La noche empezó con olor a copa. Con la Bombonera explotada mucho antes del pitazo inicial, con las tribunas vibrando como si cada escalón fuera un tambor y con la gente empujando desde la garganta. Boca salió a jugar el partido como se juegan las noches grandes: acelerado, agresivo, convencido de que el golpe debía llegar rápido. Y llegó.
A los 14 minutos del primer tiempo, el estadio se vino abajo. La jugada nació de una infracción sobre el costado izquierdo. Leandro Paredes acomodó la pelota con paciencia de cirujano mientras en el área se armaba el caos. El centro cayó venenoso, pasado, perfecto. Y apareció Miguel Merentiel, que atacó el espacio como un delantero hambriento. Cabezazo seco, red inflada y desahogo monumental. Boca 1-0. La Bombonera era una olla a presión.
El equipo argentino dominaba el clima y también el partido. Cruzeiro intentaba salir, pero chocaba con la intensidad de Boca y con una defensa que jugaba cada pelota como si fuera la última. Sin embargo, el primer aviso serio del conjunto brasileño dejó una señal clara: había espacios y los visitantes podían lastimar.
Ahí apareció la figura silenciosa de la noche. Leandro Brey sostuvo a Boca cuando el partido amenazaba con quebrarse. En el primer tiempo ganó un mano a mano impresionante, achicando rápido y tapando abajo con reflejos salvadores. Fue una de esas atajadas que valen un gol. El juvenil arquero respondió en el momento exacto cuando Cruzeiro empezaba a crecer.
El segundo tiempo arrancó distinto. Boca retrocedió unos metros, perdió precisión y Cruzeiro entendió que el empate era posible. A los 8 minutos llegó el golpe. Centro desde la derecha, pelota sucia en el área y aparición de Fagner para empujar el 1-1. Todo Boca protestó de inmediato. Los jugadores reclamaron una posible mano en el inicio de la acción y el estadio entero quedó congelado esperando la decisión del VAR.
La revisión se hizo eterna. Los hinchas miraban la pantalla buscando una señal, mientras el árbitro esperaba con el dedo en el auricular. Finalmente, el gol fue convalidado. Explosión de bronca en las tribunas y desconcierto dentro de la cancha. Boca sentía que otra vez la tecnología jugaba un partido aparte.
Con el empate, el encuentro entró en un terreno salvaje. Ida y vuelta, pierna fuerte, empujones y un clima completamente caliente. Cruzeiro encontró espacios y volvió a quedar cara a cara con el arquero. Otra vez respondió Brey. Otro mano a mano tapado con una reacción enorme para evitar la caída de Boca. La Bombonera reconoció la atajada con un rugido desesperado.
El final fue un torbellino.A los 42 minutos del segundo tiempo, otra vez apareció Merentiel. Centro al área, rebote, confusión y definición del uruguayo para desatar el delirio. Los jugadores corrían hacia la tribuna mientras el estadio explotaba. Pero otra vez intervino el VAR. Otra vez la espera interminable. Y otra vez la polémica.
El gol fue anulado por una supuesta mano de Delgado en la jugada previa. Las repeticiones dejaron más dudas que certezas. En Boca aseguraban que no existió infracción y que la pelota jamás impactó de manera sancionable. La bronca ya era total. El público insultaba, los jugadores rodeaban al árbitro y el clima se transformaba en una caldera.Pero todavía faltaba la jugada que terminó de incendiar la noche.
En tiempo agregado, un centro cayó dentro del área de Cruzeiro y la pelota impactó claramente en la mano de Romero. Toda la Bombonera pidió penal de inmediato. Los jugadores de Boca se desesperaron reclamando la infracción. Desde las tribunas bajó un grito ensordecedor. Era una mano clarísima. Penal evidente. Sin discusión.
Lo increíble llegó después: el VAR ni siquiera llamó al árbitro para revisar la jugada.La incredulidad se convirtió en furia. Los futbolistas xeneizes quedaron fuera de sí, el banco explotó y el estadio despidió al equipo entre aplausos mezclados con silbidos dirigidos al arbitraje. Boca empató 1-1 con Cruzeiro, pero la sensación final fue mucho más amarga que un simple empate.
La Bombonera terminó encendida. No por el resultado. Por la impotencia. Porque en una noche de copa, entre atajadas heroicas de Brey, goles, revisión tras revisión y decisiones incomprensibles, el partido quedó atrapado bajo la sombra eterna de la polémica.
Con este resultado Boca quedó con 7 unidades en el grupo y obligado en la última fecha a diaputarce el proximo jueves a ganarle a U catolica en la bombonera si o si para poder acceder a los octavos de final de la copa Libertadores.





