La Bombonera volvió a rugir. Después de 36 días sin jugar como local en su casa, Boca regresó a Brandsen 805 y lo hizo de la manera más sufrida, emocionante y xeneize posible: con un gol agónico en el último suspiro. Cuando todo parecía encaminado a un empate sin goles, Tomás Belmonte apareció a los 48 minutos del segundo tiempo para definir mano a mano ante Nahuel Losada y darle al equipo de Rodolfo Arruabarrena un triunfo de esos que pesan más que tres puntos. Fue 1-0 ante Lanús por la séptima fecha del Torneo Clausura.
El regreso a la Bombonera tenía un condimento especial. El estadio había quedado fuera de acción durante más de un mes y la expectativa de los hinchas era enorme. Boca necesitaba reencontrarse con su gente y, sobre todo, con una victoria que le permitiera despegar en un campeonato en el que todavía no había logrado encontrar regularidad. El escenario estaba preparado. Faltaba la respuesta dentro de la cancha.
Y la respuesta tardó, muchísimo.
Desde el comienzo, Lanús dejó claro que no había viajado para refugiarse. El equipo de Mauricio Pellegrino salió a disputar cada pelota y encontró espacios para lastimar. En los primeros minutos, Felipe Peña Biafore tuvo una oportunidad inmejorable con un cabezazo que terminó en el travesaño. Poco después, Franco Watson volvió a quedar cerca del gol con un remate que pasó junto al palo de Álvaro Montero.
Boca intentaba responder con Alan Velasco, Miguel Merentiel y Leonel Flores. El local tenía la pelota, buscaba progresar y por momentos conseguía instalarse cerca del área granate, pero le costaba transformar ese dominio territorial en situaciones realmente claras. La más peligrosa de esa primera etapa llegó después de una buena combinación ofensiva que terminó con un cabezazo de Velasco desviado.
El primer tiempo se fue con el marcador en cero y con una sensación incómoda para el local. Boca tenía la obligación de ganar, pero Lanús había sido capaz de generarle más de un problema.
El complemento comenzó con la misma tensión. El Xeneize adelantó sus líneas y comenzó a acumular hombres en campo rival. La Bombonera empujaba, reclamaba y también exigía. Cada pase hacia adelante levantaba el murmullo de las tribunas. Cada pelota perdida generaba preocupación. El partido estaba atrapado en esa frontera peligrosa en la que un detalle podía cambiarlo todo.
Boca terminó inclinando la cancha. Los números reflejaron esa superioridad: 57% de posesión, 18 remates contra 9 de Lanús y 11 tiros de esquina contra apenas 3 del visitante. Sin embargo, el arco seguía cerrado. Losada intervenía cuando era necesario y la defensa granate resistía los embates.
Arruabarrena movió el banco y encontró una pieza decisiva. A los 79 minutos ingresó Tomás Belmonte en lugar de Milton Delgado. El mediocampista, que había tenido poca participación en el torneo, terminó convirtiéndose en el inesperado protagonista de la noche.
El reloj comenzó a convertirse en enemigo. 80 minutos. 85. 90. La gente miraba el tablero y el empate parecía cada vez más inevitable. Boca atacaba, Lanús resistía y el partido se acercaba al final con el 0-0 clavado.
Pero quedaba una última.
En el minuto 48 del tiempo agregado, Boca encontró el espacio que había buscado durante toda la noche. Belmonte quedó mano a mano con Losada, levantó la cabeza y resolvió con enorme categoría: picó la pelota por encima del arquero y la mandó al fondo de la red. Gol. 1-0. Locura absoluta en la Bombonera.
El festejo fue inmediato. Los jugadores se fueron encima del mediocampista y las tribunas explotaron. No era solamente un gol. Era el regreso de Boca a su casa, era cortar una noche que parecía destinada al empate y era conseguir tres puntos cuando ya casi no quedaba tiempo para reaccionar.
Belmonte, además, cumplió con una particular “ley del ex”, ya que había surgido futbolísticamente en Lanús. Su definición fue el golpe final para un Granate que había competido durante los 90 minutos y que estuvo cerca de llevarse algo de la Bombonera.
Boca no brilló. Tampoco tuvo una noche sencilla. Le costó generar peligro, sufrió algunos ataques de Lanús y durante buena parte del encuentro pareció no encontrar el camino hacia el gol. Pero tuvo algo que muchas veces define los partidos cerrados: insistencia.
El Xeneize terminó con 18 remates, aunque solamente tres fueron al arco. Lanús tuvo nueve disparos y apenas uno terminó entre los tres palos. La estadística de posesión también favoreció al conjunto local, que manejó el 57% de la pelota.
Y cuando la pelota parecía negarse a entrar, apareció Belmonte.
La Bombonera volvió a ser fiesta. Boca volvió a ganar en casa y consiguió una victoria que puede significar mucho más que tres puntos en la tabla. En un Clausura parejo, donde cada unidad puede ser determinante para meterse en los playoffs, el Xeneize necesitaba exactamente esto: un triunfo que llegara desde el corazón, desde la insistencia y, por qué no, desde el último suspiro.
El equipo de Arruabarrena todavía tiene mucho por mejorar. Pero esta vez no importó cómo terminó llegando la victoria. Importó que llegó.
Cuando parecía que la noche terminaba en silencio, Belmonte encendió la Bombonera.






