La crisis política que atravesó La Libertad Avanza (LLA) durante los últimos días puso de relieve la fragilidad de las estrategias comunicacionales del Gobierno frente a escándalos de alto impacto. En el centro del debate se encuentra José Luis Espert, candidato a diputado nacional en la provincia de Buenos Aires, cuyos vínculos con el narcotraficante condenado Fred Machado generaron tensiones internas y desencadenaron un vaivén de mensajes contradictorios dentro del espacio libertario. A pesar de la aparición de nuevas pruebas que complicaban la situación, Javier Milei decidió mantenerlo en la lista, ratificando públicamente su respaldo.
El acto de presentación del nuevo Código Penal, realizado frente a la cárcel de Ezeiza, tuvo como protagonistas visibles a Milei y a su ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, pero las miradas se concentraron en las primeras filas, donde se esperaba la asistencia de Espert. Su presencia —o su ausencia— se convirtió en un termómetro de la estabilidad de la candidatura y del manejo de la crisis por parte del oficialismo, especialmente en un contexto electoral clave en la provincia más poblada del país.
Fuentes internas reconocen que durante los primeros días de la polémica no existió una estrategia coordinada. Los mensajes fluctuaron entre el silencio, la defensa pública del candidato y las expresiones de dudas internas. Un alto miembro de la cúpula de LLA definió el manejo de la situación como “un desorden”, admitiendo que la Casa Rosada se vio obligada a improvisar frente a la presión política y mediática.
Aunque la decisión de sostener a Espert estuvo clara desde el inicio, los cuestionamientos internos y la revelación de nuevos elementos probatorios generaron tensiones adicionales. Según un asesor cercano al Gobierno, “Espert habló solo porque se lo pidieron, pero no defendió su posición de la manera que se esperaba”, reflejando la complejidad de un equipo político que tuvo que lidiar con contradicciones públicas y privadas al mismo tiempo.
Cronología de la crisis
Los primeros días transcurrieron en un silencio absoluto: ni Espert ni los principales referentes de LLA realizaron declaraciones. Luego, Milei marcó su postura en una entrevista con A24, desestimando las acusaciones y minimizando el alcance de las denuncias. Al día siguiente, Bullrich sorprendió al exigir explicaciones al candidato, generando especulaciones sobre un posible cambio de postura presidencial. Horas después, Milei volvió a ratificar el respaldo a Espert, desestimando las denuncias como episodios antiguos y reafirmando que no estaba en sus planes removerlo de la lista.
El miércoles por la noche, bajo la presión de la cúpula, Espert dio sus primeros argumentos sobre su vínculo con Machado, aunque sus respuestas no convencieron ni a gran parte del gabinete ni a los aliados de PRO, que optaron por distanciarse públicamente. En paralelo, Guillermo Francos, jefe de Gabinete, pidió explicaciones claras, reflejando la tensión interna que marcó la semana.
Finalmente, la estrategia presidencial fue clara: respaldar a Espert públicamente y sostener su candidatura. La organización de actos y la coordinación de la comunicación oficial, con la participación de Karina Milei y Santiago Caputo, reforzaron la postura del Gobierno. Se adelantó la publicación de un video oficial donde Espert aparece mirando a cámara, como una señal de que el apoyo presidencial era firme y definitivo, incluso frente a las pruebas que vinculaban al candidato con transferencias millonarias de Machado.
Con esta decisión, LLA busca mantener la estabilidad electoral en la provincia de Buenos Aires, un distrito clave donde el control político puede definir la correlación de fuerzas en el Congreso. Mientras tanto, la oposición observa cada movimiento, evaluando cómo capitalizar la crisis y fortaleciendo su narrativa sobre la relación entre política y narcotráfico.






