Un nuevo robo a un trabajador de aplicaciones de delivery encendió las alarmas en el casco urbano platense. El hecho ocurrió en 12 entre 44 y 45, donde delincuentes le sustrajeron la mochila de la empresa, dinero en efectivo y varios pedidos listos para entregar.
La reiteración de asaltos a repartidores en La Plata abre un debate más amplio sobre prevención, controles y responsabilidad compartida en una actividad que no deja de crecer.
La inseguridad en La Plata volvió a golpear a quienes trabajan a diario en la calle. En esta oportunidad, un repartidor de una reconocida aplicación de delivery fue asaltado en pleno centro, en 12 entre 44 y 45, mientras realizaba entregas. El robo no solo implicó la pérdida de la mochila térmica identificada con la empresa, sino también dinero en efectivo y varios paquetes con mercadería que estaban listos para ser distribuidos a distintos clientes.
El episodio se suma a una serie de robos a repartidores en La Plata que vienen repitiéndose en distintos puntos del casco urbano. La modalidad, según relatan trabajadores del sector, se volvió cada vez más frecuente y expone la vulnerabilidad de quienes recorren la ciudad en bicicleta o moto cumpliendo con pedidos a contrarreloj.
La frase que comenzó a circular entre colegas y vecinos resume el clima que se vive en el sector: en la ciudad ya hay un “Pedido Ya” de seguridad. El juego de palabras sintetiza un reclamo urgente ante una problemática que combina el crecimiento del trabajo por aplicaciones con viejas deudas estructurales en materia de prevención del delito.
Asalto en 12 entre 44 y 45: cómo ocurrió el robo
El hecho se produjo cuando el repartidor se encontraba en la zona de 12 entre 44 y 45, un sector céntrico, comercial y de alto tránsito peatonal. En cuestión de segundos fue interceptado por al menos un delincuente que, mediante amenazas, logró apoderarse de la mochila térmica donde transportaba los pedidos.
Dentro del bolso había varios paquetes con mercadería perteneciente a distintos comercios gastronómicos de La Plata, además de dinero en efectivo correspondiente a pagos realizados por clientes. El robo generó un perjuicio múltiple: para el trabajador, que perdió parte de su recaudación y su herramienta de trabajo; para los comercios, que vieron frustradas entregas ya preparadas; y para los usuarios, que quedaron sin sus pedidos.
Tras el asalto en 12 entre 44 y 45, el repartidor dio aviso a las autoridades y se inició una investigación para intentar identificar a los responsables. Sin embargo, más allá del caso puntual, el episodio volvió a poner en agenda la inseguridad en el centro platense y la exposición permanente de quienes trabajan en la vía pública.
El dato no es menor: la zona donde ocurrió el robo a este repartidor en La Plata no es un área periférica ni aislada. Se trata de uno de los corredores más transitados del casco urbano, lo que alimenta la preocupación por la capacidad de prevención en sectores estratégicos de la ciudad.
Repartidores de apps en La Plata: blanco frecuente de la inseguridad
El crecimiento de las aplicaciones de delivery transformó la dinámica urbana. En La Plata, miles de pedidos se realizan cada día y cientos de repartidores recorren barrios y avenidas para cumplir con entregas que, en muchos casos, se concentran en horarios nocturnos.
Esa expansión también trajo nuevos riesgos. Los repartidores de apps en La Plata trabajan solos, dependen del celular como herramienta central y suelen portar mochilas con logos visibles que los identifican rápidamente. Para los delincuentes, representan un objetivo accesible: transportan mercadería, a veces dinero en efectivo y se desplazan constantemente.
En los últimos meses, distintos trabajadores denunciaron robos en el centro y en barrios de la periferia. Algunos fueron sorprendidos cuando aguardaban en la puerta de un edificio; otros, mientras circulaban por calles con escasa iluminación. La modalidad se repite: abordaje rápido, amenaza y huida en cuestión de segundos.
El impacto no es únicamente económico. La reiteración de asaltos a repartidores en La Plata genera temor y modifica rutinas. Muchos optan por rechazar pedidos en determinadas zonas consideradas “calientes” o evitar horarios nocturnos, lo que repercute directamente en sus ingresos. Otros evalúan abandonar la actividad ante la falta de garantías mínimas.
El fenómeno también afecta a los comercios. Restaurantes y locales que dependen en gran medida del delivery ven alterado su circuito de ventas cuando se producen robos. Cada pedido sustraído implica costos, reclamos y, en algunos casos, pérdida de confianza por parte de los clientes.
Estadísticas, prevención y el reclamo por más seguridad
Si bien no siempre existen registros unificados y públicos sobre robos a repartidores en La Plata, trabajadores y referentes del sector coinciden en que la frecuencia de los episodios aumentó en el último tiempo. La combinación de crisis económica, circulación de efectivo y movilidad constante configura un escenario complejo.

La inseguridad en el centro platense y en zonas de alta actividad comercial aparece como uno de los principales focos de preocupación. El reclamo apunta a reforzar patrullajes en horarios pico, mejorar la iluminación en calles estratégicas y optimizar el monitoreo a través de cámaras municipales.
También se plantea la necesidad de articular políticas específicas para el sector. Algunos trabajadores proponen la creación de corredores seguros en áreas de alta concentración de pedidos, canales de comunicación directa con fuerzas de seguridad y sistemas de alerta integrados a las aplicaciones.
El debate incluye además a las empresas de delivery. Aunque la seguridad es una responsabilidad indelegable del Estado, muchos repartidores sostienen que las plataformas podrían implementar herramientas adicionales: seguros más amplios, asistencia inmediata ante emergencias o mejoras en los sistemas de geolocalización que permitan reaccionar con mayor rapidez frente a situaciones sospechosas.
En el caso del asalto en 12 entre 44 y 45, la consigna del “Pedido Ya” de seguridad volvió a cobrar fuerza. No se trata solo de una expresión viral, sino de una demanda concreta que atraviesa a quienes trabajan todos los días bajo presión de tiempo y exposición constante.
Cada robo a un repartidor en La Plata deja en evidencia una tensión creciente entre el avance de nuevas formas de trabajo y la capacidad de respuesta frente al delito. La ciudad que adoptó con rapidez el servicio de delivery enfrenta ahora el desafío de garantizar condiciones mínimas de seguridad para quienes sostienen ese circuito.
El episodio reciente no es un hecho aislado, sino parte de una problemática más amplia que interpela a autoridades, empresas y comunidad. La pregunta que queda abierta es cómo construir un esquema de prevención eficaz que permita que cada pedido llegue a destino sin que el trabajador quede expuesto a un riesgo permanente en las calles platenses.





