La ampliación ya está en marcha entre Avellaneda y Berazategui y apunta a descomprimir uno de los accesos más transitados del Área Metropolitana. La obra se ejecuta en dos tramos, incluye repavimentación total y promete mejorar los tiempos de viaje en horas pico.
El inicio de las obras para la construcción del nuevo cuarto carril en la Autopista Buenos Aires–La Plata marca un punto de inflexión en la infraestructura vial del Área Metropolitana de Buenos Aires. Los trabajos ya se desarrollan en el tramo comprendido entre Avellaneda y Berazategui, una de las franjas más exigidas del corredor, utilizada a diario por miles de vehículos particulares, transporte público y camiones de carga que conectan el sur del conurbano con la Ciudad de Buenos Aires y la capital provincial.
Se trata de una intervención largamente esperada por los usuarios habituales de la autopista, especialmente en horarios pico, cuando la saturación del tránsito se traduce en demoras constantes, embotellamientos prolongados y una circulación marcada por la falta de previsibilidad. En ese contexto, la ampliación de la calzada aparece como una respuesta concreta a una problemática estructural que se fue profundizando con el crecimiento urbano, el aumento del parque automotor y la intensificación de la actividad logística en la región.
La obra no solo apunta a sumar capacidad vial, sino también a modernizar la traza y mejorar las condiciones generales de circulación. La incorporación del cuarto carril por sentido se complementa con una intervención integral sobre los carriles existentes, en una autopista que cumple un rol estratégico para la movilidad cotidiana, la actividad económica y la integración territorial del AMBA.
Una ampliación clave para descomprimir el tránsito en horas pico
El tramo Avellaneda–Berazategui concentra algunos de los mayores volúmenes de tránsito de toda la Autopista Buenos Aires–La Plata. En los últimos años, la infraestructura existente comenzó a mostrar límites evidentes frente a una demanda creciente que supera ampliamente los parámetros para los cuales fue diseñada. Las demoras en horas pico dejaron de ser una excepción para convertirse en parte del recorrido diario de trabajadores, estudiantes y transportistas.
La incorporación del cuarto carril busca aliviar ese cuello de botella histórico. Desde el punto de vista técnico, la ampliación permitirá una mayor fluidez del tránsito, una mejor organización de la circulación y una reducción de situaciones de riesgo asociadas a frenadas bruscas, maniobras forzadas y cambios repentinos de carril. Todo esto impacta de manera directa en la seguridad vial y en la experiencia cotidiana de quienes utilizan la autopista.
El proyecto fue estructurado en dos tramos. El primero se extiende desde el kilómetro 11, en Avellaneda, hasta el kilómetro 20, en Quilmes, con un plazo estimado de ejecución de doce meses y una inversión superior a los diez mil ochocientos millones de pesos. El segundo tramo abarca desde el kilómetro 20 hasta el kilómetro 30, en el partido de Berazategui, con una duración prevista de quince meses y una inversión que supera los quince mil millones de pesos.
En conjunto, la inversión total supera los veinticinco mil millones de pesos y refleja la magnitud de una obra que no se limita a sumar un carril más. Además de la ampliación, el proyecto contempla la repavimentación integral de los tres carriles existentes y una nueva demarcación horizontal, mejorando la visibilidad y las condiciones de seguridad, especialmente en horarios nocturnos o con condiciones climáticas adversas.
Durante el desarrollo de los trabajos se registrarán reducciones parciales de carriles y desvíos temporales en distintos sectores de la traza. Desde los organismos responsables recomiendan circular con precaución y respetar la señalización, aclarando que se trata de molestias transitorias frente a un beneficio estructural que impactará de forma sostenida en el tiempo.
Qué cambia para quienes usan la autopista todos los días
Más allá de los aspectos técnicos, la obra tiene un impacto directo en la vida cotidiana de miles de personas que utilizan la Autopista Buenos Aires–La Plata a diario. Para quienes viajan por motivos laborales, educativos o de salud, una mejora en la fluidez del tránsito implica menos tiempo perdido, mayor previsibilidad y una reducción del estrés asociado a los embotellamientos crónicos.
La ampliación también tiene un efecto positivo sobre la actividad económica regional. Empresas industriales, centros de distribución y operadores logísticos dependen de este corredor para el traslado de insumos y productos. Una autopista más eficiente reduce costos operativos, optimiza tiempos de entrega y mejora la competitividad de las actividades productivas radicadas en el sur del conurbano y en La Plata.
En el caso de la capital bonaerense, la obra adquiere un valor estratégico adicional. La ciudad mantiene una relación cotidiana intensa con la Ciudad de Buenos Aires y el resto del AMBA, y la autopista es el principal vínculo para miles de trabajadores del sector público, docentes, estudiantes universitarios y profesionales que se trasladan a diario. Mejorar este acceso significa, en los hechos, acortar distancias y fortalecer la integración funcional de la región.
Desde una mirada más amplia, la ampliación del cuarto carril se inscribe en una lógica de planificación territorial que reconoce a la conectividad como un factor central del desarrollo. La infraestructura vial no solo ordena el tránsito, sino que condiciona oportunidades, accesos y dinámicas económicas, especialmente en áreas metropolitanas de gran escala.
Energía renovable y una autopista pensada a futuro
En paralelo con la ampliación vial, la concesionaria AUBASA impulsa un proyecto orientado a incorporar energías renovables en su infraestructura, reforzando una estrategia de sustentabilidad de largo plazo. En las inmediaciones del peaje Hudson se avanza con la instalación de una planta fotovoltaica destinada a abastecer parte del consumo energético de la red.
El proyecto incluye la adquisición, instalación y puesta en funcionamiento de paneles solares, junto con las obras civiles necesarias, las estructuras de soporte, el equipamiento eléctrico y el sistema de inyección a la red, conforme a la normativa vigente y a los estándares técnicos y de seguridad aplicables. La iniciativa se enmarca en un plan integral de carbono neutralidad que prevé la incorporación progresiva de generación renovable en distintos puntos de la concesión.

Desde AUBASA señalan que la utilización de energía solar permitirá reducir la huella de carbono de la operación, optimizar el consumo energético y generar ahorros en el mediano y largo plazo. Además, el proyecto sienta un precedente para replicar este tipo de soluciones en otros peajes y sectores de la autopista, consolidando una matriz energética más limpia y eficiente.
La combinación de una obra vial de gran escala con políticas de sustentabilidad refleja un enfoque más integral de la infraestructura pública. La ampliación del cuarto carril no solo apunta a resolver problemas actuales de tránsito, sino también a proyectar una autopista más moderna, segura y preparada para los desafíos de movilidad y desarrollo del AMBA en los próximos años.





