Vicente López tenía todos los condimentos para una noche especial. Cinco mil hinchas de Boca volvieron a acompañar al equipo como visitantes, Martín Palermo estaba en el banco de Platense frente al club donde se convirtió en ídolo y Rodolfo Arruabarrena dirigía al Xeneize en una cancha que prometía una batalla cerrada.
Y el partido no defraudó en tensión: Platense golpeó primero, Boca quedó contra las cuerdas y, cuando parecía que el Calamar se quedaba con una victoria enorme, Miguel Merentiel apareció para rescatar el 1-1.
El empate dejó sensaciones diferentes: alivio para Boca, orgullo para Platense y la certeza de que el equipo de Arruabarrena todavía tiene cuestiones por resolver.
El contexto tampoco era menor. Boca llegaba después del triunfo 3-1 ante Recoleta por la Copa Sudamericana y con la cabeza puesta en la revancha de los octavos de final.
Platense, por su parte, atravesaba un momento de reconstrucción desde la llegada de Palermo y venía de ganarle 1-0 a Independiente. La quinta fecha del Torneo Clausura encontraba a los dos necesitados de puntos y obligados a administrar energías.
Desde el comienzo, Boca intentó hacerse dueño de la pelota.
Con Leandro Paredes como eje y una línea de volantes que buscaba manejar el ritmo, el Xeneize consiguió mayor posesión y circulación. Platense eligió otro camino: esperar, cerrar espacios y salir rápido cada vez que encontraba un hueco.
El plan de Palermo era claro. No regalar metros y obligar a Boca a jugar incómodo.
El primer tiempo tuvo justamente esa pelea táctica. Boca tenía más la pelota, pero Platense generaba situaciones que obligaban a Álvaro Montero a estar atento.
El arquero colombiano terminó siendo uno de los nombres importantes de la noche y sostuvo al visitante en momentos en los que el local consiguió romper la estructura defensiva.
Se registró, durante su seguimiento estadístico, una posesión favorable a Boca de 62% contra 38% de Platense y seis atajadas de Montero frente a dos de Juan Pablo Cozzani.
Pero tener la pelota no siempre significa controlar el partido. Boca podía moverla de un lado al otro, aunque le costaba muchísimo transformar esa circulación en peligro real. Platense, en cambio, encontraba espacios con menos posesión y obligaba al fondo azul y oro a retroceder.
El Calamar entendía que el partido podía ganarse desde la paciencia.Y entonces llegó el golpe.A los 53 minutos, Nicolás Retamar apareció para romper el cero. Platense aprovechó un desajuste defensivo de Boca y el mediocampista ofensivo no perdonó.
Recibió con espacio, encontró el camino hacia el arco y definió para poner el 1-0.
El estadio Ciudad de Vicente López explotó. El Calamar había conseguido exactamente lo que buscaba: pegar primero y obligar a Boca a abandonar cualquier especulación.
Para Boca, el gol fue un baldazo de agua fría.Arruabarrena tuvo que mover el banco y acelerar un partido que hasta entonces había manejado con demasiada tranquilidad.
El entrenador ya había realizado modificaciones obligadas por problemas físicos: Marco Pellegrino y Leandro Paredes no pudieron continuar en el segundo tiempo. La salida de Paredes, además, significó perder a uno de los futbolistas encargados de darle claridad a la circulación.Con el resultado en contra, Boca comenzó a empujar.
Ya no importaba tanto la elaboración prolija. Había que atacar. Platense retrocedió algunos metros y encontró en Cozzani otra figura para sostener la ventaja.
Cada centro, cada pelota dividida y cada avance del Xeneize empezaron a generar nerviosismo.El partido se transformó en un ida y vuelta de tensión. Boca tenía más iniciativa y acumulaba jugadores cerca del área, mientras Platense apostaba a encontrar el segundo golpe en una contra.
La diferencia era mínima y cualquier detalle podía cambiar la historia.Hasta que apareció Merentiel.El delantero uruguayo volvió a demostrar por qué es uno de los atacantes más importantes del plantel.
Boca construyó una de sus mejores acciones ofensivas del segundo tiempo y Merentiel estuvo donde debía estar: cerca del área, atento a la jugada y preparado para aprovechar la oportunidad.
El empate llegó cuando el Xeneize más lo necesitaba y devolvió el partido a cero en cuanto a diferencias.El 1-1 cambió completamente el clima.
Los hinchas de Platense pasaron de celebrar una victoria que parecía cercana a sufrir por un resultado que se les escapaba. Boca, en cambio, recuperó aire.
El empate no era el resultado que había ido a buscar, pero después de estar abajo en el marcador tenía valor.Las estadísticas explican parte de esa historia. Boca terminó imponiendo su dominio territorial y de posesión en el registro: 62% de tenencia contra 38% de Platense y 296 pases completos frente a 173 del Calamar. Sin embargo, Platense fue capaz de generar peligro con menos pelota y obligó a Montero a intervenir en varias oportunidades.
El dato más contundente fue justamente el de los arqueros: Montero terminó con seis salvadas en el seguimiento estadístico, mientras Cozzani registró dos.
También Boca tuvo una ventaja importante en los pases completados y en los tiros de esquina, con siete contra dos. Es decir: el Xeneize tuvo más control del balón y más presencia territorial, pero necesitó sufrir para conseguir un punto.
El empate también extendió una tendencia reciente de Boca en el campeonato. El equipo de Arruabarrena volvió a igualar después del 1-1 frente a Vélez y sumó otro resultado que lo mantiene con cinco puntos en la Zona A al momento del seguimiento.
Antes había vencido a Estudiantes e igualado con Newell’s, mientras que Platense alcanzó los cinco puntos después de este empate.Para Palermo, en cambio, el resultado tiene una lectura positiva.
Su equipo volvió a demostrar que puede competir ante un rival de enorme jerarquía y estuvo muy cerca de quedarse con los tres puntos. El entrenador, que tuvo un recibimiento especial por parte de los hinchas de Boca y protagonizó un afectuoso saludo con Arruabarrena antes del encuentro, vivió una noche cargada de emociones.
Para Boca, el análisis es más complejo. El empate evita una derrota que habría golpeado fuerte, pero también deja preguntas. El equipo volvió a tener la pelota, volvió a generar tramos de dominio y otra vez mostró capacidad de reacción.
Sin embargo, le costó convertir ese dominio en ocasiones claras y necesitó que Merentiel apareciera para evitar una noche amarga.Y el calendario no da tiempo para lamentarse. El Xeneize tiene por delante la revancha de los octavos de final de la Copa Sudamericana frente a Recoleta, después del 3-1 conseguido en la ida. La cabeza estará puesta en cerrar la clasificación, pero el 1-1 ante Platense deja una señal clara: Boca puede tener variantes, puede rotar y puede reaccionar, pero todavía necesita encontrar una regularidad que le permita dominar los partidos sin depender de la épica del final.
En Vicente López, Boca estuvo contra las cuerdas, recibió un golpe que lo dejó al borde de la caída y terminó sacando fuerzas para volver a levantarse. Platense tuvo la victoria en sus manos y se le escapó en el tramo final. El 1-1 no dejó a nadie completamente satisfecho, pero sí dejó algo claro: el Boca de Arruabarrena todavía está en construcción, y cada partido empieza a convertirse en una prueba para saber cuánto puede crecer este equipo cuando la temporada entra en su tramo más exigente.Platense 1-1 Boca Juniors.
Retamar encendió la ilusión del Calamar. Merentiel apagó la fiesta. Y Vicente López terminó siendo escenario de otro empate que, para Boca, vale más por cómo lo consiguió que por lo que suma en la tabla.






