La sequía prolongada redujo el nivel de agua en decenas de lagunas bonaerenses y afectó la reproducción del pejerrey, pieza clave de la pesca deportiva y del turismo rural en la Provincia. Un equipo del ILPLA (CONICET-UNLP) desarrolla un proyecto de acuicultura y repoblamiento para recuperar el recurso y sostener economías regionales.
Producción de juveniles, monitoreo ambiental y articulación con municipios y actores privados forman parte de una estrategia integral que busca garantizar la sostenibilidad biológica y pesquera en uno de los sectores más tradicionales del interior bonaerense.
Las lagunas bonaerenses no son únicamente postales naturales que acompañan rutas provinciales ni simples espejos de agua donde se refleja el atardecer pampeano. Son el corazón de la pesca deportiva en Buenos Aires, motor del turismo rural y sustento directo e indirecto de miles de familias que dependen de la temporada de pejerrey para sostener su actividad económica.
En los últimos años, la sequía modificó ese paisaje. La reducción de precipitaciones y la persistencia de altas temperaturas provocaron un descenso sostenido en el nivel de agua de numerosas lagunas de la Provincia. En algunos distritos, los espejos se achicaron de forma visible; en otros, la bajante alteró la calidad del agua y la dinámica del ecosistema. El resultado fue una señal de alerta para pescadores, municipios y científicos: menos hábitat disponible implica menos reproducción natural del pejerrey.
El impacto no es solo ambiental. Cuando la pesca deportiva cae, también se resiente el alquiler de cabañas en lagunas bonaerenses, la contratación de guías, la venta de artículos de pesca, la gastronomía local y el movimiento comercial de fines de semana largos. Por eso, la recuperación del pejerrey no es únicamente un objetivo biológico: es una estrategia para sostener el trabajo y la identidad regional.
Sequía y pesca deportiva: cómo afecta la bajante a las lagunas bonaerenses
Las lagunas pampeanas se caracterizan por su escasa profundidad y su alta sensibilidad a las variaciones climáticas. En contextos de sequía prolongada, el volumen de agua disminuye de manera significativa y se generan cambios en parámetros esenciales como temperatura, oxigenación y disponibilidad de alimento.
El pejerrey, especie emblemática de la pesca deportiva en Buenos Aires, depende de condiciones específicas para su reproducción. La reducción del nivel de agua puede afectar las áreas de desove y disminuir la supervivencia de larvas y juveniles. Con menos ejemplares que alcanzan la edad adulta, la población total se debilita y la temporada de pesca pierde rendimiento.
Este escenario impacta directamente en destinos tradicionales de pesca en la Provincia. Muchas lagunas que históricamente convocaban visitantes de distintos puntos del país registraron menor actividad en los últimos ciclos. Para los municipios, la temporada de pejerrey representa ingresos por turismo, consumo en comercios y servicios asociados.
Además, la presión de pesca en contextos de baja abundancia puede acelerar el deterioro del recurso si no se aplican medidas adecuadas como cupos, tallas mínimas y controles efectivos. Por eso, especialistas advierten que la sostenibilidad pesquera requiere planificación basada en datos científicos y monitoreo constante.
Frente a esta realidad, la pregunta central es cómo recuperar poblaciones sin alterar el equilibrio natural del ecosistema. Allí es donde entra en juego la ciencia aplicada.
Acuicultura de pejerrey: el proyecto científico para repoblar lagunas
Un equipo del Instituto de Limnología “Dr. Raúl A. Ringuelet” (ILPLA, CONICET-UNLP) impulsa un proyecto de acuicultura orientado a la producción de juveniles de pejerrey para repoblar lagunas de la provincia de Buenos Aires. La iniciativa surge como respuesta a la disminución poblacional registrada tras años de sequía y eventos climáticos extremos.
El proceso comienza con la selección de reproductores bajo criterios técnicos que priorizan la sanidad y la variabilidad genética. Luego se desarrollan etapas controladas de reproducción, incubación y cría en condiciones que maximizan la supervivencia de los ejemplares en sus fases más vulnerables.
Una vez alcanzado el tamaño adecuado, los juveniles son liberados en lagunas previamente evaluadas. Este punto es clave: el repoblamiento no se realiza de forma indiscriminada. Antes de cada intervención se analizan variables como calidad del agua, disponibilidad de alimento, presión de pesca y estado general del ecosistema.
El objetivo es reforzar poblaciones sin generar desequilibrios. La acuicultura, en este caso, funciona como una herramienta complementaria a la reproducción natural, especialmente útil en escenarios donde las condiciones climáticas reducen el éxito reproductivo.
El proyecto incluye además monitoreos periódicos para evaluar la evolución de las poblaciones. Se analizan capturas, estructura por edades y crecimiento de los ejemplares. Esta información permite ajustar estrategias y definir políticas de manejo más eficientes.
La articulación público-privada es otro eje central. Municipios, clubes de pesca, asociaciones y actores vinculados al turismo participan en el diseño de acciones que buscan sostener la actividad a largo plazo. La sostenibilidad biológica del pejerrey está estrechamente ligada a la sostenibilidad económica de las comunidades que dependen de la pesca deportiva.
Turismo, trabajo y sostenibilidad: lo que está en juego en la Provincia
Hablar de lagunas bonaerenses es hablar de identidad. Para miles de familias, la pesca de pejerrey es un ritual de fin de semana que combina tradición, encuentro y naturaleza. Padres, hijos y abuelos comparten jornadas que forman parte de la memoria colectiva del interior provincial.
Pero también es una actividad económica estratégica. El turismo rural en la Provincia encuentra en las lagunas uno de sus principales atractivos. El movimiento generado por la temporada de pesca dinamiza rubros como hospedaje, gastronomía, transporte y comercio minorista.
Cuando el recurso se debilita, la cadena completa siente el impacto. Menos visitantes implican menor ocupación en cabañas, menos consumo en restaurantes y menor contratación de servicios. En distritos pequeños, la pesca puede representar una porción significativa del ingreso anual vinculado al turismo.
Por eso, el enfoque actual apunta a una gestión integral. El repoblamiento es una herramienta, pero no la única. La aplicación de normativas claras, el respeto por tallas mínimas, los cupos diarios y las vedas cuando corresponden forman parte de un esquema que busca equilibrio entre aprovechamiento y conservación.
La información científica cumple un rol decisivo en este proceso. Contar con datos actualizados sobre el estado de las poblaciones permite anticipar escenarios y planificar temporadas de pesca más responsables. En un contexto de cambio climático y variabilidad hídrica creciente, la adaptación es fundamental.
Las lagunas bonaerenses no son un recurso infinito. Son ecosistemas dinámicos que requieren cuidado y gestión basada en evidencia. El proyecto de acuicultura y monitoreo impulsado por el ILPLA representa una apuesta concreta para sostener la pesca deportiva en Buenos Aires y fortalecer economías regionales que dependen del pejerrey.
El desafío es grande y los resultados no son inmediatos. Sin embargo, cada juvenil producido, cada estudio realizado y cada acuerdo alcanzado con actores locales suma en la construcción de una estrategia que busca garantizar que la temporada de pesca siga siendo sinónimo de trabajo, turismo y tradición en la Provincia.
En tiempos de sequía e incertidumbre climática, la combinación de ciencia, planificación y compromiso territorial aparece como el camino para que las lagunas bonaerenses continúen siendo mucho más que paisaje: sigan siendo identidad, economía y ritual de fin de semana.






