3J: A diez años del grito que cambió todo

El 3 de junio de 2015, una multitud ocupó las plazas de todo el país con un solo mensaje: “Ni una menos”. Fue el hartazgo colectivo frente a los femicidios, la violencia estructural y la desidia institucional. Nacía así un movimiento que no solo visibilizó el horror cotidiano que sufren las mujeres y disidencias, sino que también puso en palabras algo que ya se sentía en las calles, en los cuerpos, en las casas: basta.

Diez años después, la pregunta es inevitable: ¿qué cambió?

Por un lado, mucho. El feminismo dejó de ser una palabra marginal o incómoda para pasar a ser parte del debate público, de los medios, de la política y hasta de los grupos de WhatsApp familiares. Se sancionaron leyes fundamentales como el aborto legal, seguro y gratuito; el cupo laboral travesti trans; la Ley Micaela; y se fortalecieron programas de acompañamiento a víctimas de violencia de género. Las pibas tomaron las escuelas, las universidades sumaron espacios de género, y los varones, al menos algunos, empezaron a revisar sus privilegios.

Pero no alcanza.

Porque las cifras siguen doliendo: una mujer es asesinada cada 30 horas en Argentina. Porque aún hay jueces que revictimizan, policías que no toman denuncias, medios que siguen hablando de “crímenes pasionales”. Porque en los barrios populares, en las provincias más conservadoras o en las comunidades indígenas, las violencias se multiplican y el Estado sigue llegando tarde, o no llega. Porque ser mujer o disidencia sigue siendo un factor de riesgo en este país.

Hoy, más que nunca, el 3J no es una fecha conmemorativa. Es un recordatorio de que el feminismo no es moda ni consigna de campaña. Es una herramienta de supervivencia. Es la voz de quienes ya no están. Es la fuerza de quienes no se callan. Es también la bronca de ver cómo algunos sectores quieren retroceder con discursos de odio, negación o cinismo.

Marchamos porque estamos vivas. Marchamos por las que no. Marchamos porque la deuda sigue siendo con nosotras.

Ni una menos. Vivas, libres y desendeudadas nos queremos.

Foto: A24.com

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