La propuesta de Máximo Kirchner de que Axel Kicillof asuma la presidencia del Partido Justicialista bonaerense reconfigura alianzas, activa resistencias en el Movimiento Derecho al Futuro y proyecta el tablero político hacia 2027.
La política bonaerense atraviesa un momento de alta tensión y reacomodamiento. La posibilidad concreta de que Axel Kicillof se convierta en el próximo presidente del PJ provincial, impulsada por el propio Máximo Kirchner, ha alterado los cálculos internos del peronismo. La decisión, más allá de ocupar un cargo partidario, redefine la relación entre el gobernador y el kirchnerismo, al tiempo que marca su proyección hacia los próximos comicios nacionales.
En el Movimiento Derecho al Futuro (MDF), espacio que se identifica con Kicillof, la expectativa original era distinta: se trabajaba con la hipótesis de una interna partidaria que permitiera disputar la conducción del PJ. Se habían reunido avales en las ocho secciones electorales y la logística estaba lista para el 15 de marzo. Sin embargo, la falta de consenso sobre los nombres adecuados y la propuesta del titular actual del partido terminaron por inclinar la balanza hacia un escenario de unidad formal: que Kicillof presida el PJ sin necesidad de elección interna.
La medida generó un vendaval de reacciones. Intendentes del interior provincial y referentes territoriales interpretan la jugada como un intento de desgaste de La Cámpora hacia la proyección política del gobernador, y algunos manifestaron públicamente su rechazo. La frase “no debería aceptar”, pronunciada por Gustavo Barrera, intendente de Villa Gesell, resumió la sensación de un sector que percibe riesgos estratégicos.
El dilema del MDF: liderazgo partidario o proyección nacional
Dentro del entorno más cercano a Kicillof, la decisión se maneja con el hermetismo de siempre. Pocas personas participan en estas definiciones, y todas coinciden en un punto: la decisión final será del gobernador. Este escenario no es nuevo: el desdoblamiento electoral, el armado de listas y la negociación con el kirchnerismo ya pusieron a prueba su capacidad de maniobra.
El debate central del MDF gira en torno a dos perspectivas:
- Quienes consideran que presidir el PJ bonaerense es un riesgo: sostienen que involucrarse en la interna podría distraer a Kicillof de objetivos más amplios. La prioridad sería construir una figura nacional, recorrer el país y consolidar un perfil con proyección federal para disputar 2027.
- Quienes defienden la presidencia del PJ como oportunidad: argumentan que controlar el partido más grande de Argentina asegura estructura, recursos y disciplina interna, fundamentales para liderar un proyecto opositivo sólido.
Esta tensión interna explica las señales contradictorias en los últimos días. Mientras algunos intendentes avanzaban con el armado de listas y avales para la interna, la posibilidad de una proclamación en unidad comenzó a ganar terreno, desactivando parcialmente la confrontación.
Los nombres en danza y las resistencias cruzadas
Antes de que Kicillof emergiera como opción de consenso, circularon varios nombres que hoy parecen perder fuerza:
- Verónica Magario, vicegobernadora, contaba con el respaldo del conurbano y había comenzado a tejer una red territorial para ir “por la herramienta del PJ”. Sin embargo, su candidatura no logró convencer al kirchnerismo, que sigue evaluando disputas internas pendientes en el Senado y en la Secretaría Administrativa.
- Mariel Fernández, intendenta de Moreno, se convirtió en una alternativa frente a Magario. Su argumento: la vicegobernadora no representa un nombre de síntesis. Fernández intensificó recorridas por la provincia, buscando consolidar su candidatura para la presidencia del PJ.
- Federico Otermín, intendente de Lomas de Zamora, fue considerado por algunos sectores como un puente entre Kicillof y La Cámpora. Sin embargo, su condición de jefe comunal en primera gestión y su vinculación cercana al kirchnerismo jugaron en contra de una candidatura fuerte.
La falta de consenso terminó allanando el camino para la opción que hoy domina el debate: que Kicillof asuma la presidencia del PJ bonaerense. La movida del líder de La Cámpora busca garantizar unidad formal, evitar la interna y ofrecer al gobernador una estructura estratégica para proyectarse hacia 2027.
La jugada de Máximo Kirchner y los desafíos que vienen
La acción de Máximo Kirchner no fue improvisada. Se produjo en un contexto donde las bases del MDF avanzaban con el armado formal de listas y avales para una interna. El impacto fue inmediato: algunos dirigentes minimizaron la jugada, recordando que varias de las iniciativas del kirchnerismo en el pasado reciente no prosperaron; otros, en cambio, admiten que la presión para aceptar es fuerte.
Desde La Cámpora sostienen que no hay mejor estructura para disputar la presidencia en 2027 que el PJ bonaerense. Controlar el partido en la provincia más poblada del país permite ordenar candidaturas, recursos y estrategias, y consolidar a Kicillof como figura central de la oposición.
Sin embargo, la decisión conlleva riesgos. Presidir el PJ implica gestionar tensiones internas históricas y exponerse a posibles desgastes que hasta ahora Kicillof ha logrado esquivar. Rechazar el cargo, en cambio, podría interpretarse como un gesto de autonomía excesiva o como negativa a conducir un proceso de unidad que el peronismo necesita.
Elementos clave que marcarán la decisión:
- La necesidad de mantener la unidad del MDF frente al kirchnerismo.
- La proyección nacional de Kicillof hacia 2027.
- La consolidación del control territorial y partidario en la provincia de Buenos Aires.
- La relación con intendentes del interior y sectores estratégicos del conurbano.
El fin de semana aparece como punto de inflexión. Tal como ocurrió con el desdoblamiento electoral o las listas en secciones estratégicas, la decisión podría anunciarse sin mayores preámbulos. La definición marcará no solo el rumbo del PJ bonaerense, sino también el lugar de Kicillof en el tablero político nacional.
¿Qué significa esta decisión para 2027?
Aceptar la presidencia del PJ no es solo un gesto partidario: es un paso estratégico que puede determinar la capacidad de Kicillof de liderar un proyecto opositor sólido frente a Milei y otros actores emergentes. Desde la mirada de algunos intendentes, esta decisión es un doble filo: fortalece estructura, pero expone a tensiones internas.
La lectura de los próximos meses será clave: la manera en que Kicillof articule con el kirchnerismo, con intendentes del interior y con la vicegobernadora Magario marcará la consolidación de su liderazgo bonaerense y, por extensión, su posicionamiento nacional.
En la política argentina, los movimientos más pequeños suelen tener consecuencias de largo alcance. La posible presidencia de Kicillof al frente del PJ bonaerense es un ejemplo de cómo un cargo formal puede convertirse en plataforma de poder, escenario de negociación y campo de pruebas para la próxima elección presidencial.





