Samuel “Chiche” Gelblung murió este miércoles 9 de septiembre de 2026, a los 82 años. El periodista, una de las figuras más reconocidas y controvertidas de los medios argentinos, falleció en el Sanatorio Los Arcos, en el barrio porteño de Palermo, luego de haber sido internado por un cuadro respiratorio.
La noticia fue confirmada por su familia y puso fin a una trayectoria de más de cinco décadas en el periodismo argentino. Gráfica, radio, televisión y medios digitales fueron algunos de los ámbitos en los que desarrolló una carrera caracterizada por la curiosidad, la búsqueda de información y un estilo personal que lo convirtió en un personaje imposible de ignorar.
Gelblung había atravesado diferentes problemas de salud durante los últimos años, pero continuó trabajando y manteniendo una agenda profesional activa. Incluso en la última etapa de su vida siguió al frente de programas televisivos y manifestó en reiteradas ocasiones que no tenía intención de retirarse.
Su recorrido profesional atravesó diferentes generaciones de periodistas y transformaciones profundas de los medios de comunicación. Desde las antiguas redacciones de revistas hasta la televisión y las plataformas digitales, logró mantenerse vigente gracias a una característica que él mismo consideraba fundamental para ejercer el oficio: la curiosidad.
Una infancia marcada por las dificultades y el comienzo de una vida independiente
Chiche Gelblung nació en Buenos Aires en 1944 y creció en Villa Devoto dentro de una familia judía de clase media. Sus primeros años estuvieron atravesados por discusiones políticas, tensiones familiares y una educación marcada por fuertes personalidades.
El apodo que lo acompañaría durante toda su vida surgió cuando era apenas un bebé. Según relató años después, sus familiares comenzaron a llamarlo Chiche porque era considerado “el chiche de la familia”.
La situación dentro de su hogar, sin embargo, no fue sencilla. Sus padres, Berta y Alfredo Gelblung, tenían una activa participación política y parte de esa militancia se desarrollaba de manera clandestina. Su abuelo paterno había sido tesorero del Partido Comunista.
La convivencia familiar estuvo además atravesada por diferencias ideológicas y religiosas. Gelblung recordó en entrevistas que el ambiente doméstico era complejo y que terminó tomando una decisión poco habitual para alguien de su edad: abandonó su casa cuando tenía 14 años.
A partir de ese momento tuvo que aprender a desenvolverse por sus propios medios. Vivió en un depósito de huevos, realizó distintos trabajos y comenzó a acercarse al mundo laboral mientras todavía era adolescente.
Esa experiencia temprana de independencia terminó influyendo en su personalidad y en la manera en que enfrentaría posteriormente la profesión. La necesidad de resolver situaciones por cuenta propia se transformó con los años en una característica de su estilo periodístico.
También tuvo que asumir responsabilidades familiares siendo muy joven. Su hermana menor, Olga, quedó bajo su cuidado y ambos desarrollaron un vínculo especialmente cercano. Años más tarde, Gelblung hablaría con emoción de esa relación y del impacto que le provocó su muerte durante la pandemia.
Su infancia también dejó una marca en la manera en que entendía la familia. El periodista contó que las dificultades afectivas que había experimentado durante sus primeros años lo llevaron a intentar construir una relación diferente con sus propios hijos.
Antes de convertirse en una figura conocida de los medios, además, tuvo una experiencia que sería decisiva: los viajes. Gracias a su trabajo vendiendo la Enciclopedia Británica pudo recorrer Europa siendo muy joven. Londres, París, Roma, Ámsterdam y Lisboa estuvieron entre las ciudades que conoció durante su adolescencia.
Ese contacto temprano con otras culturas contribuyó a formar una mirada amplia sobre el mundo. Su educación fue en buena medida autodidacta y se apoyó en la lectura, las experiencias personales y el contacto directo con diferentes realidades.
De las revistas a la televisión: una carrera construida a fuerza de audacia
El ingreso de Gelblung al periodismo profesional también tuvo características poco convencionales. Sin haber terminado el secundario, consiguió ingresar a una escuela de periodismo y posteriormente llegó a Editorial Atlántida.
En 1966 comenzó allí como pasante y rápidamente empezó a demostrar una capacidad particular para encontrar información. A los 22 años protagonizó una de sus primeras grandes experiencias periodísticas al conseguir ingresar a una reunión privada con el expresidente Arturo Illia.
Aquel episodio fue una señal temprana de la clase de periodista que sería. Gelblung no se caracterizó por esperar pasivamente que las historias llegaran a las redacciones: buscaba caminos para encontrarlas.
Durante sus primeros años también utilizó el seudónimo Mariano Ovejero para firmar determinados trabajos. Su actividad incluyó coberturas internacionales y diferentes géneros periodísticos.
Por un breve período también incursionó en el tango. Llegó a presentarse en La Botica del Ángel, pero finalmente tuvo que elegir entre esa actividad y el periodismo. La profesión terminó imponiéndose.
Uno de los capítulos más importantes de su trayectoria comenzó cuando asumió la dirección de la revista Gente, entre 1975 y 1981. Más tarde también dirigió La Semana.
Desde esos espacios desarrolló un periodismo basado en investigaciones, personajes y temas de fuerte impacto social. Su estilo no buscaba pasar inadvertido y tampoco evitaba las discusiones sobre los límites entre información, entretenimiento y sensacionalismo.
Gelblung defendió durante años su manera de entender el periodismo y cuestionó las etiquetas que intentaban definirlo. Para él, el objetivo era encontrar historias y generar interés en el público.
La televisión llegó más tarde, cuando ya tenía una importante experiencia acumulada en medios gráficos. El periodista consideraba que haber llegado a la pantalla alrededor de los 50 años fue positivo para su carrera, porque para entonces ya había desarrollado una identidad profesional propia.
Durante la década de 1990 se convirtió en uno de los protagonistas del periodismo televisivo. Programas como Memoria le permitieron trasladar a la pantalla su particular manera de investigar y presentar historias.
Sus producciones se caracterizaron por abordar acontecimientos extraordinarios, personajes polémicos e investigaciones que buscaban sorprender al espectador. Esa combinación de periodismo y espectáculo se convirtió en una de las marcas de su carrera.
La radio también ocupó un lugar importante. Gelblung pasó por emisoras como La Red, Continental, Radio 10, Radio Rivadavia y La 100.
Con la llegada de Internet, además, participó en diferentes proyectos digitales y estuvo vinculado con la creación de portales como Minuto Uno, Infoveloz y Rating Cero.
Su carrera, de esta manera, consiguió atravesar distintas etapas de la comunicación argentina. Desde las revistas de papel hasta los medios digitales, Gelblung encontró la manera de mantenerse dentro de la conversación pública.
Cristina Seoane, sus últimos años y el legado de una figura irrepetible
La vida personal de Chiche Gelblung estuvo estrechamente relacionada durante décadas con Cristina Seoane. Ambos se conocieron cuando él dirigía la revista Gente y ella formaba parte del mundo del modelaje.
La relación atravesó momentos difíciles, separaciones y reconciliaciones. Gelblung habló públicamente sobre sus errores y reconoció haber sido infiel en diferentes momentos. Sin embargo, también sostuvo que Seoane había sido el gran amor de su vida.
Se casaron en 1977 y tuvieron tres hijos: Maggie, Mary y Federico. Con el paso de los años llegaron también siete nietos.
La pareja logró sostener una relación de más de cuatro décadas y Cristina Seoane permaneció a su lado durante diferentes etapas de su vida profesional y personal.
En los últimos años, Gelblung enfrentó diversos problemas de salud. En 2020 atravesó una sepsis y neumonía y posteriormente tuvo episodios relacionados con insuficiencia renal que derivaron en nuevas internaciones.
A pesar de esas dificultades, su actividad profesional continuó. Uno de los ejemplos más claros fue su cobertura de la guerra de Ucrania en 2022, cuando tenía 79 años.
Para Gelblung, la edad nunca debía ser un impedimento para seguir trabajando. Su filosofía quedó reflejada en una de sus frases más recordadas: “uno tiene la edad de sus proyectos”.
Esa forma de pensar también explica algunas de sus últimas iniciativas. A los 79 años se había anotado como voluntario para un eventual viaje a la Luna, demostrando que incluso en una etapa avanzada de su vida mantenía intacta la fascinación por lo desconocido.
También era conocido por sus particulares colecciones. En diferentes entrevistas contó que llegó a reunir miles de lapiceras y alrededor de mil corbatas.
Su sentido del humor, incluso al hablar sobre la muerte y sobre sus propios problemas, formaba parte de su identidad pública. Gelblung prefería abordar los temas difíciles desde una mirada directa, muchas veces acompañada por ironía.
El reconocimiento profesional continuó hasta sus últimos años. En 2025 recibió una distinción al mejor programa de magazine en los Martín Fierro de Cable por su trabajo en Crónica TV.
La escena tuvo un significado especial porque estuvo acompañado por Cristina Seoane y su familia. Para entonces, después de décadas de televisión, Gelblung seguía ocupando un lugar destacado dentro de los medios argentinos.
Su último tramo profesional mantuvo esa misma lógica. Continuó conduciendo programas, realizando entrevistas y pensando en nuevos proyectos. Incluso expresó su deseo de volver a impulsar un diario de papel.
La muerte de Chiche Gelblung marca el final de una extensa etapa para el periodismo argentino. Su carrera estuvo atravesada por la controversia, la innovación, la investigación, el entretenimiento y una permanente necesidad de conocer algo nuevo.
No fue una figura sencilla de clasificar. Su estilo generó admiración y críticas, pero logró algo que muy pocos profesionales consiguen: construir una identidad reconocible durante más de medio siglo.
Su historia también muestra cómo las experiencias personales pueden terminar influyendo en una carrera profesional. El adolescente que abandonó su casa a los 14 años, que trabajó para sobrevivir y que aprendió de manera autodidacta terminó convirtiéndose en uno de los periodistas más conocidos de la Argentina.
Gelblung nunca dejó de buscar historias y tampoco dejó de imaginar nuevos proyectos. Hasta sus últimos años sostuvo la idea de que todavía quedaban lugares por conocer, entrevistas por hacer y asuntos por investigar.
Su legado quedará ligado a una manera particular de entender el periodismo y a una generación de medios que ayudó a transformar. Sobre todo, quedará la imagen de un profesional que convirtió la curiosidad en una forma de vida y que, hasta el final, se resistió a dejar de mirar hacia adelante.




