El Mineirão fue una caldera, pero también un escenario cargado de polémica. Boca Juniors perdió 1 a 0 ante Cruzeiro en un partido que dejó más discusión que fútbol. El equipo argentino sufrió no solo el empuje del local, sino también un arbitraje muy cuestionado del uruguayo Esteban Ostojich, que condicionó el desarrollo desde el cierre del primer tiempo.
Boca había comenzado firme, con orden táctico y tratando de cerrar los circuitos de juego del conjunto brasileño. Sin brillar, el equipo lograba incomodar a Cruzeiro, apostando a la recuperación y a la velocidad en ataque. Sin embargo, todo cambió a los 45 minutos del primer tiempo, cuando llegó la jugada que marcaría el rumbo del partido: la expulsión de Adam Bareiro. Una decisión más que discutible, exagerada, que dejó a Boca con diez en el peor momento posible.
A partir de ahí, el partido se inclinó. Cruzeiro creció con la ventaja numérica, manejó la pelota y empezó a arrinconar a un Boca que resistía como podía. En el entretiempo, el entrenador Claudio Úbeda movió el banco, pero sus decisiones no dieron resultado. Los ingresos de Exequiel Zeballos y Nicolás Figal no lograron reordenar al equipo ni aportar soluciones claras en un contexto ya complicado.
Con uno menos, Boca terminó refugiándose en una línea de cinco en defensa, intentando sostener el empate. Durante varios minutos lo consiguió, con esfuerzo, sacrificio y un arquero atento. Pero la presión constante de Cruzeiro terminó dando frutos. A los 38 minutos del segundo tiempo, apareció Neisser Villareal para romper el cero y poner el 1 a 0 definitivo. Un golpe duro, que llegó cuando Boca parecía resistir.
El cierre fue caliente, como toda la noche. Tras el pitazo final, se desató una trifulca entre los jugadores, luego de una provocación del futbolista de Cruzeiro Matheus Pereira, que encendió los ánimos de los jugadores xeneizes. Hubo empujones, discusiones y un clima tenso que reflejó la bronca acumulada por el desarrollo del partido.
Más allá de la derrota, Boca se mantiene como puntero de su grupo gracias a la diferencia de gol. Un dato que sirve de consuelo en una noche marcada por la injusticia arbitral, decisiones cuestionables desde el banco y un resultado que dejó sabor amargo. El equipo deberá recomponerse rápido, porque si algo quedó claro en Belo Horizonte es que, además de jugar, también tendrá que luchar contra todo.






