La noche cordobesa arrancó con esa sensación de partido grande. Boca y Vélez se conocían demasiado, venían de verse las caras recientemente y sabían que no había margen para regalar nada. Un error podía costar carísimo. Una distracción podía mandar todo al fondo de la red. Y así fue como se planteó el partido: dientes apretados, piernas fuertes y dos equipos pensando cada movimiento como si fuera el último.
El Xeneize, conducido por Rodolfo Arruabarrena, intentó asumir el protagonismo. Leandro Paredes buscó hacerse dueño de la pelota y Santiago Ascacíbar aportó despliegue para sostener el mediocampo. Arriba, Miguel Merentiel y Sebastián Villa intentaron encontrar espacios frente a una defensa de Vélez que no regaló un centímetro. Del otro lado, el equipo de Guillermo Barros Schelotto esperaba su oportunidad para lastimar de contra.
El primer tiempo pasó entre aproximaciones y mucha disputa. La más clara para Boca apareció en los pies de Tomás Belmonte, que recibió de frente al arco y sacó un remate que se fue por encima del travesaño. El grito quedó atravesado en la garganta. Vélez también tuvo sus momentos, pero el marcador no se movió.
0-0
Y el empate empezaba a pesar cada vez más.
En el complemento la tensión aumentó. Cada pelota dividida se jugaba como si fuera la última. Cada avance encontraba una pierna rival. Boca buscaba romper el cero, pero Vélez resistía y esperaba agazapado. El reloj corría y la sensación de que todo podía resolverse en los penales empezaba a instalarse en el Kempes.
Hasta que llegó el momento que pudo cambiarlo todo.
Sobre el cierre, Vélez encontró una oportunidad inmejorable. Sebastián Zunino marcó penal luego de una infracción de Álvaro Montero sobre Simón Escobar. El arquero colombiano recibió la amarilla y, de repente, Boca quedó contra las cuerdas. El Fortín tenía la clasificación al alcance de la mano.
Pero Dilan Godoy tomó la responsabilidad y la historia pegó un volantazo.
El delantero de Vélez ejecutó y la pelota reventó el palo derecho de Montero. El estadio explotó. Boca respiró. Vélez se quedó con las manos en la cabeza. Era el tipo de oportunidad que podía definir una clasificación y terminó siendo el último aviso antes de la ruleta de los doce pasos.
No hubo tiempo para más.
Lautaro Blanco tomó la primera pelota para Boca y no dudó. Gol. 1-0. Vélez respondió, pero Álvaro Montero apareció inmediatamente: Elías Gómez remató y el colombiano se quedó con el disparo. Ventaja Xeneize.
Kevin Zenón aumentó la diferencia. Joaquín García descontó. Después llegó el golpe de Marchiori: el arquero de Vélez le atajó el penal a Enner Valencia y volvió a meter al Fortín en carrera.
Pero Boca no se cayó.
Leonel Flores convirtió y puso el 3-2. Rodrigo Aliendro respondió para Vélez y dejó la serie igualada. Entonces llegó el quinto penal xeneize. Carlos Palacios caminó hacia el punto de penal, tomó carrera y definió con autoridad.
Gol. 4-3.
Ahora toda la presión estaba del otro lado.
Thiago Silvero necesitaba convertir para mantener vivo a Vélez. Montero volvió a agrandarse. Voló, puso las manos y tapó el remate. Se terminó.
Boca 4 – Vélez 3.
Los jugadores xeneizes corrieron hacia el arquero colombiano. Montero había atajado dos penales y, además, había estado presente en el momento más dramático del partido, cuando Godoy estrelló aquella pelota contra el palo.
Boca no brilló, no goleó y tampoco pudo resolverlo durante los 90 minutos. Pero en una Copa Argentina donde cada partido puede convertirse en una batalla, encontró la forma de sobrevivir. Y esta vez los penales fueron aliados.
El Xeneize se metió en los cuartos de final y ahora tendrá otro clásico desafío: Racing, que será su próximo rival en el camino hacia el título.
En Córdoba no hubo goles, pero sobró dramatismo. Hubo un palo, un penal desperdiciado, dos atajadas decisivas y un último remate que desató el festejo.
Boca necesitaba pasar. Pasó.
Y cuando parecía que la noche podía terminar en tragedia, apareció Montero para escribir otra historia. Porque en la Copa Argentina no siempre gana el que juega mejor. A veces gana el que resiste un segundo más, el que soporta la presión y el que tiene un arquero capaz de hacerse gigante cuando la pelota pesa toneladas.
Esta vez, ese equipo fue Boca. **Y sigue vivo.**




