Tras décadas de trabajo de conservación, la iguana azul pasó de estar al borde de la desaparición a superar los 1.200 ejemplares en libertad
Durante mucho tiempo, se creyó que el futuro del llamado dragón azul estaba sellado. Esta especie única de iguana, endémica de Gran Caimán, había quedado reducida a apenas 25 ejemplares a comienzos del siglo XXI, arrinconada por la deforestación y la llegada de especies invasoras como perros y gatos. Hoy, sin embargo, el panorama es muy distinto: la población silvestre supera los 1.200 individuos, lo que permitió que la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) reclasificara a la especie de “En Peligro Crítico” a “En Peligro”.
El Cyclura lewisi, conocido popularmente como dragón azul por sus escamas de un intenso color tiza, es el reptil terrestre más grande de la isla. Puede superar el metro de largo, alimentarse casi exclusivamente de vegetación y mostrar un comportamiento sorprendentemente cercano a los humanos, con gestos como bostezos y estornudos. Su tonalidad azul se intensifica en los machos durante la época reproductiva, lo que le otorga un aspecto casi mítico.
“Lo que salvó a la iguana azul no fue solo el trabajo científico, sino la conexión emocional de la gente con este animal extraordinario”, explicó Frederic Burton, conservacionista y director del Programa de Recuperación de la Iguana Azul.
El esfuerzo comenzó con un plan de cría en cautiverio y la protección de áreas naturales donde los ejemplares pudieran ser reintroducidos. Con el tiempo, los dragones azules se consolidaron como símbolo de la biodiversidad local y orgullo nacional.
Hoy, el regreso del dragón azul no solo representa una victoria para Gran Caimán, sino también un caso ejemplar de cómo la conservación, cuando logra involucrar a la comunidad, puede revertir incluso el destino más adverso.






