gases lacrimógenos, balas de goma y camiones hidrantes. Esta represión generó un clima de tensión y caos en la zona, ya que muchos de los asistentes respondieron arrojando piedras y objetos. La situación se intensificó debido a la presencia de grupos de barras bravas, que colaboraron activamente en los choques con las autoridades.
Como resultado de los disturbios, se registraron al menos 46 heridos, incluidos varios manifestantes y efectivos de seguridad, así como el fotógrafo Pablo Grillo, quien sufrió una fractura de cráneo producto de un impacto de gas lacrimógeno. La Policía detuvo a más de 120 personas, aunque la mayoría fue liberada al día siguiente tras pasar por el proceso de identificación.
Tensiones políticas
El desenlace de los hechos ha tenido fuertes repercusiones políticas. El gobierno de Javier Milei ha acusado a sectores del kirchnerismo y grupos de izquierda de utilizar la protesta como una fachada para desestabilizar al gobierno e incluso promover un golpe de Estado. Según la versión oficial, el gobierno sostiene que los disturbios fueron orquestados con fines políticos, y en particular, cuestiona la actitud de la jueza Karina Andrade, quien ordenó la liberación de los detenidos, calificando su decisión de “polémica”. La ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, ha insinuado que los detenidos podrían enfrentarse a penas de hasta 20 años de prisión bajo la nueva legislación antimafia.
Por otro lado, los partidos de oposición y diversas organizaciones sociales han condenado la violencia utilizada por las fuerzas de seguridad y han manifestado que las demandas de los jubilados deben ser atendidas con urgencia. La manifestación también se ha convertido en un símbolo de la creciente desconformidad social frente a las políticas neoliberales implementadas por el gobierno de Milei, que en muchos casos no son vistas como efectivas para resolver la crisis económica que vive el país.
El clamor de los manifestantes
A pesar de la represión, los jubilados han mantenido su postura firme, reafirmando su lucha por una pensión digna y la mejora de sus condiciones de vida. Los manifestantes advirtieron que, si no obtienen respuestas satisfactorias, volverán a las calles en nuevas movilizaciones en las próximas semanas.

Impacto social
Además de los enfrentamientos directos, la protesta generó un profundo malestar en muchos sectores de la sociedad, especialmente entre los vecinos del barrio de Congreso, quienes fueron testigos de los disturbios. Se produjeron también cacerolazos en distintos puntos de la ciudad, manifestaciones de rechazo tanto a la represión como a la situación económica que afecta a los más vulnerables.
Este episodio ha dejado una huella importante en la política argentina, no solo por los disturbios ocurridos, sino también por las tensiones sociales y políticas que ha desatado. La protesta de los jubilados ha puesto en evidencia la profunda crisis económica y social que enfrenta el país, mientras que la represión y la respuesta gubernamental subrayan la polarización política en Argentina. Con la aprobación de leyes antimafia y la acusación de un supuesto golpe de Estado, el conflicto parece lejos de resolverse, y las próximas semanas podrían traer nuevos capítulos en esta saga de luchas sociales y políticas.






