El inicio del ciclo lectivo no solo implica reorganizar rutinas, comprar útiles y ajustar horarios familiares. También es un momento clave para revisar el estado de salud de chicos y adolescentes, y dentro de esa agenda preventiva, el calendario de vacunación ocupa un lugar central. Así como se chequean mochilas, uniformes y listas escolares, el carnet sanitario debería estar entre las primeras prioridades antes de volver al aula.
La concentración de estudiantes en espacios cerrados durante varias horas, el contacto estrecho y el intercambio constante de objetos favorecen la circulación de virus y bacterias. En ese contexto, tener el esquema de vacunación completo no es un mero trámite administrativo exigido por las instituciones educativas, sino una herramienta fundamental para reducir riesgos individuales y colectivos. Cada dosis aplicada fortalece no solo la inmunidad del niño o la niña, sino también la protección de toda la comunidad escolar.
En Argentina, el esquema está definido por el Ministerio de Salud de la Nación a través del Calendario Nacional de Vacunación, que establece cuáles son las vacunas obligatorias y gratuitas en cada etapa de la vida. Antes del comienzo de clases, hay dos momentos que requieren especial atención: el ingreso escolar, entre los 5 y 6 años, y la preadolescencia, alrededor de los 11 años. Revisar que esas dosis estén completas es una medida concreta para prevenir brotes y evitar enfermedades potencialmente graves.
Ingreso escolar: refuerzos clave entre los 5 y 6 años
El paso del nivel inicial a la escuela primaria marca un cambio importante en la socialización de los chicos. Aumentan las horas fuera de casa, se amplía el grupo de contacto y se intensifica la exposición a distintos agentes infecciosos. Por eso, el calendario prevé una serie de refuerzos en esta etapa que apuntan a consolidar la inmunidad adquirida en los primeros años de vida.
Una de las vacunas centrales en este momento es la que protege contra la poliomielitis. Aunque la enfermedad está erradicada en gran parte del mundo, la vigilancia epidemiológica continúa siendo fundamental, y mantener altas coberturas evita el riesgo de reintroducción del virus. El refuerzo en edad escolar asegura que la protección se sostenga en el tiempo.
También corresponde aplicar la Triple Viral, que previene sarampión, rubéola y paperas. En los últimos años, el descenso en las tasas de vacunación en distintos países generó la reaparición de brotes de sarampión, una enfermedad altamente contagiosa que puede causar complicaciones severas. Completar las dos dosis indicadas es esencial para mantener la inmunidad comunitaria.
Otro refuerzo importante es la Triple Bacteriana Celular, destinada a prevenir difteria, tétanos y tos convulsa. Esta última, también conocida como coqueluche, puede resultar especialmente peligrosa en lactantes y personas con defensas bajas. Si bien los chicos más grandes suelen cursarla de manera menos grave, pueden convertirse en fuente de contagio para otros grupos vulnerables.
La vacuna contra la varicela también forma parte de los controles a esta edad. Aunque muchas veces se la percibe como una enfermedad leve y frecuente en la infancia, puede ocasionar complicaciones como infecciones cutáneas, neumonía o cuadros neurológicos. El refuerzo ayuda a reducir la circulación del virus dentro del ámbito escolar, donde los contagios suelen propagarse con rapidez.
En cuanto a la vacuna antigripal, no es universal para todos los chicos sanos en esta franja etaria, pero sí está indicada para aquellos considerados pacientes de riesgo, como quienes padecen enfermedades respiratorias crónicas, cardiopatías, inmunodeficiencias u otras condiciones médicas específicas. En esos casos, aplicarla antes del invierno es una estrategia clave para prevenir internaciones y complicaciones.
Preadolescencia: las vacunas de los 11 años
Alrededor de los 11 años, el calendario contempla nuevas aplicaciones y refuerzos que actualizan la protección en una etapa de profundos cambios físicos y sociales. La entrada a la secundaria, el incremento de actividades grupales y el inicio de la pubertad hacen necesario reforzar la inmunidad frente a determinadas enfermedades.
Una de las vacunas más relevantes en este momento es la que previene el Virus del Papiloma Humano (VPH). Está indicada tanto para niñas como para varones y tiene como objetivo reducir la incidencia de cáncer de cuello uterino, así como otros cánceres asociados al VPH y lesiones genitales. Su aplicación en la preadolescencia responde a criterios científicos que demuestran una mejor respuesta inmunológica antes del inicio de la vida sexual.
También se administra el refuerzo contra el meningococo, bacteria responsable de infecciones graves como meningitis y sepsis. Estas enfermedades pueden evolucionar de manera rápida y severa, por lo que la prevención mediante vacunación resulta fundamental. La dosis a los 11 años consolida la protección iniciada en etapas previas.
La Triple Bacteriana Acelular se aplica como refuerzo para mantener la inmunidad contra difteria, tétanos y tos convulsa. A diferencia de la formulación celular utilizada en la infancia, esta versión acelular presenta menos efectos adversos, pero conserva una alta eficacia.
En esta etapa también es importante revisar que el esquema contra la Hepatitis B esté completo. Si por algún motivo no se aplicaron las dosis correspondientes en la infancia, este es un momento oportuno para iniciar o finalizar el esquema. Lo mismo sucede con la Triple Viral: ante esquemas incompletos, se puede recuperar la protección antes de finalizar la escolaridad obligatoria.
En determinadas zonas del país donde la enfermedad es endémica, se suma el refuerzo contra la fiebre amarilla, indicado para quienes residen o viajan a áreas de riesgo. Esta vacuna tiene un papel clave en la prevención de brotes en regiones específicas y forma parte de las estrategias de salud pública adaptadas a cada territorio.

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La vacunación como compromiso colectivo
Más allá de la protección individual, la vacunación cumple una función social decisiva. Cuando un alto porcentaje de la población está inmunizado, se genera lo que se conoce como inmunidad de rebaño o protección comunitaria. Esto reduce la circulación de los agentes infecciosos y protege especialmente a quienes no pueden vacunarse por razones médicas, como pacientes oncológicos, personas con inmunodeficiencias o quienes reciben determinados tratamientos.
En el ámbito escolar, esta dimensión colectiva cobra aún mayor relevancia. Las aulas reúnen a decenas de chicos en contacto permanente, lo que facilita la transmisión de enfermedades respiratorias, eruptivas o bacterianas. Un brote no solo implica ausentismo y trastornos en la organización familiar, sino también riesgos para la salud de toda la comunidad educativa.
Por eso, las autoridades sanitarias insisten en que la vacunación es un derecho y, al mismo tiempo, una responsabilidad social. En Argentina, todas las vacunas incluidas en el calendario oficial son gratuitas y obligatorias. Para aplicarlas, solo se requiere concurrir al centro de salud u hospital más cercano con el Documento Nacional de Identidad y el carnet correspondiente, donde el personal sanitario verificará el esquema y completará las dosis faltantes.
El regreso a clases 2026 ofrece, entonces, una oportunidad concreta para fortalecer la prevención. Antes de que suene el timbre del primer día, revisar el carnet puede marcar la diferencia entre un año atravesado por enfermedades evitables y un ciclo lectivo más seguro. En la lista de preparativos escolares hay un elemento que no ocupa espacio en la mochila, pero resulta decisivo para todo lo demás: el calendario de vacunación al día.
Foto: Prensa Ohlalá





