El acuerdo de Lula da Silva con China para crear un centro de inteligencia artificial agrícola marca un giro geopolítico profundo: ¿alianza estratégica para el desarrollo o concesión peligrosa ante un régimen autoritario?
En un escenario global cada vez más marcado por la disputa tecnológica y el ascenso de potencias no occidentales, Brasil ha dado un paso que genera tanto expectativa como preocupación. Durante la reciente cumbre de los BRICS en Río de Janeiro, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva y el primer ministro chino Li Qiang anunciaron la creación de un centro conjunto de inteligencia artificial agrícola, que operará en zonas semiáridas del noreste brasileño, a través de un laboratorio del Instituto Nacional del Semiárido en alianza con la Universidad Agrícola de China (SCMP, 2025).
Lo que, en apariencia, es un avance en innovación y cooperación sur-sur, representa en la práctica un movimiento estratégico de Beijing por expandir su influencia en América Latina. Como señala Agustín Barletti en El hambre del dragón, “China no da pasos tecnológicos sin intención política: cada alianza, cada inversión, forma parte de una arquitectura global que busca transformar la dependencia en sumisión”.
IA, soberanía alimentaria y control de datos
Este laboratorio binacional no sólo se enfocará en modernizar prácticas agrícolas, sino también en recolectar y analizar grandes volúmenes de datos sobre suelos, climas y cultivos. ¿Qué grado de control tendrá el Estado brasileño sobre esta información estratégica? En un país donde la agricultura representa uno de los pilares de la economía, ceder capacidad tecnológica a un actor extranjero no es un tema menor.
Lula defendió el proyecto apelando a la desigualdad tecnológica global: “El desarrollo de la inteligencia artificial no puede convertirse en privilegio de unos pocos países, ni en herramienta de manipulación en manos de multimillonarios” (Discurso oficial, Cumbre BRICS, 5 de julio de 2025). Sin embargo, resulta paradójico confiar en el régimen de Xi Jinping para democratizar la IA, cuando en su país esta tecnología se utiliza para vigilancia masiva, censura y control social.
Una red de convenios bajo sospecha
El acuerdo agrícola es sólo uno de los múltiples convenios firmados entre Brasil y China en áreas sensibles como la energía renovable, la industria farmacéutica, la infraestructura, el desarrollo aeroespacial y la fabricación de semiconductores. Según South China Morning Post, Beijing ya expresó su intención de lanzar satélites geoestacionarios conjuntos, ampliar su participación en el Programa de Aceleración del Crecimiento brasileño y alinear dicho plan con la Iniciativa de la Franja y la Ruta (SCMP, 2025).
Estas movidas no pasan desapercibidas para Estados Unidos, que desde 2019 endureció las restricciones sobre exportaciones de chips avanzados y tecnologías críticas de inteligencia artificial (Reuters, 2025). En ese marco, la colaboración de Brasil con China podría tensar relaciones con Washington, incluso si desde el entorno de Lula aseguran que “no se trata de elegir un bloque, sino de diversificar alianzas estratégicas” (Folha de São Paulo, junio 2025).
¿Qué valores compartidos?
En una declaración conjunta, los países BRICS instaron a las Naciones Unidas a liderar una gobernanza global de la inteligencia artificial que respete “valores compartidos” (Declaración de Río, julio 2025). Pero, ¿cuáles son esos valores? En el grupo conviven democracias formales como Brasil e India con autocracias como China, Rusia e Irán. Este último, recientemente invitado al bloque, ha sido señalado por su respaldo al terrorismo a través de Hezbollah, tanto en Medio Oriente como en América Latina (Informe del Departamento de Estado de EE.UU., 2024).
¿Cooperación climática o lavado verde?
La otra gran apuesta de Lula fue incorporar a China al Fondo Bosques Tropicales para Siempre, que Brasil promueve con la intención de recaudar 4.000 millones de dólares anuales para preservar selvas como la Amazonía. Si bien China no confirmó su participación, sí expresó su respaldo político a la iniciativa (Xinhua, julio 2025). Sin embargo, resulta difícil imaginar que una de las mayores emisoras de CO₂ y responsable de múltiples megaproyectos extractivos en el sur global pueda liderar seriamente una agenda climática internacional.
Lula busca posicionar a Brasil como un actor autónomo en la nueva geopolítica global. Pero al firmar acuerdos tecnológicos con una potencia que impone su visión autoritaria del desarrollo, corre el riesgo de comprometer la soberanía en nombre del progreso. La pregunta es si Brasil está construyendo una alianza estratégica para el futuro… o si, como sugiere Barletti, se está dejando devorar por el dragón.
Foto: Lula da Silva, presidente brasileño(Xinhua/Lucio Tavora) (lt) (rtg) (ah) (ce)






