El Ministerio de Economía enfrentó ayer un test clave en su estrategia de financiamiento interno: la renovación de un mega vencimiento de $14,8 billones en títulos de deuda en pesos. El resultado, aunque mejor de lo que temían algunos operadores, no estuvo exento de riesgos: se logró refinanciar el 61% del total —unos $9,1 billones—, pero quedaron libres $5,7 billones que ahora presionan sobre un mercado financiero en plena recalibración.
La licitación se desarrolló en un clima condicionado por la volatilidad de las tasas en pesos y por la reciente absorción masiva de liquidez que produjo el desarme de las Letras Fiscales de Liquidez (Lefi). Esa decisión, tomada para reorganizar el esquema de deuda del Tesoro, inyectó $10 billones en el sistema y forzó a Economía a convalidar rendimientos más altos para retener a los inversores.
Tasas en alza para retener pesos
Las Letras Capitalizables (Lecap) de vencimiento más corto volvieron a ser las grandes protagonistas. La que vence el 12 de septiembre fue colocada a una tasa mensual del 4,48% —superior a las expectativas inflacionarias—, mientras que la que expira el 30 de septiembre cerró en 4,20% mensual.
El menú de la licitación incluyó además:
- Lecap con vencimientos el 31 de octubre y 10 de noviembre de 2025.
- Una nueva Lecap al 16 de enero de 2026.
- Un Boncap al 13 de febrero de 2026.
- Un Boncer ajustado por CER al 31 de octubre de 2025.
- Un bono dólar linked al 15 de diciembre de 2025.
- Tres instrumentos en pesos ajustados por la tasa TAMAR, con vencimientos en noviembre de 2025, enero y febrero de 2026.
El secretario de Finanzas, Pablo Quirno, defendió la estrategia:
“El objetivo fue sostener la demanda de instrumentos en pesos y reforzar la curva de vencimientos, evitando concentraciones peligrosas hacia fin de año”.
El Banco Central como actor de respaldo
En paralelo, el Banco Central habilitó una nueva ventanilla de liquidez en la rueda REPO de SIOPEL, entre las 17 y las 17:30, para permitir a los bancos obtener fondos y cumplir con los encajes sin desprenderse de sus posiciones en títulos públicos.
El director del BCRA, Federico Furiase, explicó que no se trata de una emisión neta:
“Es una operatoria entre bancos y Banco Central. Los fondos que se prestan vuelven al Central como encajes a tasa cero. No es un estímulo monetario, sino una medida para ordenar flujos de liquidez en un momento de tasas altas”.
Contexto político y económico
La operación se dio en medio de un escenario de doble presión:
- Política monetaria restrictiva: el aumento de encajes y el retiro de pesos buscan frenar el traslado a precios y contener la brecha cambiaria.
- Necesidad de financiamiento interno: con los mercados internacionales cerrados para la Argentina, el Tesoro depende del rollover local para evitar emisión.
La combinación de tasas altas, menor liquidez y vencimientos crecientes representa un desafío para la economía real. Para las empresas, implica mayores costos de financiamiento; para el Estado, un riesgo de que parte de los pesos liberados busquen cobertura en el dólar.
Lo que mira el mercado
Los analistas coinciden en que el resultado evitó un escenario más crítico, pero advierten que el costo financiero sigue escalando. Según consultoras privadas, el rendimiento efectivo anual de las Lecap cortas ya roza niveles equivalentes a una tasa nominal anual de tres dígitos.
De cara a la próxima licitación, programada para fin de agosto, la clave será ver si el Gobierno logra sostener el nivel de renovación sin seguir aumentando los intereses, algo que podría tensionar aún más las cuentas fiscales.
En palabras de un operador de una mesa de dinero porteña:
“Fue un partido que se ganó por la mínima. El Tesoro retuvo buena parte de la pelota, pero dejó muchos pesos sueltos en la cancha, y en este contexto, esos pesos siempre buscan refugio rápido”.







