La difusión del índice de precios al consumidor (IPC) correspondiente a diciembre de 2025 activó, como ocurre cada semestre, la actualización automática de dos pilares centrales del sistema tributario argentino: el impuesto a las Ganancias para trabajadores en relación de dependencia y las escalas del régimen simplificado del Monotributo. A partir de este dato oficial de inflación, ya pueden estimarse con mayor precisión cuáles serán los nuevos valores que comenzarán a regir desde enero y febrero de 2026, aunque todavía resta la publicación formal por parte de ARCA para que las tablas queden plenamente vigentes.
El ajuste responde al mecanismo legal que busca evitar que la inflación empuje, por mero efecto nominal, a más contribuyentes dentro del sistema o a categorías superiores, sin que exista una mejora real del poder adquisitivo. Sin embargo, como suele suceder, el impacto concreto combina alivios parciales con nuevos costos, especialmente en el Monotributo, donde el aumento de los topes de facturación viene acompañado por subas en las cuotas mensuales.
Cómo impacta la inflación en las escalas del Monotributo
Con la inflación acumulada del segundo semestre de 2025 ya definida, las escalas del Monotributo se actualizarían en torno al 14,2%. Este incremento se aplica de manera uniforme sobre los límites de facturación anual de cada categoría, desde la más baja hasta la más alta del régimen.
De este modo, la categoría A —la de menor nivel de ingresos— pasa a tener un nuevo tope de facturación anual que ronda los $10,27 millones, cuando hasta diciembre el límite se ubicaba por debajo de los $9 millones. El salto es relevante para pequeños contribuyentes que venían operando cerca del máximo permitido y que, sin este ajuste, hubieran quedado obligados a recategorizarse o incluso a salir del régimen simplificado.
La misma lógica se replica en el resto de las categorías. La B, la C, la D y así sucesivamente reflejan incrementos proporcionales, lo que permite que el esquema mantenga cierta coherencia interna frente a un contexto inflacionario todavía elevado. En el extremo superior, la categoría K —la más alta del Monotributo— superaría por primera vez el umbral de los $100 millones de facturación anual, ubicándose en torno a los $108 millones.
Este dato no es menor: amplía el margen para profesionales, comercios y prestadores de servicios de mayor volumen que, hasta ahora, estaban permanentemente al límite de quedar excluidos del régimen. No obstante, el alivio es relativo, ya que el aumento de los topes viene acompañado por un ajuste equivalente en el importe a pagar todos los meses.
Cuotas más altas: el otro lado de la actualización
El reacomodamiento del Monotributo no se limita a los ingresos máximos permitidos. También se actualizan los componentes de la cuota mensual, que incluyen el impuesto integrado, los aportes al sistema previsional (SIPA) y la obra social.
En la categoría A, por ejemplo, el impuesto integrado registra un incremento que lo lleva a ubicarse cerca de los $4.800 mensuales. A esto se suma el aumento del aporte jubilatorio y del componente de salud, que también se ajustan por inflación. El resultado es una cuota total sensiblemente más alta que la vigente hasta diciembre, aun para los contribuyentes de menor escala.
En las categorías superiores, el impacto es todavía más marcado en términos absolutos, ya que los montos base son mayores. Así, si bien el Monotributo sigue siendo un régimen simplificado y con carga administrativa reducida, el costo mensual continúa creciendo y se convierte en un factor cada vez más relevante para quienes tienen márgenes ajustados o ingresos irregulares.
Escalas provisorias y la espera por la definición oficial
Un punto clave a tener en cuenta es que los valores que hoy circulan deben interpretarse como estimaciones. ARCA aún no publicó en su sitio web las tablas oficiales con los importes definitivos, y la experiencia indica que suelen existir pequeñas diferencias por redondeos u otros ajustes técnicos.
Por ese motivo, los especialistas recomiendan cautela. Las cifras permiten anticipar el orden de magnitud de los cambios, pero no deberían tomarse como definitivas hasta que el organismo fiscal haga la comunicación formal. Esa publicación es la que habilita, además, los sistemas para realizar trámites como la recategorización.
Recategorización: plazos y criterios a considerar
Con las nuevas escalas, ARCA habilitará el proceso de recategorización semestral, que se realiza en función de los parámetros acumulados en los últimos 12 meses. No se trata solo de la facturación: el régimen también exige evaluar otros indicadores, como la superficie afectada a la actividad, el consumo eléctrico, los alquileres devengados y, en el caso de venta de bienes muebles, el precio unitario máximo.
El plazo habitual para completar este trámite vence a comienzos de febrero. Quienes deban cambiar de categoría tendrán que hacerlo dentro de ese período para evitar sanciones o ajustes retroactivos. En cuanto al impacto en el bolsillo, las nuevas cuotas comenzarán a pagarse a partir de febrero, mientras que enero se liquida todavía con los valores anteriores.
El nuevo piso de Ganancias para trabajadores
En paralelo a la actualización del Monotributo, el dato de inflación de diciembre también redefine las escalas y el mínimo no imponible del impuesto a las Ganancias para trabajadores en relación de dependencia. Aquí el foco está puesto en el llamado “piso”, es decir, el nivel de ingresos a partir del cual se empieza a tributar.
Para el primer semestre de 2026, un trabajador soltero sin hijos comenzaría a pagar Ganancias a partir de una remuneración bruta cercana a los $3 millones mensuales. Traducido a un ingreso neto, luego de los descuentos habituales, ese umbral se ubica apenas por debajo de los $2,5 millones.
La situación cambia según la composición familiar. Quienes tengan un hijo cuentan con un piso más alto, lo que eleva el ingreso neto a partir del cual se activa el impuesto. Con dos hijos, el mínimo se incrementa nuevamente, y en el caso de trabajadores casados con dos hijos, el umbral es sensiblemente mayor, superando los $3,3 millones netos mensuales.
Estas diferencias responden a las deducciones personales previstas en la normativa, que buscan contemplar la carga familiar. Aun así, muchos trabajadores señalan que el impuesto sigue alcanzando a sectores de ingresos medios que, en un contexto de alta inflación, no necesariamente tienen una capacidad contributiva holgada.
Aplicación práctica y devoluciones por ajustes retroactivos
Un aspecto operativo relevante es el momento en que estas nuevas tablas comienzan a aplicarse efectivamente. Si bien los valores rigen desde enero, su implementación depende de que ARCA publique oficialmente las escalas y de que las empresas actualicen sus sistemas de liquidación de sueldos.
Hasta que eso ocurra, los empleadores continúan reteniendo Ganancias con las tablas vigentes del segundo semestre de 2025. Una vez que se incorporen los nuevos valores, se realiza un recálculo retroactivo desde enero. Si el trabajador pagó de más, la diferencia se devuelve en el recibo de sueldo siguiente, mediante un ajuste automático.
Este mecanismo suele generar demoras y confusión, especialmente en los primeros meses del año, cuando conviven distintos valores y los empleados no siempre tienen claridad sobre si están tributando correctamente.
Inflación, impuestos y el efecto nominal
Tanto en Ganancias como en Monotributo, las actualizaciones buscan neutralizar el efecto de la inflación sobre el sistema tributario. Sin estos ajustes, cada suba nominal de salarios o precios empujaría a más personas a pagar impuestos o a subir de categoría, aun cuando su poder adquisitivo real se mantuviera igual o incluso disminuyera.
Sin embargo, la efectividad de este objetivo es materia de debate. En un contexto inflacionario persistente, las actualizaciones semestrales suelen quedar rápidamente desfasadas. Además, en el Monotributo, el incremento de las cuotas reduce parte del alivio que supone la ampliación de los topes de facturación.

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Un escenario abierto a definiciones finales
Hasta que ARCA publique las tablas definitivas, los valores actuales deben entenderse como una referencia. La confirmación oficial permitirá despejar dudas sobre redondeos, importes exactos y el impacto real en cada categoría o situación personal.
Mientras tanto, contadores y tributaristas aconsejan prudencia: evitar decisiones impositivas apresuradas, analizar en detalle cada caso y esperar la comunicación formal del organismo. Una vez difundidos los cuadros finales, quedará claro cómo se reconfigura el mapa tributario en el inicio de 2026 y cuál será, en la práctica, el verdadero alcance de estos ajustes sobre trabajadores y pequeños contribuyentes.





