En los últimos meses, la bronca entre los usuarios del servicio eléctrico en La Plata y alrededores no ha hecho más que crecer. Mientras las tarifas siguen en aumento, las interrupciones en el suministro y la falta de respuestas de la empresa Edelap hacen que miles de vecinos se sientan estafados. La pregunta que muchos se hacen es la misma: ¿hasta cuándo?
Tarifas en alza, servicio en baja
A principios de abril, la provincia de Buenos Aires autorizó un nuevo aumento en la tarifa de luz. Las facturas, ya elevadas, volvieron a subir. Según cifras oficiales, los usuarios de ingresos altos (N1) pasaron de pagar $35.500 a $36.400 mensuales, mientras que los de ingresos bajos (N2) vieron sus boletas aumentar de $21.600 a $22.200.
Sin embargo, este ajuste tarifario no se traduce en una mejora del servicio. Al contrario, los cortes de luz se multiplican, especialmente durante tormentas o jornadas de alta demanda. Barrios enteros como Tolosa, City Bell, Villa Elisa y Gonnet denuncian fallas reiteradas, muchas veces prolongadas por más de 24 horas.
Sin luz, sin respuestas
Los vecinos no solo se quejan por la falta de electricidad: también por la escasa respuesta de la empresa. “Llamás a Edelap y nadie atiende. Mandás mensajes y no contestan. Lo único que llega puntual es la factura”, dijo una vecina de Ringuelet en declaraciones a El Editor Platense.
La Defensoría del Pueblo bonaerense ya intervino exigiendo a la compañía que bonifique en las facturas a los usuarios afectados. “No puede ser que quienes se quedan sin servicio deban pagar lo mismo que quienes sí lo tienen”, expresaron desde el organismo.
Un monopolio bajo la lupa
Edelap, propiedad del Grupo DESA, tiene el monopolio de la distribución eléctrica en La Plata, Berisso, Ensenada, Brandsen, Magdalena y Punta Indio. A pesar de que se trata de una empresa privada, el Estado sigue siendo garante del acceso al servicio, lo que abre interrogantes sobre el rol del gobierno provincial en la regulación y el control de calidad.
Mientras tanto, los usuarios reclaman transparencia, compensaciones y, sobre todo, un servicio acorde a lo que pagan. Porque en definitiva, la electricidad no es un lujo: es un derecho.






