La carrera electoral hacia 2027 comenzó a instalarse en la agenda política argentina mucho antes de que estén definidas las candidaturas. En la Casa Rosada y en las provincias ya se analizan posibles acuerdos, alianzas y escenarios que podrían determinar el futuro del Gobierno de Javier Milei y la composición del poder político durante los próximos años.
En ese contexto, un sector de los gobernadores comenzó a impulsar una idea que podría modificar el tablero electoral: convocar a una gran mesa política que reúna a dirigentes identificados con una posición contraria al kirchnerismo y permita encontrar puntos de coincidencia de cara a las próximas elecciones presidenciales.
La propuesta todavía no representa una alianza formal ni cuenta con el respaldo de todos los mandatarios provinciales. Sin embargo, su aparición revela una preocupación que atraviesa a buena parte de la dirigencia: qué sucederá si el peronismo-kirchnerista consigue reorganizarse y llega a 2027 con una candidatura competitiva.
El planteo también expone una tensión dentro del vínculo entre la Casa Rosada y los gobernadores.
Mientras el Gobierno necesita sostener acuerdos parlamentarios para avanzar con sus proyectos, los mandatarios provinciales buscan preservar autonomía y evitar quedar atados anticipadamente a una estrategia electoral nacional.
La última sesión del Senado funcionó como una señal de alerta. Algunos dirigentes que hasta ahora habían acompañado iniciativas del oficialismo marcaron diferencias en cuestiones sensibles y dejaron en evidencia que los acuerdos alcanzados durante la primera etapa de la gestión de Milei no necesariamente se trasladarán automáticamente al escenario electoral.
El Congreso se convirtió en el primer escenario de la pelea por 2027
La discusión por las elecciones de 2027 comenzó a influir en las decisiones que se toman en el Congreso. Las votaciones ya no son observadas únicamente por su impacto institucional o económico, sino también por las consecuencias que pueden generar en las relaciones entre el Gobierno nacional y las provincias.
La reciente discusión sobre la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada mostró justamente esa complejidad. El oficialismo tuvo que negociar modificaciones y enfrentó diferencias con dirigentes provinciales que, en otros momentos, habían demostrado predisposición para acompañar sus iniciativas.
Entre los mandatarios que expresaron reparos aparecieron Osvaldo Jaldo, de Tucumán; Rolando Figueroa, de Neuquén; y Gustavo Sáenz, de Salta. También hubo diferencias desde Misiones y Catamarca.
El dato político más relevante no está solamente en cómo votó cada legislador, sino en lo que esas posiciones representan para el futuro vínculo entre Nación y provincias.
Los gobernadores saben que todavía falta mucho para las elecciones presidenciales de 2027, pero también entienden que las decisiones que tomen durante los próximos meses pueden determinar su posición negociadora cuando llegue el momento de definir alianzas.
Para el Gobierno de Javier Milei, el desafío consiste en evitar que las diferencias parlamentarias se conviertan en una ruptura política.
La llegada de Diego Santilli a la Jefatura de Gabinete es observada con atención en ese escenario. El funcionario mantiene vínculos con distintos dirigentes provinciales y es considerado un interlocutor con capacidad para reconstruir canales de diálogo con sectores que no necesariamente forman parte del núcleo duro de La Libertad Avanza.
Ese rol será clave.
La Casa Rosada necesita garantizar gobernabilidad y votos en el Congreso, pero también debe evitar que los gobernadores interpreten cualquier negociación como una obligación de alinearse electoralmente con el oficialismo.
La diferencia es importante porque muchos mandatarios tienen sus propias estructuras políticas y deben responder ante electorados provinciales con intereses que no siempre coinciden con las prioridades nacionales.
Por eso, el escenario de 2027 empieza a transformar las negociaciones legislativas en una disputa mucho más amplia por el poder.
La gran mesa antikirchnerista que algunos gobernadores quieren construir
En medio de esta situación comenzó a tomar fuerza entre algunos gobernadores la posibilidad de convocar a una mesa política amplia. La intención sería reunir a dirigentes de diferentes espacios que compartan una mirada común sobre determinados aspectos del rumbo que debería seguir la Argentina.
El objetivo inicial no sería definir candidatos.
Tampoco se buscaría anunciar una coalición electoral de manera inmediata.
La idea consiste en mostrar que existe un espacio político capaz de reunir a sectores que, pese a sus diferencias, coinciden en evitar una eventual reconstrucción del kirchnerismo como principal alternativa al Gobierno de Milei.
La iniciativa puede incluir a dirigentes provinciales, sectores del oficialismo, representantes de fuerzas de centro y otros espacios que durante los últimos años mantuvieron posiciones críticas frente al kirchnerismo.
El planteo tiene una explicación electoral concreta.
Si el peronismo consigue reorganizarse y presenta una candidatura competitiva en 2027, la dispersión de los sectores no kirchneristas podría convertirse en un problema. Una elección con múltiples candidatos podría fragmentar el voto y modificar sustancialmente las posibilidades de cada espacio.
Por eso, algunos gobernadores consideran que es necesario comenzar a discutir coincidencias antes de que las candidaturas ocupen toda la agenda.
La propuesta también tiene una dimensión económica.
Quienes impulsan una convocatoria amplia creen que una señal política de unidad podría aportar mayor previsibilidad frente a los mercados y los sectores productivos. La intención sería transmitir que, independientemente de las diferencias electorales, existe un conjunto de dirigentes dispuesto a sostener determinadas reglas institucionales y económicas.
En la Casa Rosada, sin embargo, no todos consideran conveniente avanzar ahora con una reunión de esas características.
El oficialismo prefiere continuar con negociaciones individuales. La explicación es que todavía existen acuerdos pendientes con cada provincia y que una cumbre general podría hacer visibles diferencias que, mediante conversaciones bilaterales, todavía pueden resolverse.
La estrategia consiste en cerrar primero los entendimientos y realizar después una convocatoria más amplia.
Ese mecanismo también permite a Milei conservar mayor margen de maniobra. Una mesa con todos los gobernadores obligaría al Gobierno a negociar públicamente con dirigentes que tienen intereses diferentes y que podrían aprovechar la exposición para marcar sus propias posiciones.
El problema es que el tiempo político juega en contra de todos.
Aunque las elecciones de 2027 parecen lejanas, las decisiones partidarias comienzan a construirse con anticipación. Los gobernadores necesitan definir alianzas, fortalecer sus territorios y evaluar quiénes pueden convertirse en sus socios nacionales.
Milei enfrenta una prueba clave: sostener a los aliados y recuperar iniciativa política
La principal incógnita para el Gobierno es si las diferencias recientes representan episodios aislados o anticipan una etapa de mayor autonomía por parte de los gobernadores.
En la Casa Rosada sostienen que no existe una ruptura con los mandatarios provinciales. La lectura oficial es que cada votación responde a circunstancias particulares y que los intereses de una provincia pueden llevar a un gobernador a tomar distancia de una determinada iniciativa sin que eso implique un cambio definitivo en su relación con el Presidente.
Pero también existe una preocupación.
Si los desacuerdos comienzan a repetirse en proyectos considerados estratégicos, la capacidad de negociación del Ejecutivo podría quedar afectada.
El problema no sería solamente legislativo. Una menor capacidad para construir acuerdos con las provincias puede complicar negociaciones relacionadas con infraestructura, recursos, obras públicas y otras políticas que requieren coordinación entre Nación y los gobiernos provinciales.
La próxima visita de Diego Santilli y Luis Caputo a Catamarca será observada precisamente bajo esa lógica. El viaje tendrá lugar en un contexto de conversaciones políticas y después de diferencias expresadas por representantes de esa provincia durante la discusión legislativa.
El gobernador Raúl Jalil aparece como una figura relevante dentro del esquema de mandatarios que mantuvieron canales de diálogo con Milei. Para el oficialismo, las diferencias recientes pueden ser parte de una negociación coyuntural y no necesariamente anticipan un alejamiento definitivo.
Ese diagnóstico será determinante.
Si la Casa Rosada logra recomponer el vínculo con los gobernadores, el Gobierno podría llegar a los próximos meses con mayor capacidad para negociar sus principales proyectos y comenzar a ordenar su estrategia electoral.
Si eso no ocurre, los mandatarios tendrán incentivos para avanzar en una construcción propia.
La aparición de una gran mesa antikirchnerista podría convertirse entonces en algo más que una conversación preliminar. Podría transformarse en el primer paso hacia una coalición capaz de disputar el poder en 2027.
Para Javier Milei, el escenario plantea una paradoja. El Presidente necesita ampliar su base política para fortalecer su Gobierno, pero cuanto más amplia sea la coalición que construya, mayores serán las demandas de los aliados y menor será su capacidad de imponer unilateralmente la agenda.
Los gobernadores, por su parte, buscan exactamente lo contrario: aumentar su poder de negociación sin quedar subordinados a la Casa Rosada.
En ese equilibrio se jugará buena parte de la política argentina durante los próximos meses.
La elección de 2027 todavía está lejos y las candidaturas seguramente atravesarán múltiples cambios. Sin embargo, una cuestión ya comenzó a quedar clara: la disputa presidencial no esperará al calendario electoral para comenzar.El Gobierno de Milei deberá decidir cómo administrar la relación con los gobernadores, mientras que las provincias deberán resolver si les conviene profundizar su alianza con el oficialismo o avanzar hacia una construcción política más amplia.La posibilidad de una gran mesa antikirchnerista aparece, por ahora, como una propuesta en discusión. Pero su sola existencia muestra que el escenario político comenzó a moverse.Si el peronismo logra recuperar competitividad, si La Libertad Avanza consolida su estructura nacional y si los gobernadores consiguen coordinar posiciones, el mapa electoral de 2027 podría ser muy diferente al que hoy anticipan las encuestas y los partidos.La batalla recién comienza, pero los primeros movimientos ya están sobre la mesa.




