En la política, la confianza y la responsabilidad son pilares fundamentales para mantener el vínculo entre gobernantes y gobernados. Sin embargo, cuando esos pilares se quiebran, la credibilidad se derrumba y la gestión pública se vuelve insostenible. La reciente y bochornosa polémica que involucra a Susana Zenteno, intendenta de Valle Viejo, es un claro ejemplo de esta realidad que afecta no solo a un municipio, sino que repercute en la percepción de toda la provincia de Catamarca.
Zenteno solicitó licencia médica por “enfermedad” días antes del 25 de Mayo, una fecha patria que representa el compromiso y la memoria histórica de nuestra nación. Sin embargo, esa justificación se desplomó cuando una fotografía publicada en la cuenta de Instagram de una de sus hijas mostró a ambas disfrutando de unas vacaciones en una playa del Caribe, específicamente en República Dominicana. Esta flagrante contradicción no solo evidencia una falta de respeto hacia los vecinos y hacia la propia institucionalidad, sino que también representa una mentira directa y una conducta inaceptable para quien ocupa un cargo público.
Más allá de este hecho puntual, la gestión de Zenteno está atravesada por múltiples denuncias que ponen en jaque su capacidad de liderazgo y compromiso. Los vecinos de Valle Viejo han denunciado el cierre de postas sanitarias que son esenciales para la salud comunitaria, una recolección de residuos deficiente que afecta la higiene y calidad de vida, y la ausencia de políticas claras y efectivas en materia de seguridad, educación y cultura. Estos problemas estructurales se agravan por la falta de transparencia en la administración municipal, algo que contraviene lo establecido en la Carta Orgánica Municipal y que debería ser la base de toda gestión pública responsable.
La “acefalia institucional” que generó la ausencia no justificada de la intendenta, sin una comunicación clara ni coordinación con el Concejo Deliberante, refleja un grave desorden administrativo. La gestión municipal requiere continuidad y compromiso, especialmente en momentos donde la sociedad demanda respuestas y soluciones concretas a problemas cotidianos. La falta de liderazgo no solo paraliza la administración, sino que profundiza la desconfianza y el desencanto popular.
Es fundamental entender que el rol de un intendente es mucho más que estar presente en actos protocolares; implica un compromiso ético y profesional permanente con la comunidad, la capacidad de gestionar eficazmente y de rendir cuentas. La mentira y el ocultamiento no pueden formar parte de la agenda política. En tiempos donde la ciudadanía exige cada vez más transparencia, hechos como los protagonizados por Susana Zenteno dañan profundamente la relación entre gobernantes y gobernados.
Desde el oficialismo local, los intentos de justificar la conducta de la intendenta no alcanzan a mitigar el daño ocasionado. La política debe basarse en la honestidad, el respeto y la dedicación, valores que en este caso quedaron gravemente comprometidos.
Valle Viejo merece un gobierno serio, responsable y comprometido con el bienestar de sus habitantes. La comunidad está alerta y ha manifestado su exigencia de respuestas claras y acciones concretas, incluyendo la solicitud formal de un juicio político. Este reclamo no es solo una reacción puntual, sino un llamado a que la gestión municipal se conduzca con la ética y el profesionalismo que la ciudadanía merece.
Este episodio es mucho más que una ausencia injustificada en un acto simbólico; es la expresión visible de una crisis institucional que pone en riesgo la gobernabilidad y el desarrollo local. La responsabilidad política no se toma vacaciones ni se escuda detrás de mentiras; exige presencia constante, transparencia y compromiso inquebrantable con el interés público.
En conclusión, Susana Zenteno debe responder no solo ante las instituciones, sino principalmente ante su pueblo. La sociedad de Valle Viejo y Catamarca no puede ni debe tolerar estas conductas que socavan la confianza y afectan la calidad de vida de sus ciudadanos. Es momento de exigir una gestión pública a la altura de las necesidades y expectativas de la comunidad, basada en la ética, la transparencia y la responsabilidad.
La bochornosa mentira que intentó encubrir una ausencia injustificada debe ser el punto de partida para un cambio profundo en la forma de gobernar. Porque, en definitiva, la política es un servicio, no un privilegio, y la ciudadanía merece gobernantes que respeten y honren ese compromiso.







