La 51° Peregrinación Juvenil a Luján se convirtió, una vez más, en el epicentro de una masiva manifestación de fe popular que atravesó el conurbano bonaerense desde la madrugada del sábado. Miles de fieles, de todas las edades y procedencias, iniciaron el camino desde la Iglesia de San Cayetano, en el barrio porteño de Liniers, para recorrer más de 60 kilómetros hasta llegar a la Basílica de Nuestra Señora de Luján, patrona de la Argentina.
El lema elegido para esta edición fue “Madre, danos amor para caminar con esperanza”, un mensaje que refleja el espíritu de búsqueda, agradecimiento y súplica que miles de personas llevan consigo durante la caminata. Tal como ocurre cada año, el lema no es improvisado: surge de la lectura de los cuadernos de intenciones que los fieles dejaron en la edición anterior, donde escriben sus preocupaciones, pedidos y agradecimientos. Esa práctica, repetida desde hace décadas, es lo que permite que la peregrinación tenga cada año una consigna que conecta con la vida cotidiana de los argentinos.
La misa de inicio estuvo encabezada por el arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, quien animó a los peregrinos a caminar no solo con fe, sino también con solidaridad. “La peregrinación es como la vida misma: hay momentos de cansancio y de alegría, pero siempre avanzamos juntos”, expresó. Además, destacó que esta edición tiene un peso emocional particular porque se trata de la primera caminata a Luján tras la muerte del papa Francisco, un hecho que marcó fuertemente a la comunidad católica del país.
Una tradición que atraviesa generaciones
La primera peregrinación juvenil a Luján se realizó en 1975, organizada por grupos de jóvenes católicos que buscaban un gesto público de fe en medio de un contexto político y social convulsionado. Desde entonces, año tras año, la iniciativa se convirtió en una de las expresiones religiosas más multitudinarias de la Argentina, convocando no solo a creyentes comprometidos, sino también a familias enteras, grupos de amigos y personas que deciden caminar en silencio, con la sola intención de pedir o agradecer.
Con más de cinco décadas de historia, la peregrinación trasciende las fronteras de lo estrictamente religioso: es un fenómeno cultural y social que refleja la persistencia de las tradiciones en un país atravesado por crisis económicas, cambios políticos y transformaciones culturales. La marcha hacia Luján se convirtió, así, en un símbolo de resistencia espiritual y de continuidad comunitaria.
Comparación con 2024: lo que cambió y lo que se sostuvo
La edición 2024 estuvo marcada por la incertidumbre política y social tras el primer año de gobierno de Javier Milei. El lema de entonces fue “María, con vos caminamos con fe y esperanza”, y la consigna reflejaba una fuerte carga de expectativa ante la crisis económica y el aumento de la pobreza. Ese año, la convocatoria fue igualmente masiva, aunque los organizadores reconocieron que hubo un clima de mayor tensión: muchos peregrinos caminaban con pancartas vinculadas a reclamos sociales y pedidos de paz ante el clima de conflictividad en los barrios.
En 2025, en cambio, el tono parece haber cambiado levemente. Aunque el país sigue atravesando dificultades económicas y sociales, el lema de este año introduce la palabra “amor” como centro del mensaje. Ese giro semántico no es menor: mientras que el año pasado el eje estaba puesto en sostener la fe y la esperanza frente a la incertidumbre, en esta edición se busca reforzar la idea de afecto, comunidad y cuidado mutuo.
Otra diferencia con respecto a 2024 está en el despliegue organizativo. Según datos del Arzobispado, este año participaron más de 5.500 voluntarios, con más de 100 puestos de hidratación y asistencia sanitaria distribuidos en el recorrido. El número de voluntarios creció alrededor de un 15% en comparación con la edición anterior, lo que permitió mejorar la atención a los caminantes, sobre todo en tramos de mayor cansancio físico.
También hubo una diferencia en la presencia de jóvenes: mientras en 2024 la participación de adolescentes y grupos parroquiales había sido menor por la situación de inseguridad en algunos tramos, este año se notó un regreso masivo de la pastoral juvenil y de colegios católicos, lo que dio un clima de mayor entusiasmo colectivo.
El despliegue en el conurbano y el operativo especial
La magnitud de la peregrinación obligó a un amplio operativo de seguridad y tránsito. Desde La Matanza hasta Moreno, pasando por distritos como Merlo, Ituzaingó y Morón, se dispusieron cortes en avenidas principales, desvíos de tránsito y postas de asistencia. En Luján, el municipio implementó un esquema de calles cerradas durante todo el fin de semana, sabiendo que el arribo de los peregrinos se concentraría en el centro histórico y la plaza frente a la Basílica.
Al igual que en 2024, el sistema ferroviario cumplió un rol clave. Trenes Argentinos reforzó la línea Sarmiento con servicios especiales entre Moreno y Luján, y agregó formaciones nocturnas entre Liniers y Moreno para quienes decidieron sumarse en distintos tramos del recorrido. La decisión respondió a la experiencia del año pasado, cuando la demanda de transporte superó las previsiones y obligó a implementar traslados de urgencia.
Una peregrinación atravesada por el contexto social
Más allá de lo religioso, la caminata de este 2025 estuvo atravesada por reflexiones sobre la realidad social. El arzobispo García Cuerva, al ser consultado por la prensa, se refirió al avance del narcotráfico y la violencia en barrios populares, luego de que hechos de inseguridad sacudieran en las últimas semanas al conurbano bonaerense. “Cuando el Estado se retira de los barrios, el vacío lo ocupan el narcotráfico y la violencia. Los argentinos necesitamos construir un país lejos del narcoestado”, advirtió.
Este tipo de declaraciones no son nuevas en la peregrinación. En 2024, los obispos también habían expresado preocupación por la pobreza y la falta de contención estatal. Sin embargo, este año las referencias fueron más directas y concretas, especialmente a raíz del triple crimen ocurrido en Florencio Varela, lo que puso en primer plano la problemática de la inseguridad vinculada al comercio ilegal de drogas y armas.
El momento esperado: la llegada a la Basílica
El punto culminante de la peregrinación será, como siempre, la misa central en la Basílica de Luján, prevista para el domingo a las 7 de la mañana. La celebración será presidida por el arzobispo García Cuerva y transmitida en vivo por Canal Orbe 21 y el canal oficial de YouTube “La Pere Luján”.
Este año, la imagen peregrina de la Virgen fue llevada por la diócesis de Quilmes, que encabezó la columna principal de caminantes a partir del mediodía. Para muchos de los fieles, ese gesto simboliza la unidad entre distintas comunidades religiosas del Gran Buenos Aires, que cada año se alternan en la responsabilidad de acompañar la imagen durante el trayecto.
Más que una caminata: un gesto de identidad popular
Con más de cinco décadas de historia, la Peregrinación Juvenil a Luján es mucho más que un acto religioso: es un testimonio de identidad cultural y social. En un país atravesado por crisis recurrentes, esta manifestación se sostiene como un espacio donde los argentinos encuentran un lugar para expresar su espiritualidad, su esperanza y también sus reclamos.
Comparada con 2024, la edición de 2025 se percibe como una caminata más organizada, con mayor presencia juvenil y un lema cargado de sentido comunitario. Si el año pasado predominaba la urgencia de aferrarse a la fe en medio de la incertidumbre, este año el énfasis estuvo puesto en caminar juntos con amor, como un gesto de resiliencia y de proyección hacia el futuro.
La llegada de miles de peregrinos a los pies de la Virgen de Luján vuelve a demostrar que esta tradición no se debilita con el paso del tiempo, sino que se renueva y crece, reafirmando su lugar como la manifestación religiosa más multitudinaria de la Argentina.





