Boca necesitaba una noche así. Una noche de esas en las que el golpe inicial no se transforma en una tragedia, sino en combustible. Una noche en la que el equipo parece tambalear, recibe un cachetazo inesperado y, cuando todo indica que el partido puede complicarse, encuentra la reacción. En el Tomás Adolfo Ducó, lejos de La Bombonera por el mal estado del campo de juego, el Xeneize venció 3-1 a Deportivo Recoleta de Paraguay por la ida de los octavos de final de la Copa Sudamericana y consiguió una ventaja importante para la revancha.
Pero el resultado final cuenta apenas una parte de la historia. Porque Boca tuvo que remontar. Porque durante un buen tramo estuvo incómodo. Porque Recoleta se animó a golpear primero y porque el equipo de Rodolfo Arruabarrena recién pudo mostrar su mejor versión después del descanso. Y porque, cuando apareció el espacio, Boca aceleró y convirtió una noche que había comenzado con preocupación en una fiesta.
El arranque fue una cachetada.
Apenas habían pasado cinco minutos cuando Pedro Ríos encontró el espacio y sacudió el arco de Boca para poner el 1-0. El conjunto paraguayo no necesitó demasiado para conseguir lo que había ido a buscar: refugiarse, resistir y aprovechar alguna oportunidad. La consiguió temprano y obligó al Xeneize a jugar con una presión que no había imaginado.
El gol cambió el escenario. Boca tuvo que asumir la iniciativa y Recoleta encontró confianza. El equipo visitante se cerró, achicó espacios y durante buena parte del primer tiempo consiguió que el conjunto argentino circulara la pelota sin encontrar profundidad. El Xeneize intentaba avanzar, pero muchas veces chocaba contra una defensa que esperaba ordenada.
El reloj avanzaba y la preocupación crecía.
Boca necesitaba otra velocidad. Necesitaba que apareciera la jerarquía de sus futbolistas, pero también necesitaba paciencia. El empate no llegaba y Recoleta comenzaba a sentirse cada vez más cómodo con el resultado.
Hasta que apareció una jugada que terminó cambiando completamente el partido.
Antes del descanso, Wilfrido Báez vio la tarjeta roja y Recoleta quedó con diez. La expulsión fue un golpe enorme para el conjunto paraguayo, que había conseguido sostener la ventaja durante todo el primer tiempo. Boca se fue al vestuario perdiendo, sí, pero con una certeza: el partido todavía estaba vivo y ahora tenía un hombre más.
Y ahí empezó otro Boca.
El segundo tiempo arrancó con una intensidad completamente diferente. El Xeneize salió decidido a buscar el empate y no tardó en encontrarlo. A los pocos minutos, Sebastián Villa apareció con espacio y metió una asistencia precisa para Santiago Ascacíbar.
El volante llegó con decisión, conectó la pelota y la mandó al fondo de la red.
¡Gol de Boca!1-1.
El grito liberó al equipo y también a las tribunas del Ducó. La remontada ya no parecía una ilusión. Era una posibilidad concreta.
Y Boca olió sangre.
No tuvo tiempo Recoleta de acomodarse después del empate. Apenas unos minutos más tarde, nuevamente apareció Villa para generar desequilibrio y esta vez fue Milton Delgado quien recibió la pelota para convertir el segundo. Dos asistencias del colombiano, dos golpes consecutivos y un Boca que había pasado de estar contra las cuerdas a tener el partido completamente bajo control.
En apenas unos minutos, el Xeneize había dado vuelta una historia que durante el primer tiempo parecía complicarse.
2-1.
El equipo paraguayo quedó obligado a salir y Boca encontró los espacios que antes no existían. La superioridad numérica empezó a pesar cada vez más. Y entonces apareció Leonel Flores para ponerle una firma espectacular a la remontada.
El juvenil recibió fuera del área, levantó la cabeza y sacó un derechazo tremendo.
La pelota viajó con violencia hacia el arco de Recoleta y terminó clavándose en un lugar imposible.
Golazo.3-1.
El Ducó explotó.
Boca había pasado de la preocupación absoluta al dominio total. De recibir un gol tempranero a marcar tres veces en poco más de un cuarto de hora. De estar abajo en el marcador a quedar con una ventaja de dos goles pensando en la revancha.
Pero el partido todavía tenía capítulos.
Recoleta terminó de complicarse cuando Mosquera fue expulsado por doble amarilla y dejó a su equipo con nueve futbolistas. Con dos hombres menos, la misión parecía directamente imposible. Boca tenía la pelota, los espacios y una diferencia importante.
Y ahí apareció otro de los grandes protagonistas de la noche: la sensación de que el resultado podía ser todavía mayor.
El Xeneize tuvo ocasiones para marcar el cuarto. La más llamativa llegó en una misma secuencia que parecía una broma del destino: primero el cabezazo de Miguel Merentiel pegó en el palo y, en el rebote, un remate de Delgado terminó impactando dos veces en el travesaño. Tres postes en una sola jugada. El 4-1 se negó de una manera increíble.
Después también hubo lugar para otra oportunidad que terminó en gol anulado a Merentiel por posición adelantada. Boca insistía, atacaba y encontraba espacios por todas partes, pero el cuarto no quería aparecer.
Y aunque el 3-1 puede parecer contundente, también deja una sensación particular: Boca tuvo posibilidades para ganar por una diferencia mucho mayor.
El resultado, de todos modos, es enorme para el objetivo inmediato. El Xeneize consiguió remontar un partido que había comenzado perdiendo, mostró carácter cuando más lo necesitaba y terminó imponiendo condiciones ante un rival que acabó con nueve jugadores.
La figura ofensiva de la remontada fue Sebastián Villa, determinante con dos asistencias después de ingresar en el segundo tiempo. Ascacíbar volvió a aparecer en el área y confirmó su buen momento goleador, mientras que Delgado aportó otro tanto y Leonel Flores se quedó con la imagen de la noche gracias a un misil desde afuera del área.
Y hay algo más que Boca se lleva del Ducó: confianza.
Porque en una serie de eliminación directa, empezar perdiendo y terminar ganando 3-1 tiene un peso enorme. El equipo no se desmoronó después del gol de Ríos. No se desesperó durante el primer tiempo. Esperó su momento y, cuando Recoleta perdió una pieza fundamental antes del descanso, Boca aceleró como si hubiera estado esperando exactamente ese instante.
La Copa Sudamericana entra ahora en su etapa más caliente. Los octavos de final no perdonan errores y cada partido puede marcar el destino de un equipo. Boca lo sabe. Por eso la victoria tiene valor, pero también deja una advertencia: la serie todavía no está cerrada.
El Xeneize tendrá que viajar a Paraguay con una ventaja de dos goles y con la obligación de mantener la concentración. Recoleta ya demostró que puede lastimar. Lo hizo en apenas cinco minutos en Buenos Aires y durante buena parte del primer tiempo logró incomodar a Boca.
Pero ahora el escenario es otro.
Boca tiene tres goles a favor, una diferencia de dos y la confianza que entrega una remontada. Tiene a Ascacíbar encendido, a Villa demostrando que puede ser determinante, a Delgado llegando al gol y a Flores dejando una postal inolvidable.
La noche que empezó torcida terminó con Boca sonriendo.
El Xeneize recibió el primer golpe, quedó mirando el partido desde atrás y durante 45 minutos pareció estar caminando por una cornisa. Pero después aceleró, encontró los espacios y convirtió el Ducó en una fiesta azul y oro.
Recoleta pegó primero.
Boca pegó tres veces.
Y ahora, con el 3-1 en el bolsillo, los cuartos de final están mucho más cerca.






