Las producciones nacionales recientes brillan en festivales internacionales, mientras enfrentan recortes que amenazan su sostenibilidad
En un contexto de recortes presupuestarios y dificultades económicas, el cine argentino continúa produciendo obras de alto nivel artístico que cosechan premios en el exterior. Sin embargo, esta vitalidad creativa contrasta con una industria golpeada por la reducción de subsidios estatales, lo que ha encendido las alarmas entre cineastas y trabajadores del sector.
Una de las películas más destacadas del último tiempo es Simón de la montaña (2024), dirigida por Federico Luis. La cinta, una coproducción entre Argentina, Chile y Uruguay, fue seleccionada en la Semana de la Crítica de Cannes y premiada en el Festival de San Sebastián. Narra la historia de Simón, un joven con discapacidad intelectual que intenta formar parte de un grupo de adolescentes. Según el medio especializado Cineuropa, la película “desafía los estigmas con ternura y honestidad” (Cineuropa, 2024).
También en el circuito internacional brilló El mensaje (2025), del director Iván Fund. Presentada en la Berlinale, la obra ganó el Oso de Plata gracias a su propuesta poética y minimalista. El film retrata la vida de una niña que se comunica con animales y reflexiona sobre la necesidad de creer en lo invisible, en un entorno marcado por el trauma. Fund afirmó en una entrevista con Variety que su intención era “construir una fábula desde lo íntimo, que también dialogara con la realidad social del país” (Variety, 2025).
El género de terror también vive un momento de auge. Cuando acecha la maldad (2023), de Demián Rugna, se convirtió en la película de terror argentina más vista de la historia y obtuvo un 98% de aprobación en Rotten Tomatoes. Con una narrativa cruda y despojada, la película sorprendió al público y la crítica, siendo galardonada en el Festival de Sitges. En declaraciones al portal IndieWire, Rugna expresó: “Quería romper con las fórmulas del terror clásico y contar algo que doliera” (IndieWire, 2023).
Otro estreno que combina horror con memoria histórica es 1978 (2024), dirigida por los hermanos Onetti. Ambientada durante la última dictadura militar, la película retrata a un grupo de represores que secuestran jóvenes sin saber que pertenecen a una secta siniestra. La crítica la ha calificado como “una fusión inquietante entre política y cine de género” (Página/12, 2024).
En el plano del drama social, La llegada del hijo (2025), de Cecilia Atán y Valeria Pivato, fue bien recibida en el Festival de San Sebastián. El film narra el reencuentro entre una madre y su hijo tras años separados por un crimen juvenil. En entrevista con Cadena SER, las directoras alertaron sobre la situación del cine nacional: “Hacer cine en Argentina hoy es un acto de resistencia. Nos estamos convirtiendo en un artículo de lujo”, (Cadena SER).
Por otro lado, Mazel Tov (2025), dirigida y protagonizada por Adrián Suar, ofrece una mirada más liviana con tintes de comedia dramática. La historia gira en torno a cuatro hermanos que se reencuentran tras la muerte de su padre. La película se convirtió en la producción nacional más taquillera del año, lo que evidencia el interés del público cuando se trata de propuestas accesibles y bien distribuidas (La Nación, 2025).
Sin embargo, los números generales son preocupantes. Según datos del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA), en 2024 se estrenaron 224 películas nacionales, pero apenas 94 superaron las mil entradas vendidas. Un informe de La Nación reveló que las películas argentinas convocaron menos de 800.000 espectadores en total, una caída significativa frente a años anteriores (La Nación).
La combinación de recortes presupuestarios, menor inversión estatal y el aumento de costos ha generado una situación crítica. Diversos sectores de la industria audiovisual exigen una respuesta urgente para garantizar la continuidad del cine nacional.
Mientras tanto, los directores, actores y productores siguen apostando por contar historias que reflejan la identidad, los conflictos y los sueños de un país que, a pesar de todo, sigue mirando hacia la pantalla grande.






