El Gobierno prepara una baja de retenciones a los autos: qué puede pasar con los precios, las exportaciones y por qué el plan aún no se confirma

La industria automotriz vuelve a quedar en el centro de la escena económica en un momento delicado: la producción cae, las exportaciones no logran repuntar y el mercado internacional muestra señales de debilidad. En ese contexto, el Gobierno avanzó con una medida clave que podría cambiar el rumbo del sector en los próximos meses.

Se trata de un decreto ya redactado que establece una reducción gradual de las retenciones a la exportación de autos, un reclamo histórico de las terminales. Aunque la decisión está tomada y fue comunicada a las empresas, su aplicación todavía no tiene fecha definitiva. El motivo es central: el resultado de la recaudación fiscal podría definir si se implementa o se posterga.

La iniciativa forma parte de una estrategia más amplia orientada a mejorar la competitividad de los sectores exportadores. Sin embargo, el delicado equilibrio de las cuentas públicas obliga a una evaluación constante, lo que mantiene en suspenso una medida que el sector considera urgente para recuperar volumen y previsibilidad.

Cómo impactará la baja de retenciones en la industria y los precios

El esquema que analiza el Gobierno contempla una reducción progresiva del derecho de exportación, que hoy se ubica en torno al 4,5%, hasta alcanzar el 0% hacia fines de 2026. La medida apunta a reducir costos y mejorar la competitividad de los autos argentinos en los mercados internacionales.

Uno de los puntos más relevantes es que los reintegros a la exportación se mantendrán sin cambios. Actualmente, estos beneficios rondan el 7% para vehículos y el 5,5% para autopartes, y tienen como objetivo compensar la carga impositiva acumulada en toda la cadena productiva. En términos prácticos, esto significa que el Gobierno busca avanzar hacia un esquema en el que se exporten menos impuestos.

Para el sector, la reducción de retenciones podría tener un efecto directo en la producción. Estimaciones privadas señalan que la medida permitiría sumar entre 20.000 y 25.000 unidades adicionales destinadas a mercados externos. Ese incremento no solo impactaría en las exportaciones, sino también en el nivel de actividad de las plantas locales.

En cuanto a los precios, el impacto no sería inmediato en el mercado interno, pero sí podría generar condiciones para una mayor estabilidad en el mediano plazo. Un sector más competitivo y con mayor volumen de producción tiende a mejorar su estructura de costos, lo que a largo plazo podría trasladarse parcialmente a los valores finales.

El dato clave que puede frenar el decreto en las próximas semanas

A pesar de que el decreto está listo, hay un factor que mantiene en alerta a todo el sector: la recaudación tributaria. En los últimos meses, los ingresos del Estado mostraron una caída en términos reales, impulsada tanto por la reducción de impuestos como por el menor nivel de actividad económica.

Aunque los números nominales muestran subas, estos aumentos quedan por debajo de la inflación, lo que implica una pérdida de poder de recaudación. Este escenario obliga al equipo económico a actuar con cautela, ya que cada reducción impositiva tiene un impacto directo en las cuentas públicas.

Marzo aparece como un mes determinante. Si los ingresos fiscales no muestran señales de recuperación, el Gobierno podría postergar la medida, aun cuando ya esté definida. La decisión responde a una lógica clara: evitar comprometer el equilibrio fiscal en un contexto todavía frágil.

A esto se suma que en los últimos meses ya se avanzó con otras bajas impositivas relevantes, como cambios en aranceles, retenciones y la eliminación de tributos específicos. Este conjunto de medidas genera presión sobre los ingresos del Estado, lo que limita el margen para nuevas reducciones.

Producción en caída, exportaciones débiles y el peso de Brasil

El contexto en el que se discute esta medida está marcado por indicadores que reflejan la fragilidad del sector. La producción automotriz mostró una recuperación mensual reciente, pero sigue muy por debajo de los niveles del año pasado.

En el acumulado del primer bimestre, la caída ronda el 30% interanual, un dato que enciende señales de alerta dentro de la industria. Este retroceso no solo responde a la debilidad del mercado interno, sino también a la falta de dinamismo en las exportaciones.

Las ventas externas continúan siendo el principal desafío. Aunque hubo mejoras en términos mensuales, la comparación interanual sigue siendo negativa, con una caída superior al 20% en los primeros meses del año. Este desempeño consolida la preocupación de las terminales, que dependen en gran medida de los mercados internacionales.

En este escenario, el rol de Brasil resulta determinante. Como principal destino de los autos argentinos, cualquier variación en su demanda tiene un impacto directo en la producción local. La menor absorción de vehículos en ese mercado durante el inicio del año explica parte de la caída en las exportaciones.

A esto se suma un factor estructural: el peso de los impuestos en el precio final de los vehículos exportados. Aunque en los últimos años esa carga se redujo, todavía representa alrededor del 13% del valor, un nivel elevado frente a otros países competidores.

La eventual eliminación de retenciones aparece entonces como una herramienta concreta para revertir esta tendencia. Sin embargo, su efectividad dependerá no solo de su implementación, sino también de la evolución del contexto económico y de la demanda externa.

El sector automotriz se encuentra así en una etapa de definiciones. La posibilidad de reducir la carga impositiva abre una oportunidad para mejorar la competitividad y recuperar terreno en los mercados internacionales. Pero al mismo tiempo, las restricciones fiscales y la incertidumbre económica imponen límites claros.

En las próximas semanas se conocerá si el Gobierno avanza finalmente con el decreto o decide postergarlo. La decisión no solo impactará en la industria automotriz, sino que también funcionará como una señal clave sobre el rumbo de la política económica y el margen real para seguir bajando impuestos en la Argentina.

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