El consumo masivo volvió a mostrar señales de fragilidad en el arranque del año. En enero registró una caída interanual del 0,8%, acumulando así tres meses consecutivos en terreno negativo. El dato confirma un cambio de tendencia respecto del primer semestre de 2025, cuando las comparaciones contra los bajos niveles del año previo habían permitido exhibir mejoras estadísticas. Ahora, con una base más exigente y un contexto macroeconómico menos dinámico, la evolución del gasto de los hogares vuelve a encender alertas.
De acuerdo con el relevamiento difundido por la Cámara Argentina de Comercio y Servicios, el retroceso interanual se produjo en un escenario caracterizado por la desaceleración del crédito, el freno en la demanda de bienes durables y una inflación que volvió a tomar impulso en los últimos meses. Sin embargo, en la medición desestacionalizada que compara enero contra diciembre el indicador exhibió una mejora de 0,7%, lo que introduce matices en la lectura del fenómeno.
La dinámica del consumo suele reflejar con relativa rapidez los cambios en el poder adquisitivo y en las expectativas. Por eso, su comportamiento se analiza en conjunto con otras variables clave como el Índice de Precios al Consumidor y el nivel de actividad económica. En enero, el IPC registró un aumento mensual de 2,9%, encadenando cinco meses seguidos por encima del 2%. En términos interanuales, la suba alcanzó el 32,4%, marcando el segundo mes consecutivo de aceleración tras un prolongado período de desaceleración iniciado a mediados de 2024.
Inflación, bases de comparación y actividad económica
El retroceso del consumo no puede entenderse sin considerar el contexto inflacionario. Si bien desde 2024 se consolidó una tendencia hacia mayor estabilidad en los precios en comparación con la crisis previa, durante la segunda mitad de 2025 se observó un leve repunte que impactó sobre el poder de compra. Según el análisis de la CAC, tras un octubre atravesado por tensiones cambiarias asociadas al calendario electoral, el mercado mostró señales de mayor calma gracias a ajustes en el esquema de bandas de flotación y a un incremento en la oferta de divisas.
No obstante, la recomposición del salario real avanza a un ritmo más lento que el registrado en los meses de recuperación de 2025. Esa moderación explica en parte por qué el consumo, que había mostrado variaciones positivas durante buena parte del año pasado, volvió a debilitarse hacia el cierre y el inicio de 2026.
La relación entre consumo y actividad económica es estrecha. En 2024, tanto el Índice de Consumo como el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) registraron variaciones interanuales negativas de forma sistemática, reflejando la profundidad de la recesión. En 2025, ambos indicadores mostraron una recuperación frente a esos niveles deprimidos, aunque con velocidades distintas. Sin embargo, hacia noviembre último dato disponible del EMAE se interrumpió la racha positiva y reaparecieron caídas interanuales.
Ese cambio coincidió con el agotamiento del “efecto base”. Durante la primera mitad de 2025, las mejoras se medían contra un primer semestre de 2024 particularmente débil. A medida que la economía comenzó a recuperarse en la segunda mitad de 2024, las comparaciones se volvieron más exigentes, lo que explica que las variaciones interanuales negativas actuales no necesariamente impliquen un desplome abrupto, sino más bien una estabilización en niveles aún moderados.
En ese sentido, la variación mensual desestacionalizada adquiere mayor relevancia. El avance de 0,7% en enero frente a diciembre sugiere que, pese a la caída interanual, el consumo podría estar transitando una fase de amesetamiento más que de deterioro acelerado.
Desempeño sectorial: contrastes y señales mixtas
El análisis por rubros muestra un panorama heterogéneo. Algunos sectores acompañaron la caída general, mientras que otros lograron crecer y amortiguar el impacto sobre el índice agregado.
El segmento de indumentaria y calzado registró en enero una baja estimada de 0,8% interanual, en línea con el comportamiento del indicador general. El dato adquiere relevancia porque la comparación se realiza contra un enero de 2025 que ya había sido débil. En términos acumulados, el nivel de ventas se ubica varios puntos por debajo del observado dos años atrás, lo que refleja la persistente fragilidad del consumo en bienes no esenciales.
En transporte y vehículos, la variación interanual fue prácticamente nula, con un leve retroceso de 0,1%. Dentro del rubro, el patentamiento de automóviles y motocicletas mostró una reversión tras un 2025 de subas sostenidas. Ese freno impactó en la demanda vinculada al sector, que había sido uno de los motores de la recuperación en bienes durables.
Recreación y cultura, por su parte, exhibió una caída de 3,7% interanual, acumulando su segundo mes consecutivo en baja. Luego de una etapa de recuperación durante buena parte del segundo semestre de 2025, el gasto en actividades recreativas volvió a contraerse, probablemente influido por la menor disponibilidad de ingresos discrecionales.
En contraste, vivienda, alquileres y servicios públicos mostró un crecimiento interanual de 7,1%. Este rubro aportó positivamente al índice general y contribuyó a moderar la caída agregada. Sin embargo, su expansión no necesariamente refleja mayor dinamismo del consumo voluntario, sino en muchos casos el impacto de ajustes tarifarios y aumentos en contratos de alquiler.
El resto de los sectores registró una contracción cercana al 2,9% interanual. En perspectiva histórica, el nivel de consumo agregado se ubica en valores similares a los de enero de 2020, antes del impacto de la pandemia, lo que muestra que la recuperación de los últimos dos años aún no logró consolidar un sendero sostenido de crecimiento.

Crédito y bienes durables: el freno tras la recuperación
Uno de los factores centrales detrás de la desaceleración es la pérdida de impulso del crédito. Tras el desplome de comienzos de 2024, el financiamiento en términos reales creció de manera sostenida hasta los últimos meses de 2025. El crédito a los hogares lideró esa expansión durante casi dos años, apuntalando el consumo de bienes durables.
Sin embargo, hacia el último trimestre comenzó a observarse un amesetamiento. Las tarjetas de crédito y los préstamos personales, que habían mostrado un fuerte dinamismo, empezaron a desacelerarse. El crédito prendario e hipotecario también moderó su ritmo de crecimiento, con una recuperación más gradual debido a su menor volumen relativo.
En paralelo, se frenaron indicadores asociados a decisiones de mayor envergadura, como el patentamiento de autos y las escrituras inmobiliarias. Las ventas de electrodomésticos, en tanto, permanecieron estables, sin el impulso que habían mostrado meses atrás.
Este comportamiento sugiere que el consumo de bienes durables que había sido uno de los pilares de la recuperación atraviesa una etapa de pausa. Mientras tanto, el consumo masivo avanza a un ritmo más lento, condicionado por la evolución de los ingresos y la inflación.
En síntesis, la economía argentina transita una fase de transición. Luego de un 2024 marcado por una fuerte contracción y un 2025 de rebote apoyado en la baja base de comparación y en la expansión del crédito, el inicio de 2026 muestra un escenario más moderado. El consumo masivo cae en términos interanuales, pero exhibe leves señales positivas en la medición mensual.
Los próximos meses serán decisivos para determinar si el consumo logra consolidar una trayectoria estable o si la combinación de inflación persistente y crédito más acotado profundiza la desaceleración. También estará en juego la composición del gasto de los hogares: si los bienes durables retoman protagonismo o si se impone una mayor prudencia en las decisiones de compra. Por ahora, los datos reflejan cautela y un crecimiento que, lejos de ser vigoroso, avanza con pasos cortos en un contexto todavía frágil.
Foto: Bristol Hotel





