En un nuevo capítulo de la creciente disputa geopolítica entre potencias, China reafirmó su estrategia de acercamiento hacia América Latina como alternativa al modelo de unilateralismo y proteccionismo comercial que impulsó Estados Unidos bajo la presidencia de Donald Trump. Así lo expresó de forma contundente el presidente chino Xi Jinping durante la apertura del IV Foro Ministerial China-CELAC, celebrado esta semana en la capital del gigante asiático.
El evento reunió a representantes de los 33 países que integran la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), en un gesto político de alto simbolismo para el sur global. El mandatario chino subrayó su rechazo a las «conductas intimidatorias» en la política exterior y al uso de aranceles como herramienta de presión, enviando un mensaje directo a las políticas que caracterizaron a la administración Trump y que todavía influyen en sectores del gobierno estadounidense actual.
“Nos oponemos firmemente al proteccionismo, al unilateralismo y a toda forma de coerción”, declaró Xi frente a una audiencia compuesta por líderes regionales, ministros de relaciones exteriores y funcionarios de alto nivel.
Una oferta concreta de cooperación
Durante el foro, China anunció un paquete de cooperación multilateral por más de 9.000 millones de dólares, que incluye líneas de crédito flexibles, inversiones directas en infraestructura, transferencia tecnológica, programas de seguridad, intercambios académicos y el fortalecimiento del comercio bilateral.
Xi también prometió aumentar las importaciones de productos latinoamericanos, especialmente agrícolas y energéticos, en un esfuerzo por equilibrar la balanza comercial y fomentar un desarrollo más simétrico. La medida fue celebrada por países como Brasil, Argentina, Perú y Ecuador, que buscan diversificar sus mercados de exportación.
Además, China reiteró su invitación a más países latinoamericanos para sumarse a la Iniciativa de la Franja y la Ruta (conocida como la Nueva Ruta de la Seda), a la cual ya adhirieron 20 naciones de la región. Este ambicioso plan global de infraestructura busca interconectar los continentes a través de inversiones chinas en puertos, ferrocarriles, carreteras y telecomunicaciones.
América Latina responde con entusiasmo… y cautela
Presidentes como Luiz Inácio Lula da Silva (Brasil), Gustavo Petro (Colombia) y Gabriel Boric (Chile) participaron activamente en el foro, manifestando su intención de construir una política exterior autónoma, lejos de las presiones hegemónicas tradicionales.
“Nuestro destino debe depender de nuestras propias decisiones, no de imposiciones externas ni de falsas dicotomías geopolíticas”, sentenció Lula da Silva durante su intervención.
Por su parte, el presidente colombiano Gustavo Petro abogó por un modelo de integración regional latinoamericana que potencie los vínculos con China sin perder independencia estratégica. Boric, en tanto, hizo hincapié en la necesidad de que las relaciones con China incluyan compromisos en materia de derechos humanos, sostenibilidad ambiental y trabajo digno.
A pesar del entusiasmo por la cooperación con la segunda economía del mundo, algunos gobiernos mantienen una postura más cautelosa. Panamá, por ejemplo, ha comenzado a limitar ciertos acuerdos con Beijing tras recibir presiones diplomáticas de Washington, especialmente en lo relativo al control del Canal de Panamá, una vía estratégica de comercio global.
Estados Unidos observa con creciente inquietud
El avance chino en América Latina no pasa desapercibido en los Estados Unidos, que históricamente consideraron la región como su zona de influencia natural. Desde el Departamento de Estado se han multiplicado las advertencias sobre los “riesgos” de una dependencia excesiva de Beijing, aunque la retórica estadounidense ha perdido eficacia frente a los hechos: China es ya el principal socio comercial de Brasil, Perú y Chile, y el segundo de la región en su conjunto.
Además, el progresivo debilitamiento del liderazgo norteamericano en organismos multilaterales, sumado a su política exterior errática durante y después de Trump, ha dejado un vacío que China está dispuesta a llenar.
¿Un nuevo orden global?
El foro CELAC-China no solo sirvió para sellar acuerdos económicos, sino también para enviar un mensaje político claro: América Latina busca convertirse en un actor con voz propia en el escenario internacional. Lejos de querer elegir entre Estados Unidos o China, la región apuesta por una multipolaridad global en la que pueda establecer alianzas diversas sin subordinación.
La declaración final del foro insistió en la necesidad de “relaciones de respeto mutuo, beneficio compartido y desarrollo común”, y abogó por reforzar el papel de la CELAC como bloque de diálogo en la arquitectura internacional.





