El último relevamiento nacional mostró una leve baja en la percepción ciudadana sobre la administración nacional. Aunque la variación fue moderada, el informe expone diferencias profundas según edad, género, nivel educativo y expectativas económicas.
El Índice de Confianza en el Gobierno (ICG) elaborado por la Universidad Torcuato Di Tella se ubicó en 2,38 puntos en febrero, con una caída del 0,6% respecto de enero. El estudio permite observar no solo la evolución mensual sino también el clima político y social que atraviesa el país en el inicio de 2026.
La evaluación pública sobre la gestión nacional registró en febrero un nuevo movimiento descendente, en un contexto económico todavía exigente y con un escenario político en reconfiguración. El Índice de Confianza en el Gobierno (ICG), que mide la percepción ciudadana en una escala de 0 a 5, se ubicó en 2,38 puntos, según el informe difundido por la Escuela de Gobierno de la Universidad Torcuato Di Tella. La variación representa una baja del 0,6% en comparación con enero.
Si bien el retroceso es leve y se mantiene dentro de los márgenes habituales de fluctuación, el dato adquiere relevancia porque confirma una tendencia de estabilidad con matices, donde no se observan saltos abruptos pero sí señales de desgaste en áreas sensibles. En particular, la evaluación sobre la capacidad de resolver problemas estructurales volvió a mostrar fragilidad.
En términos políticos, el indicador funciona como un termómetro del humor social. No anticipa resultados electorales, pero sí refleja expectativas, niveles de paciencia social y percepción sobre la dirección del país. En ese marco, el desempeño del gobierno de Javier Milei mantiene un promedio acumulado de 2,44 puntos desde el inicio de la gestión, con oscilaciones acotadas entre 1,94 y 2,86.
Cómo se construye el índice y qué explica la baja de febrero
El ICG se compone de cinco dimensiones que permiten desagregar la confianza en aspectos específicos: evaluación general del gobierno, honestidad de los funcionarios, eficiencia en la administración del gasto público, capacidad para resolver los problemas del país y preocupación por el interés general.
En febrero, el comportamiento fue heterogéneo. La percepción sobre la honestidad de los funcionarios mostró una mejora del 2,6% y alcanzó los 2,76 puntos. También subió la valoración de la eficiencia en el manejo del gasto público, con 2,29 puntos y un incremento del 2,7%.
Estos datos indican que una parte del electorado continúa respaldando el discurso de orden fiscal y transparencia administrativa. Sin embargo, esa mejora no fue suficiente para compensar los retrocesos en otras áreas centrales.
La capacidad para resolver los problemas del país cayó 4,9% y se ubicó en 2,70 puntos. También descendió la evaluación general del gobierno, que quedó en 2,18 puntos, y la percepción sobre la preocupación por el interés general, que se posicionó en 1,99 puntos.
La combinación de estas variaciones explica el resultado final. Cuando el componente vinculado a la resolución de problemas retrocede, el impacto en la confianza global suele ser más fuerte que las mejoras en áreas administrativas. En un escenario atravesado por debates sobre inflación, ingresos y actividad económica, la expectativa de soluciones concretas pesa más que la valoración técnica de la gestión.
El relevamiento fue realizado por Poliarquía Consultores entre el 2 y el 12 de febrero, sobre mil casos en 37 localidades del país. El margen de error informado es de ±0,07 puntos, con un intervalo de confianza que ubica el resultado entre 2,26 y 2,51.
Jóvenes más confiados y brecha de género en aumento
El análisis sociodemográfico del estudio ofrece claves relevantes para interpretar el escenario político. La confianza no es homogénea y presenta diferencias marcadas entre segmentos.
Por edad, el grupo de 18 a 29 años registró el nivel más alto de confianza con 2,99 puntos y un crecimiento mensual de 10,7%. Este dato confirma que el respaldo más sólido continúa concentrándose entre los votantes más jóvenes, un segmento que fue determinante en la elección presidencial.
En cambio, los grupos de 30 a 49 años y los mayores de 50 mostraron leves retrocesos. La diferencia generacional sugiere que la evaluación del presente económico incide con mayor intensidad entre quienes atraviesan etapas de mayor responsabilidad laboral y familiar.
En cuanto al género, la brecha volvió a ampliarse. Entre los hombres, el índice alcanzó 2,62 puntos, con una suba del 4%. Entre las mujeres descendió a 2,11 puntos, lo que implica una caída del 7%. La distancia de 0,51 puntos es mayor a la registrada el mes anterior y consolida una diferencia persistente en la percepción de la gestión.
En el plano educativo, quienes completaron el nivel secundario exhibieron el mayor nivel de confianza (2,56 puntos). Les siguieron quienes poseen estudios terciarios o universitarios (2,41 puntos), aunque en este caso con una baja mensual. El nivel más bajo se registró entre quienes solo alcanzaron la primaria (1,56 puntos).
Interior con mayor respaldo y dudas en el área metropolitana
La variable territorial también mostró contrastes significativos. El Interior del país presentó un ICG de 2,60 puntos y fue la región con mejor desempeño relativo. En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires el índice se ubicó en 2,10 puntos, mientras que en el Gran Buenos Aires fue de 2,04.
Las caídas en el área metropolitana reflejan un clima social más exigente, posiblemente vinculado al impacto directo de la actividad económica, el consumo y el empleo urbano. En el Interior, en cambio, el respaldo aparece más consolidado, aunque con variaciones menores.
Otro dato relevante surge al observar la experiencia frente a la inseguridad. Quienes manifestaron haber sido víctimas de delitos en el último año mostraron un nivel de confianza de 2,00 puntos, frente a 2,50 entre quienes no atravesaron esa situación. Aunque la brecha se redujo respecto de enero, la diferencia sigue siendo significativa.
Expectativas económicas: el factor que más incide en la confianza
El componente que muestra mayor correlación con el nivel de confianza es la expectativa sobre la economía futura. Entre quienes creen que la situación mejorará dentro de un año, el índice alcanzó 4,30 puntos. En contraste, quienes anticipan un empeoramiento registraron apenas 0,43 puntos.

La diferencia es contundente y confirma que la confianza política está estrechamente vinculada a la percepción de horizonte económico. Más allá de la evaluación del presente, lo que determina el respaldo es la expectativa de mejora.
Este punto resulta central en un año en el que el gobierno busca consolidar la estabilización macroeconómica y sostener el discurso de transformación estructural. Si las expectativas se mantienen positivas en determinados sectores, el nivel de confianza puede sostenerse aun frente a tensiones coyunturales.
Comparación histórica y perspectiva política
Desde una mirada comparada, el promedio de 2,44 puntos que acumula la actual gestión supera los niveles observados en períodos equivalentes de administraciones anteriores. En febrero de 2018, bajo el mandato de Mauricio Macri, el índice se ubicaba en 2,32 puntos. En febrero de 2022, durante la presidencia de Alberto Fernández, el valor era de 1,49.
La diferencia frente a 2022 es particularmente amplia en términos porcentuales. Sin embargo, el estudio aclara que el ICG no debe interpretarse como una proyección electoral, sino como una herramienta de seguimiento del clima de opinión pública.
El leve descenso de febrero no implica un cambio drástico en la tendencia general. Sí marca un momento de mayor sensibilidad social en áreas vinculadas a la resolución de problemas concretos y a la evaluación integral de la gestión.
En un contexto de ajustes económicos, reordenamientos políticos y debate público intenso, la evolución del índice en los próximos meses será clave para determinar si la caída se consolida o si se trata de una oscilación puntual dentro de un ciclo más amplio de estabilidad relativa.





