El cierre de listas para las elecciones legislativas bonaerenses, que vence esta medianoche, expone una de las mayores crisis internas que enfrenta el PRO desde su conformación: ya son cuatro los intendentes del partido que decidieron desmarcarse del acuerdo alcanzado por Cristian Ritondo y Diego Santilli con La Libertad Avanza en la provincia de Buenos Aires. Mientras tanto, el espacio libertario avanza con una estrategia clara: erosionar al PRO desde adentro, desarticulando su estructura territorial y captando a sus principales figuras.
El último en sumarse a la lista de intendentes rebeldes fue Pablo Petracca, jefe comunal de Junín y dirigente cercano a Jorge Macri. Petracca hizo pública su decisión a través de un comunicado en el que expresó su rechazo a la alianza con los libertarios, aunque aclaró que seguirá dentro del PRO. Paralelamente, abrió una vía de diálogo con el nuevo frente opositor “Somos Buenos Aires”, integrado por el radicalismo, la Coalición Cívica y el GEN.
En su mensaje, Petracca sostuvo que seguirá defendiendo “los años de gestión, esfuerzo y compromiso” y llamó a sostener una representación política “responsable, con valores claros y con vocación de futuro”. La frase fue interpretada como una crítica directa al entendimiento con La Libertad Avanza, que para muchos dirigentes del PRO significa una cesión de principios en pos de un pragmatismo electoral que puede terminar debilitando al partido.
Antes de Petracca, otros tres intendentes habían tomado el mismo camino: Javier Martínez (Pergamino), María José Gentile (9 de Julio) y Diego Reyes (Puan). Ninguno de ellos rompió formalmente con el PRO, pero todos se alejaron de las listas promovidas por Ritondo y Santilli en coordinación con el oficialismo nacional. En todos los casos, los jefes comunales manifestaron su preocupación por la identidad partidaria y por el rumbo político que se está tomando en el armado bonaerense.
En paralelo a estas fugas, La Libertad Avanza continúa desplegando una estrategia que apunta a debilitar al PRO desde sus bases. Consciente de su falta de estructura territorial en la provincia, el espacio liderado por Javier Milei apuesta a establecer alianzas puntuales con figuras del macrismo que les permitan ganar presencia local sin tener que construir cuadros propios. Este mecanismo no sólo les da acceso a intendencias y concejos deliberantes, sino que también fractura al PRO, obligándolo a enfrentar divisiones internas y cuestionamientos a su conducción.
Desde el entorno de Milei, se interpreta esta táctica como una “reorganización natural del mapa político”, en el que las viejas coaliciones dan paso a nuevos agrupamientos ideológicos. Sin embargo, dentro del PRO, muchos ven con preocupación lo que consideran una estrategia de cooptación política disfrazada de alianza. Para algunos dirigentes, la libertad que Ritondo y Santilli otorgaron al armado conjunto con LLA podría significar la pérdida del control político en distritos clave y la dilución del perfil partidario.
El escenario que deja esta tensión es incierto. Mientras algunos sectores del PRO creen que es necesario aggiornarse y acercarse al electorado libertario para no quedar relegados, otros sostienen que hay que defender la historia del partido y priorizar los acuerdos dentro de Juntos por el Cambio. La salida de intendentes y el crecimiento de alternativas como Somos Buenos Aires ponen en evidencia que la disputa ya no es sólo electoral, sino también identitaria.
De fondo, la provincia de Buenos Aires se convierte en el principal campo de batalla donde se juega el futuro del PRO. Lo que hasta hace poco era una fuerza cohesionada y con proyección nacional, hoy aparece atravesada por fracturas internas, alianzas cruzadas y una estrategia libertaria que apunta a disputarle no solo votos, sino también dirigentes, territorios y relato.






