La vicepresidenta Victoria Villarruel tomó distancia del rumbo del presidente Javier Milei, generando un quiebre político que ya impacta en el Congreso, en las decisiones institucionales clave y en la interna de La Libertad Avanza.
La relación entre el presidente Javier Milei y su vicepresidenta, Victoria Villarruel, atraviesa su momento más tenso desde el inicio del gobierno libertario. A siete meses de la asunción, los desacuerdos dejaron de ser internos y reservados para transformarse en una confrontación pública, con acusaciones cruzadas, movimientos legislativos independientes y un marcado distanciamiento político que plantea interrogantes sobre la estabilidad del oficialismo.
La primera señal de ruptura llegó cuando el Senado, presidido por Villarruel, habilitó una sesión en la que se aprobaron aumentos en las jubilaciones y en las dietas de los senadores, así como una serie de medidas que incrementan el gasto público. Milei calificó esa sesión como “ilegítima” y denunció un “intento de golpe institucional”, al tiempo que sus principales operadores acusaron a Villarruel de “traición”.
En medio del conflicto, circularon versiones sobre reuniones reservadas entre Villarruel y sectores políticos que exceden a La Libertad Avanza, entre ellos referentes del PRO y del radicalismo. Aunque no hay confirmaciones oficiales, se especula con encuentros indirectos con Mauricio Macri y con legisladores alineados al expresidente. Además, su entorno más cercano habría buscado posicionarla como figura moderada frente al ala dura del mileísmo.
Otra señal del distanciamiento fue el rechazo del Senado a las candidaturas propuestas por Milei para integrar la Corte Suprema de Justicia, entre ellas la de Ariel Lijo. El oficialismo sufrió una dura derrota institucional que fue interpretada por analistas como una muestra del poder creciente de Villarruel en el Congreso y del debilitamiento de la agenda presidencial.
Las diferencias también se expresan en el plano ideológico. Mientras Milei evita confrontar directamente con los organismos de derechos humanos, Villarruel ha mantenido posiciones históricamente reivindicativas de los represores de la última dictadura militar. Aunque en público ha dicho que “la solución no es el indulto”, ha sido protagonista de iniciativas parlamentarias orientadas a revisar las causas por delitos de lesa humanidad.
En paralelo, tomó fuerza la versión de que Villarruel buscaría formar su propio partido político, consolidando su liderazgo dentro del espacio nacionalista-conservador y marcando un perfil autónomo frente a La Libertad Avanza. Si bien por el momento no se confirmó formalmente la creación de una nueva fuerza, el despegue discursivo y estratégico de la vicepresidenta refuerza esa hipótesis.
El conflicto llegó a su punto más alto esta semana, cuando Villarruel volvió a deslizar que no descarta “una candidatura presidencial futura”, y se mostró en actos públicos sin representantes del Ejecutivo nacional. En respuesta, Milei congeló toda interlocución con ella y dejó trascender que su vice “opera con la casta que juró combatir”.
Lo cierto es que la fractura interna en el binomio presidencial expone una crisis de conducción dentro del oficialismo, en momentos en que el Gobierno necesita mayor cohesión para impulsar reformas estructurales. Con el Congreso en plena ebullición, y con un clima social tenso por los ajustes y la recesión, la disputa entre Milei y Villarruel podría redefinir no solo el rumbo de la gestión actual, sino también el escenario político hacia 2027.





