Una amenaza de bomba generó momentos de fuerte tensión en la Universidad Nacional de La Plata. Las facultades de Humanidades y Psicología debieron ser evacuadas de manera preventiva mientras se realizaban mesas de exámenes finales y celebraciones de egresados.
El aviso activó el protocolo de seguridad de la universidad y obligó a trasladar a estudiantes, docentes y trabajadores hacia el campo de deportes ubicado en 122 y 50. En el momento del operativo también se encontraban internos del Servicio Penitenciario Bonaerense que habían concurrido a rendir materias
La jornada académica de este jueves se vio abruptamente alterada en el predio universitario donde funcionan las facultades de Humanidades y Psicología de la Universidad Nacional de La Plata, luego de que se registrara una amenaza de bomba que obligó a suspender momentáneamente las actividades y evacuar el edificio por precaución.
El episodio ocurrió en una de las zonas más concurridas del ámbito universitario platense, en el tradicional circuito académico cercano al Bosque, donde diariamente circulan cientos de estudiantes, docentes y trabajadores no docentes. La advertencia generó preocupación inmediata entre quienes se encontraban dentro del edificio y obligó a activar el protocolo de seguridad previsto para este tipo de situaciones.
La tensión se produjo además en un momento de intensa actividad académica, ya que se estaban desarrollando mesas de exámenes finales correspondientes al cierre del período de evaluaciones. A esto se sumaban celebraciones de recibida que varios estudiantes realizaban en las inmediaciones del predio universitario, lo que incrementó la cantidad de personas presentes en el lugar.
Evacuación inmediata y activación del protocolo de seguridad
Tras conocerse la amenaza, las autoridades de ambas facultades decidieron aplicar de manera inmediata el protocolo de seguridad establecido para este tipo de emergencias. La primera medida fue ordenar la evacuación total del edificio para garantizar la integridad física de todas las personas presentes.
La salida se realizó de forma organizada y bajo la supervisión de personal universitario que orientó a los estudiantes, docentes y trabajadores durante el proceso. El objetivo fue evitar situaciones de pánico y lograr que el desalojo se desarrollara con rapidez pero de manera controlada.
El punto de encuentro establecido para quienes debían abandonar el edificio fue el campo de deportes del predio universitario, ubicado en la intersección de las calles 122 y 50. Allí se concentró la comunidad académica mientras se aguardaba información oficial sobre la situación.
Muchos estudiantes debieron interrumpir los exámenes que estaban rindiendo o abandonar las aulas minutos antes de comenzar sus evaluaciones. Otros se encontraban realizando trámites administrativos o participando de actividades académicas habituales cuando recibieron la indicación de evacuar.
La escena también incluyó a familiares y amigos que se habían acercado para acompañar celebraciones de egresados, una tradición frecuente en la vida universitaria de la ciudad. Los festejos debieron suspenderse momentáneamente mientras se realizaba el operativo de seguridad.
En paralelo, las autoridades universitarias dieron aviso a las fuerzas policiales y a las brigadas especializadas, que se trasladaron al lugar para iniciar la inspección del edificio y descartar la presencia de artefactos explosivos.
Mesas de finales y presencia de estudiantes del sistema penitenciario
La amenaza se produjo en un momento particularmente sensible del calendario académico. Las facultades de Humanidades y Psicología atravesaban jornadas de mesas de exámenes finales, una instancia clave para los estudiantes que buscan avanzar en sus carreras antes del inicio del nuevo ciclo lectivo.
Durante estos períodos es habitual que el movimiento dentro del predio universitario aumente considerablemente, ya que muchos alumnos concurren para rendir materias pendientes, cerrar el cuatrimestre o completar trámites administrativos vinculados a sus estudios.
Entre los presentes también se encontraban internos del Servicio Penitenciario Bonaerense que habían sido trasladados para rendir materias en el marco de los programas de educación universitaria que funcionan en distintas unidades penitenciarias de la provincia.
Estos programas permiten que personas privadas de libertad puedan cursar carreras universitarias y presentarse a exámenes en sedes académicas cuando las condiciones de seguridad lo permiten. La presencia de estos estudiantes implicó además la coordinación de medidas específicas durante la evacuación.
El procedimiento incluyó el traslado y resguardo de los internos bajo supervisión de personal penitenciario, garantizando que el operativo se desarrollara sin inconvenientes y en condiciones seguras para todos los presentes.
La coincidencia de las mesas de examen, las celebraciones de recibida y las actividades habituales del predio universitario generó una escena de gran movimiento en el momento en que se produjo la amenaza, lo que incrementó el impacto de la situación entre quienes se encontraban en el lugar.
Mientras aguardaban novedades en el campo de deportes, muchos estudiantes manifestaron preocupación por la posible reprogramación de los exámenes y la continuidad de las actividades académicas previstas para la jornada.
Cómo se actúa ante amenazas de bomba en instituciones educativas
Las amenazas de bomba en universidades y escuelas son consideradas episodios de máxima gravedad debido al riesgo potencial que implican y al impacto que generan en instituciones con alta concentración de personas.
Por ese motivo, los protocolos de seguridad establecen procedimientos estrictos que deben aplicarse de manera inmediata ante cualquier advertencia de este tipo, incluso cuando posteriormente se determine que se trató de una falsa alarma.
En primer lugar, las autoridades deben ordenar la evacuación total del edificio o del sector afectado. Esta medida preventiva busca proteger a estudiantes, docentes y trabajadores mientras se realiza la verificación de las instalaciones.
Posteriormente intervienen brigadas especializadas en explosivos, que se encargan de revisar cada espacio del edificio para descartar la presencia de artefactos sospechosos. Estas inspecciones suelen ser minuciosas y pueden extenderse durante varias horas dependiendo de la magnitud del lugar.
Al mismo tiempo, las fuerzas de seguridad suelen iniciar investigaciones para determinar el origen de la amenaza. En muchos casos se trata de llamados telefónicos, correos electrónicos o mensajes anónimos que obligan a desplegar operativos preventivos.
Aunque en numerosas ocasiones estas intimidaciones terminan siendo falsas alarmas, las autoridades insisten en que cada aviso debe tratarse con absoluta seriedad. Ignorar una advertencia podría implicar riesgos graves si existiera un peligro real.
Las universidades públicas, por su gran circulación diaria de estudiantes y trabajadores, cuentan con protocolos específicos que buscan responder con rapidez ante este tipo de situaciones y evitar consecuencias mayores.
El episodio ocurrido este jueves en las facultades de Humanidades y Psicología volvió a poner en evidencia la importancia de estos procedimientos y la necesidad de actuar con prudencia ante cualquier amenaza que pueda comprometer la seguridad de la comunidad académica.
Mientras avanzan las verificaciones y las investigaciones correspondientes, la prioridad continúa siendo garantizar la protección de quienes forman parte de la vida universitaria. Solo una vez finalizado el operativo de inspección se definirá cómo continuará la actividad académica en el predio y de qué manera se reorganizarán las mesas de exámenes que debieron interrumpirse.





