SEAMSE y la caja del Área Metropolitana
En los últimos meses volvió a quedar expuesto un entramado de relaciones que conecta al fútbol, operadores financieros, gobernadores, exfuncionarios y administradores de cajas públicas. Dentro de esa red aparece SEAMSE, la empresa estatal encargada de los residuos del Conurbano, una de las cajas más grandes y silenciosas del Estado. Su manejo es estratégico: involucra a Nación, Provincia y Ciudad, y mueve cifras millonarias en contratos, equipamiento, transporte y disposición final. Lo más llamativo es que quien preside esta estructura es Claudio “Chiqui” Tapia, el mismo dirigente que controla la AFA y que, a través de SEAMSE, administra un flujo económico que trasciende lo ambiental para convertirse en un punto de poder político y financiero. La relación de Tapia con sectores vinculados a Axel Kicillof nunca fue del todo clara, y el ecosistema que rodea a SEAMSE —proveedores, transportistas, sindicatos y operadores— permite comprender por qué su control es un activo de alto valor.
La AFA como territorio político
Ese poder paralelo también se expresa en la organización del fútbol. La polémica entrega de una copa improvisada a Rosario Central fue apenas un síntoma de un sistema donde las decisiones se toman más en función de los alineamientos que de las normas. Las sanciones desiguales, la discrecionalidad arbitral y la falta de criterios homogéneos forman parte de un modo de conducción que hace tiempo dejó de ser estrictamente deportivo. En este escenario ganó relevancia la relación entre el tesorero de la AFA y el gobernador Gerardo Zamora, un vínculo que excede lo institucional y que beneficia, de manera directa o indirecta, a Central Córdoba de Santiago del Estero. En una provincia donde el poder se ejerce con verticalidad casi absoluta, el fútbol funciona como un instrumento para proyectar influencia nacional, atraer recursos y asegurarse presencia dentro de una AFA donde los favores se negocian como parte del juego político.
El círculo financiero y la continuidad de las prácticas opacas
En paralelo, el mundo de las finanzas aparece articulado con esta red a través de nombres conocidos en el mercado cambiario. Sur Finanzas y operadores vinculados a la compra y venta de dólares alternativos integran un ecosistema que, según fuentes del sector, se movió siempre entre la frontera legal y el arbitraje informal. Allí aparece Hernán Tobillino, un operador con vínculos tanto en el ascenso del fútbol como en circuitos ligados al BCRA y al Tesoro. Durante la administración de Alberto Fernández, varias investigaciones apuntaron a mecanismos de triangulación y acceso diferencial al mercado oficial, operaciones que algunos sostienen que continuaron de manera disimulada en etapas posteriores. Lo que emerge es un patrón: una estructura financiera que se alimenta de información privilegiada, conexiones políticas y oportunidades que aparecen cuando los controles institucionales se relajan.
Zamora, los clubes y el misterio santiagueño
Dentro de este mapa, el caso de Santiago del Estero ocupa un lugar particular. La alianza entre el tesorero de la AFA y el gobernador Zamora genera preguntas que van más allá del fútbol. No hay expedientes concretos que revelen irregularidades, pero sí un contexto donde los movimientos económicos, los aportes de campaña, la financiación de obras deportivas y los favores administrativos se cruzan en un mismo plano. En el ámbito dirigencial se habla desde hace años de un “misterio” santiagueño: cómo una provincia con relativamente pocos recursos logró posicionarse como un actor clave en la política del fútbol nacional. La respuesta apunta a un entramado donde se mezclan gestión territorial, financiamiento público y alianzas estratégicas en Buenos Aires.
Mafias, vacío político y el nuevo orden del poder real
Todo esto se agrava en un contexto donde los partidos políticos perdieron densidad, estructura y capacidad de conducción nacional. La debilidad del sistema tradicional dio lugar a la expansión de mafias de distinto tipo: del fútbol, del narcotráfico, del negocio del tabaco y de sectores que encontraron en el repliegue estatal una oportunidad para ocupar espacios. En muchos casos, estos grupos ya no actúan en la sombra; operan en zonas donde la política retrocedió, administran recursos que antes dependían del Estado y negocian directamente con gobernadores, intendentes o autoridades de organismos estratégicos. La disolución del orden partidario dejó un vacío que fue ocupado por actores que hace una década no hubieran tenido acceso a la toma de decisiones.
El tejido que conecta todo
La articulación entre Tapia, Zamora, Massa, Tobillino, Sur Finanzas, SEAMSE, la AFA, el BCRA y el Tesoro no debe leerse como una conspiración centralizada, sino como una red fluida donde cada actor ocupa un rol funcional. El fútbol provee legitimidad y llegada territorial; SEAMSE aporta recursos; las sociedades de bolsa ofrecen movilidad financiera; los gobernadores aportan estructura política; y la debilidad institucional hace el resto. Es así como se sostiene un sistema que opera con lógicas propias, que no necesita de una mesa formal de coordinación y que se mantiene gracias al pacto tácito entre quienes se benefician. La incógnita es si este entramado podrá continuar sin tensiones o si alguno de sus eslabones terminará rompiéndose cuando el clima político o económico exija responsabilidades que nadie parece dispuesto a asumir.





