La sugerencia de Máximo Kirchner para que Axel Kicillof asuma la conducción del Partido Justicialista bonaerense como salida a la interna no tuvo el efecto esperado. En el entorno del gobernador aseguran que no hubo contactos ni acuerdos y leen la jugada como un intento de frenar el armado político que viene creciendo desde La Plata.
Con el recambio de autoridades partidarias cada vez más cerca, el peronismo bonaerense atraviesa una disputa estratégica que excede los nombres y pone en juego el control del PJ, el liderazgo provincial y la proyección nacional rumbo a 2027.
El peronismo de la provincia de Buenos Aires volvió a mostrar esta semana su faceta más conocida: una combinación de gestos públicos, mensajes cruzados y silencios calculados que, lejos de ordenar el escenario, profundizan la incertidumbre política. La propuesta impulsada por Máximo Kirchner para que Axel Kicillof se convierta en presidente del Partido Justicialista bonaerense apareció como una posible salida a la interna, pero en La Plata fue recibida con distancia y cautela.
Cerca del gobernador aseguran que no existió ninguna conversación formal y que la idea no formó parte de una negociación previa. El dato no es menor. La renovación de autoridades partidarias prevista para marzo encuentra al PJ bonaerense en pleno proceso de reconfiguración, con distintos sectores ya lanzados a la recolección de avales y al armado territorial. En ese contexto, la irrupción de una propuesta de “unidad” sin consenso previo fue leída como una señal de alarma.
En el entorno político de Kicillof sostienen que el planteo no responde a una vocación genuina de ordenar el partido, sino a la necesidad de frenar un proceso que ya está en marcha. El Movimiento Derecho al Futuro, el espacio que articula a intendentes, ministros y dirigentes alineados con el gobernador, viene avanzando en la construcción de una alternativa propia para disputar la conducción del PJ provincial y redefinir su orientación política.
El control del PJ bonaerense y la disputa por la conducción
La discusión por quién debe presidir el Partido Justicialista bonaerense es, en realidad, una pelea por el control político de la principal estructura partidaria del país. No se trata solo de un cargo formal, sino de la capacidad de ordenar candidaturas, disciplinar territorios y definir la estrategia electoral en un distrito clave.
Desde el kicillofismo repiten una consigna que funciona como línea roja: quien conduzca el PJ debe respaldar de manera explícita y sostenida al gobierno provincial y a sus lineamientos políticos. Bajo ese criterio, entienden que la conducción partidaria no puede quedar en manos de un esquema que funcione con lógica propia o responda a intereses ajenos a la gestión bonaerense.
La propuesta de Máximo Kirchner, en ese marco, fue interpretada como una jugada defensiva. Aceptar ahora la presidencia del PJ implicaría para Kicillof asumir un rol que podría condicionar su margen de maniobra. En La Plata advierten que el gobernador necesita preservar su perfil institucional y evitar quedar atrapado en una interna partidaria permanente, especialmente en un contexto nacional complejo.
La variable 2027 atraviesa todas las conversaciones. Dentro del peronismo bonaerense nadie desconoce que Kicillof es una de las figuras con mayor proyección a nivel nacional. Para varios intendentes y funcionarios, aceptar la conducción del PJ provincial podría limitar ese despliegue, obligándolo a concentrarse en la rosca interna cuando su capital político podría jugar en un tablero más amplio.
A pesar de eso, el MDF no cerró ninguna puerta de manera definitiva. La estrategia, por ahora, es seguir avanzando con el armado propio. La junta de avales en los distritos continúa y la preparación de listas locales sigue su curso. El mensaje interno es que no habrá retrocesos sin una definición política clara y consensuada.
El armado político del MDF y el rol de los intendentes
El Movimiento Derecho al Futuro logró consolidarse como un actor central dentro del peronismo bonaerense en un tiempo relativamente corto. Su fortaleza principal radica en el respaldo territorial de intendentes, especialmente del interior de la provincia, que ven en Kicillof un liderazgo capaz de ordenar y proyectar al espacio.
Para estos jefes comunales, la interna del PJ no es un problema a evitar a cualquier costo. Por el contrario, la interpretan como una oportunidad para discutir el rumbo del partido y aggiornar su funcionamiento a un escenario político distinto, marcado por la fragmentación y la pérdida de poder a nivel nacional.
En ese esquema, la figura de la vicegobernadora Verónica Magario apareció inicialmente como una opción para la presidencia partidaria. Su nombre ofrecía una solución intermedia: garantizar alineamiento con la gestión provincial sin exponer directamente al gobernador. Sin embargo, esa alternativa comenzó a generar resistencias en otros sectores del peronismo.
Desde algunos municipios del conurbano y espacios cercanos a La Cámpora sostienen que Magario no representa una figura de síntesis y que su eventual candidatura consolidaría una hegemonía del kicillofismo dentro del PJ. Esa resistencia interna reactivó la búsqueda de otras salidas y explica, en parte, el relanzamiento del nombre de Kicillof como posible conductor del partido.
Mientras tanto, en los distritos del interior bonaerense el MDF refuerza su trabajo político. Allí, la idea de un PJ alineado con la gestión provincial tiene buena recepción, sobre todo en un contexto de ajuste nacional y fuerte demanda de respuestas desde el gobierno bonaerense. La discusión por la conducción partidaria se mezcla, así, con la necesidad de sostener gobernabilidad y volumen político.
La Cámpora, las candidaturas cruzadas y el horizonte 2027
Desde el entorno de Máximo Kirchner sostienen que la propuesta busca evitar una fractura mayor dentro del peronismo bonaerense. La lectura es que una interna abierta podría dejar heridas difíciles de cerrar y debilitar al espacio de cara a los próximos desafíos electorales.

En esa lógica, consideran que Kicillof es el único dirigente con la legitimidad suficiente para ordenar al PJ y, al mismo tiempo, proyectar una alternativa política a futuro. Conducir el partido, argumentan, podría servirle como plataforma para consolidar liderazgo y articular una estrategia nacional.
Sin embargo, esa mirada choca con la desconfianza de otros sectores que ven en el ofrecimiento una forma de condicionar al gobernador. La sospecha es que asumir la presidencia del PJ lo obligaría a administrar equilibrios internos complejos, limitando su capacidad de expansión política más allá de la provincia.
El escenario se vuelve todavía más intrincado con la aparición de candidaturas alternativas. La intendenta de Moreno, Mariel Fernández, ya presentó avales para competir por la conducción del partido y mantiene su decisión de seguir en carrera hasta que exista una definición clara. En su entorno aclaran que no se bajará de la contienda sin una unidad real y no meramente declamada.
La coexistencia de varios nombres en disputa eleva el riesgo de una interna fragmentada, con múltiples listas y un desenlace imprevisible. A semanas del recambio de autoridades, el PJ bonaerense se mueve en un terreno de definiciones cruzadas donde cada gesto tiene impacto político.
La distancia que marca Axel Kicillof respecto del plan impulsado por Máximo Kirchner no clausura la posibilidad de un acuerdo, pero deja en evidencia que la disputa excede una solución rápida. Lo que está en juego es el control del partido, el liderazgo provincial y la forma en que el peronismo bonaerense se preparará para el próximo ciclo electoral, con 2027 como horizonte inevitable.





