Los vecinos de La Plata enfrentan un nuevo golpe al bolsillo: las expensas continúan en alza y, según administradores de consorcios, ya superan los índices de inflación publicados por el INDEC. En lo que va del año, el aumento promedio mensual ronda el 2,5%, mientras que la inflación oficial se ubica en torno al 1,9%.
Este desfasaje no solo genera preocupación entre propietarios e inquilinos, sino que también pone en evidencia una dinámica que se repite mes a mes: el costo de mantener un edificio se encarece por encima del resto de los precios de la economía.
Montos que impactan
Actualmente, un departamento de uno o dos ambientes en edificios sin grandes servicios paga entre $80.000 y $120.000 mensuales en concepto de expensas. En construcciones medianas o grandes, con amenities como seguridad, mantenimiento técnico o limpieza especializada, los valores ya trepan a cifras que oscilan entre los $120.000 y $180.000.
Administradores consultados advierten que el principal componente de las expensas es el personal de edificios, que puede representar hasta el 75% del total. A esto se suman los costos de mantenimiento, servicios técnicos, insumos de limpieza, seguros y vigilancia privada, que también registran aumentos constantes.
Morosidad en ascenso
Otro dato que enciende alarmas es el nivel de morosidad en el pago de expensas, que ya alcanza el 15% en la ciudad. Este porcentaje se asemeja al registrado en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y refleja las dificultades económicas que atraviesan muchas familias platenses.
Desde las administraciones señalan que, si bien se intenta negociar con los vecinos que presentan atrasos, la acumulación de deudas pone en riesgo el funcionamiento básico de los consorcios. En algunos casos, ya se han tenido que postergar tareas de mantenimiento o reducir servicios para evitar mayores desequilibrios financieros.
Un problema estructural sin solución a la vista
La falta de regulación específica sobre los aumentos de expensas, sumada a la inflación general y a la presión de los costos laborales, configura un escenario complejo que afecta directamente la calidad de vida urbana. Mientras tanto, los vecinos deben reorganizar sus economías domésticas para afrontar un gasto que, lejos de ser secundario, se ha convertido en uno de los más difíciles de sostener.






