El Banco Central aceleró compras de dólares, pero el pago de deuda del Tesoro volvió a presionar las reservas

El Banco Central de la República Argentina (BCRA) cerró la segunda semana del año con un resultado dual en su frente externo: por un lado, profundizó su estrategia de compras en el Mercado Libre de Cambios y acumuló más de USD 200 millones en adquisiciones; por otro, las reservas internacionales mostraron una baja significativa como consecuencia del pago de vencimientos de deuda del Tesoro Nacional. La dinámica dejó en evidencia el delicado equilibrio entre la necesidad de recomponer activos externos y las obligaciones financieras heredadas que siguen impactando sobre el stock de divisas.

Durante la última rueda cambiaria, la autoridad monetaria compró USD 43 millones, lo que permitió cerrar la semana con un saldo positivo de USD 218 millones en intervenciones. Sin embargo, ese esfuerzo no alcanzó para compensar la salida de dólares asociada a un pago de deuda externa por más de USD 4.200 millones, lo que provocó una caída diaria cercana a los USD 400 millones en las reservas brutas.

Al finalizar la jornada, las tenencias internacionales del BCRA se ubicaron en USD 44.396 millones, un retroceso de USD 385 millones respecto del día anterior. El descenso no respondió a ventas en el mercado ni a una modificación en la política cambiaria, sino a la cancelación de compromisos financieros del sector público, en particular de títulos emitidos bajo legislación local y extranjera.

El impacto del pago de deuda sobre las reservas

El movimiento de reservas estuvo directamente vinculado con el calendario de vencimientos de deuda soberana. Según datos oficiales, este viernes operaron pagos por USD 4.216 millones, correspondientes tanto a bonos Globales —regidos por ley extranjera— como a Bonares, bajo legislación argentina. La composición de esos vencimientos explica la magnitud del impacto sobre las reservas del Central.

En el caso de los bonos Globales, el Tesoro debió contar con los dólares necesarios al menos un día hábil antes de la fecha de pago, lo que implicó una utilización directa de divisas disponibles. De los USD 2.567 millones asociados a estos títulos, USD 1.524 millones correspondieron a amortización de capital y USD 1.043 millones a intereses. Por su parte, los Bonares representaron USD 1.649 millones adicionales, con USD 1.187 millones de capital y USD 462 millones de intereses.

Un dato relevante es que más de USD 500 millones de estos vencimientos estaban en manos de organismos públicos, principalmente del Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) de la Anses. Esa porción no generó una presión efectiva sobre las reservas, ya que se trató de un pago intra-sector público, aunque igualmente impactó en el registro contable de los activos internacionales.

Cómo se financió el pago y el rol del Repo

Desde el Ministerio de Economía habían anticipado que la cancelación de la deuda se realizaría combinando dólares propios del Tesoro con compras de divisas al Banco Central. Antes de concretarse el pago, las colocaciones del Tesoro en el BCRA rondaban los USD 2.300 millones, que fueron utilizados parcialmente para cumplir con los compromisos.

El resto de los fondos provino de un préstamo tipo Repo acordado por el Banco Central con un consorcio de seis bancos internacionales. La operación ascendió a USD 3.000 millones, con un plazo de un año y una tasa anual del 7,4%. Si bien el ministro de Economía, Luis Caputo, había señalado que el país podía acceder hasta a USD 7.000 millones mediante este instrumento, finalmente se optó por tomar un monto menor, luego de recibir ofertas por aproximadamente USD 4.400 millones.

El mecanismo del Repo implica la entrega de bonos soberanos como garantía a cambio del financiamiento, con el compromiso de recomprarlos a un precio pactado al vencimiento del acuerdo. En esta oportunidad, el BCRA utilizó como colateral los Bonares 2035 y 2038, ambos emitidos bajo legislación argentina. La operación permitió reforzar la liquidez en dólares en un momento clave, aunque a costa de asumir un compromiso financiero de corto plazo.

El inicio del programa de acumulación de reservas

Más allá del efecto puntual del pago de deuda, el Banco Central puso en marcha un esquema explícito de acumulación de reservas desde los primeros días del año. El nuevo marco se apoya en la actualización de las bandas cambiarias en función de la inflación informada por el Indec y en una intervención acotada en el mercado de cambios, orientada a absorber excedentes de oferta sin generar distorsiones en los precios.

La secuencia de compras fue gradual pero sostenida: USD 21 millones el lunes, USD 83 millones el martes, USD 9 millones el miércoles, USD 62 millones el jueves y USD 43 millones el viernes. En conjunto, el resultado semanal marcó el mejor desempeño en términos de acumulación desde el inicio de esta etapa de la política monetaria.

El presidente del BCRA, Santiago Bausili, explicó que la estrategia de compras no responde a un objetivo rígido diario, sino que estará condicionada por la evolución de la demanda de dinero y por la liquidez disponible en el Mercado Libre de Cambios. En ese sentido, el Central estableció que sus intervenciones no deberían superar, en términos generales, el 5% del volumen operado en cada rueda, con el objetivo de evitar interferencias significativas en la dinámica del mercado. No obstante, reconoció que en algunas jornadas recientes ese umbral fue superado de manera puntual.

Proyecciones para 2026 y el desafío de la remonetización

De cara al resto del año, el Banco Central trazó escenarios de acumulación de reservas vinculados al proceso de remonetización de la economía. En un escenario base, la autoridad monetaria estima que la base monetaria podría pasar del 4,2% al 4,8% del Producto Bruto Interno hacia diciembre de 2026. Para alcanzar ese nivel, sería necesaria la compra de alrededor de USD 10.000 millones, siempre que la balanza de pagos acompañe y no se produzcan shocks externos adversos.

En un escenario más optimista, en el que la preferencia por el peso aumente un punto porcentual adicional del PBI, las compras de divisas podrían extenderse hasta los USD 17.000 millones a lo largo del año. Esa hipótesis supone una mejora sostenida en la confianza, una mayor estabilidad macroeconómica y un flujo constante de dólares comerciales y financieros.

Sin embargo, el propio BCRA reconoce que la acumulación de reservas no será lineal. El calendario de vencimientos de deuda, las necesidades de financiamiento del Tesoro y la evolución del frente externo seguirán condicionando el resultado neto. En ese marco, la reciente caída de reservas, pese a las compras en el mercado, funciona como un recordatorio de las tensiones estructurales que enfrenta la política económica.

Un equilibrio frágil entre compras y obligaciones

El balance de la semana dejó una señal clara: el Banco Central logró retomar la iniciativa en el mercado cambiario y mostrar capacidad de compra, pero las obligaciones financieras del Estado siguen teniendo un peso determinante sobre las reservas. La estrategia oficial apunta a consolidar un sendero de acumulación gradual, apoyado en la disciplina monetaria y en una mayor demanda de pesos, pero ese objetivo convive con un stock de deuda que exige pagos significativos en el corto y mediano plazo.

En ese contexto, el desafío para la autoridad monetaria será sostener el ritmo de compras sin comprometer la estabilidad cambiaria, al tiempo que se coordinan las necesidades del Tesoro para evitar sobresaltos en el nivel de reservas. El desempeño de las próximas semanas será clave para evaluar si el plan de acumulación logra afianzarse o si los compromisos financieros vuelven a neutralizar los esfuerzos del Central por reforzar su posición externa.

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