El anuncio del Ministerio de Economía de utilizar los dólares del Tesoro para intervenir en el mercado cambiario llega en un momento en que cada decisión económica está atravesada por la cuenta regresiva hacia las elecciones bonaerenses del 7 de septiembre. El dato que encendió las alarmas —un mercado ilíquido, vulnerable a movimientos bruscos del tipo de cambio— no solo revela fragilidad financiera, sino también la importancia política de mostrar “tranquilidad cambiaria” a pocos días de las urnas.
Lo que en el discurso oficial se presenta como una intervención “coyuntural” desnuda, en realidad, las limitaciones del modelo económico vigente: se sacrifican ahorros destinados al pago de deuda externa para contener la volatilidad cambiaria en el corto plazo. Ese desvío de recursos no es neutro. Implica que, tras la elección, el Tesoro dispondrá de menos divisas para afrontar vencimientos, y que los inversores ya descuentan un mayor riesgo de financiamiento.
El gobierno de Javier Milei había insistido durante meses en que el dólar flotaría libremente. Sin embargo, en la práctica, la presión electoral obligó a romper ese principio. La estrategia de intervenir con los dólares guardados “en el cajón” refleja más una urgencia política que una planificación macroeconómica de largo aliento.
El Fondo Monetario Internacional, en sus reportes más recientes, no contemplaba al Tesoro como actor vendedor de divisas dentro de la banda de flotación. El hecho de que hoy esa alternativa aparezca como inevitable marca la distancia entre los compromisos asumidos y la realidad de la economía local.
En definitiva, la venta de dólares para frenar la volatilidad no es solo un movimiento financiero: es una apuesta electoral. El Gobierno confía en que contener al tipo de cambio evitará un nuevo shock inflacionario que lastime su performance en las legislativas bonaerenses. Pero la pregunta que queda abierta es cuánto margen quedará después del 7 de septiembre para recomponer reservas, honrar la deuda y encarar la segunda parte del mandato sin haber agotado su “poder de fuego” en la previa de una elección decisiva.





