Con las elecciones generales a la vuelta de la esquina, en la Casa Rosada ya se piensa en el día después. Javier Milei evalúa un relanzamiento de la gestión y todo indica que ese proceso vendrá acompañado de una fuerte reestructuración del Gabinete. La incógnita pasa por los nombres que quedarán dentro, los que se irán y, sobre todo, por el rumbo político que marcará el Presidente en esta nueva etapa.
Un gobierno en resistencia y con cuentas pendientes
El oficialismo atraviesa un momento de debilidad: perdió terreno en las legislativas y las mayorías necesarias en el Congreso están lejos de ser alcanzadas. La estrategia inmediata es sostener un bloque que permita frenar vetos opositores, pero aún así Milei no consigue los números para aprobar reformas de fondo, como la laboral o la tributaria. En ese marco, la composición del futuro Gabinete aparece como una señal clave hacia adentro y hacia afuera.
En Balcarce 50 reconocen que el Presidente ya no piensa solo en nombres: también baraja la posibilidad de rediseñar el esquema de ministerios. Altos funcionarios coinciden en que se viene una “reconfiguración” más profunda que un simple recambio de figuras.
Salidas confirmadas: Bullrich, Petri y Cúneo Libarona
Entre las bajas ya definidas aparecen tres ministros de peso. Patricia Bullrich, actual titular de Seguridad, y Luis Petri, a cargo de Defensa, dejarán sus cargos para asumir sus bancas legislativas. Ambos habían llegado tras el Pacto de Acassuso, como gesto político de Milei hacia el PRO. La ministra de Seguridad, que cuenta con altos niveles de imagen positiva, era vista por algunos sectores como posible continuadora, pero en la mesa chica presidencial descartan esa versión. El destino que le preparan en Casa Rosada es la Presidencia Provisional del Senado, un rol estratégico en la línea sucesoria y en la articulación legislativa.
Petri, por su parte, volverá a la Cámara de Diputados y prepara el terreno para competir por la gobernación de Mendoza. Ninguno de los dos dejará herederos en sus ministerios.
Otro de los que ya tienen fecha de salida es Mariano Cúneo Libarona, ministro de Justicia. Su alejamiento se postergó por la demora en la aplicación del Código Procesal Penal Federal, resistido por sectores judiciales de Comodoro Py. En su lugar, resuena el nombre del intendente de General Pueyrredón, Guillermo Montenegro, quien ya cumplió funciones similares en la gestión de Mauricio Macri.
Los reemplazos: hermetismo y lógica de confianza
Fiel a su estilo, Milei apuesta a rodearse de personas de confianza, evitando figuras con las que no tenga relación previa. Bajo esa premisa, el Presidente se inclinaría por perfiles cercanos antes que por alianzas forzadas. En Seguridad y Defensa, donde la geopolítica juega un papel central, la definición parece más compleja. En Casa Rosada señalan que, dado el acuerdo en ciernes con Estados Unidos, esos cargos no pueden ser entregados como moneda de negociación política.
El factor Macri y las tensiones internas
En paralelo, el expresidente Mauricio Macri busca influir en la reestructuración. En recientes encuentros con Milei y Guillermo Francos, su jefe de Gabinete, insistió en la necesidad de reforzar áreas sensibles para el interior del país, como Transporte y Obras Públicas. Hasta ahora, la mayor concesión fue el nombramiento de María Tettamanti en Energía, un año atrás.
Pero la disputa no se limita a la oposición. En el oficialismo persisten tensiones entre Karina Milei y Santiago Caputo, dos figuras claves en la “mesa chica” presidencial. El propio Presidente desmintió que existan fracturas, aunque en los pasillos de la política señalan que esa convivencia es frágil y depende únicamente de su arbitraje.
Un tablero en movimiento
La segunda etapa del mandato de Milei se prepara en un contexto delicado: sin mayoría en el Congreso, con una oposición que busca capitalizar los errores del Gobierno y con una economía que no logra despejar incertidumbres. La reconfiguración del Gabinete, entonces, no será solo un recambio administrativo: marcará la línea de cómo el Presidente piensa sostener su proyecto en un escenario adverso, donde el diálogo político con gobernadores y legisladores se vuelve imprescindible.
Lo que está en juego no es únicamente la permanencia de funcionarios en sus cargos, sino el modelo de gobernabilidad que Milei intentará desplegar en los próximos dos años.





