Proyectos de riego solar como el de Nasho, en Ruanda, están transformando las prácticas agrícolas en zonas rurales. Expertos destacan que el acceso a energías limpias es clave para fortalecer la resiliencia climática y garantizar alimentos
La agricultura a pequeña escala en África está experimentando un impulso sin precedentes gracias al uso de energías renovables, especialmente la energía solar. Esta transición no solo mejora la productividad de los cultivos, sino que también contribuye a la seguridad alimentaria en regiones históricamente vulnerables a la sequía y al cambio climático.
Un caso emblemático es el de Victor Ndwaniye, agricultor de Nasho, en el distrito de Kirehe, al este de Ruanda. Hasta hace pocos años, Ndwaniye regaba su huerto a mano, cargando cubos de agua desde un lago cercano. Hoy, gracias a un sistema de riego solar, ha logrado optimizar su producción y reducir la carga física de su trabajo.
«El antiguo sistema de riego no ha podido satisfacer las necesidades de muchos agricultores locales de la región durante mucho tiempo», explicó Ndwaniye.
Un cambio de paradigma en la agricultura africana
La iniciativa forma parte de un plan nacional de Ruanda para incorporar energías renovables en la cadena agrícola. El objetivo es aumentar la superficie regada con energía solar de las 646 hectáreas actuales a 1146 hectáreas para 2029, según datos de la Junta de Desarrollo de Recursos Agrícolas y Animales de Ruanda (RAB).
Este modelo está siendo replicado en otros países, como Bangladesh e India, donde las energías limpias también buscan transformar las prácticas rurales.
La agricultura emplea a más del 60% de la fuerza laboral africana, por lo que mejorar la eficiencia en este sector es clave para el desarrollo económico y social.
Beneficios ambientales y desafíos de implementación
Además de aumentar la productividad, los sistemas solares permiten evitar las emisiones de carbono asociadas al uso de bombas diésel, muy comunes en zonas rurales sin acceso a la red eléctrica.
Sin embargo, el costo inicial de la tecnología sigue siendo un desafío. Aunque los agricultores asumen el mantenimiento, el gobierno y socios internacionales ofrecen asistencia financiera para facilitar la adquisición de estos sistemas.
En lugares como Kirehe, donde la escasez de agua ha sido crónica, las soluciones solares han demostrado ser eficaces. Durante la estación seca, de junio a septiembre, Ndwaniye debía regar sus cultivos dos veces al día, invirtiendo tiempo y esfuerzo. Ahora, las bombas solares automatizan el proceso, optimizando el uso del recurso hídrico y permitiéndole enfocarse en otras tareas productivas.
Una solución replicable para enfrentar el cambio climático
El uso de energías renovables en la agricultura no solo mejora la productividad sino que también fortalece la resiliencia climática de las comunidades rurales. Al reducir la dependencia de combustibles fósiles y garantizar un suministro constante de agua, estas tecnologías se perfilan como una solución sostenible y escalable para enfrentar los desafíos del cambio climático en África.
Foto: Loquesomos.org






