La decisión del gobernador Axel Kicillof de avanzar con el desdoblamiento de las elecciones en la provincia de Buenos Aires encendió la mecha dentro del peronismo. La fractura con el kirchnerismo más duro ya no es un secreto, y Cristina Fernández de Kirchner, hasta hace poco su principal aliada, no disimula su malestar: “Si desdoblan, están rompiendo”, habría lanzado la expresidenta, según fuentes cercanas a La Cámpora.
Kicillof anunció que las elecciones bonaerenses se realizarán de forma separada a las nacionales, una jugada que muchos interpretan como un movimiento estratégico para despegar su imagen de la crisis nacional y proteger su posible reelección. Sin embargo, en el cristinismo lo leen como una traición política.
La intendenta de Quilmes, Mayra Mendoza, fue una de las primeras en alzar la voz: “La decisión fue completamente unilateral, no se discutió en el espacio”, sostuvo con evidente molestia. Desde el entorno de CFK aseguran que no solo no hubo consulta previa, sino que el anuncio cayó como una bomba en medio de las negociaciones para reorganizar el peronismo.
El trasfondo es claro: Cristina no quiere perder el control del bastión bonaerense, el territorio clave que fue durante años la columna vertebral del kirchnerismo. Pero Kicillof, con el respaldo de una parte del PJ más moderado, está decidido a marcar autonomía y construir poder propio. El desdoblamiento es la señal más clara de ese distanciamiento.
En paralelo, se multiplican las versiones que sugieren que la propia Cristina podría encabezar una lista en la provincia, como respuesta directa a la maniobra del gobernador. En ese escenario, el Frente de Todos podría llegar a las elecciones totalmente fracturado, con más de una boleta peronista en el cuarto oscuro.
Mientras tanto, la oposición observa en silencio, con la expectativa de que la interna oficialista le allane el camino. Y Javier Milei, desde la Casa Rosada, suma un nuevo motivo para frotarse las manos: el peronismo, su principal rival, se pelea entre sí.
Lo que viene será determinante. Porque si el desdoblamiento avanza, no solo se reconfigura el mapa electoral bonaerense, sino también el liderazgo dentro del peronismo. Y en esa disputa, nadie está dispuesto a ceder.





