El intendente de Avellaneda, Jorge Ferraresi, decidió tomar licencia en su cargo municipal para concentrarse en una agenda política de escala provincial con miras a la elección de 2027 en la provincia de Buenos Aires. El movimiento se produce en un momento de reconfiguración interna del peronismo bonaerense, donde comienzan a definirse liderazgos, alianzas y tensiones que marcarán la etapa posterior a la actual gestión provincial.
La decisión no implica un retiro de la gestión, sino un cambio de rol estratégico. Ferraresi deja la administración cotidiana del municipio en manos de su esposa y jefa de Gabinete, la arquitecta Magdalena Sierra, quien asumió formalmente la conducción del distrito. El reemplazo mantiene la línea de continuidad política, en un esquema donde la conducción real del proyecto sigue asociada al intendente en licencia, que ahora enfocará su actividad en el territorio bonaerense.
El contexto en el que se produce esta decisión es clave para entender su impacto. El gobernador Axel Kicillof atraviesa una etapa de construcción política orientada a consolidar un espacio propio dentro del peronismo, conocido como Movimiento Derecho al Futuro. Dentro de ese armado conviven intendentes, ministros y referentes territoriales que buscan posicionarse frente a la interna con sectores alineados con el kirchnerismo tradicional y con La Cámpora, en un escenario de competencia creciente.
En ese tablero, la salida de Ferraresi de la gestión diaria no se interpreta como un alejamiento del poder, sino como una expansión. El intendente de Avellaneda pasa de administrar un distrito clave del conurbano sur a recorrer la provincia con el objetivo de fortalecer su posicionamiento como eventual candidato o figura de peso en la discusión por la sucesión bonaerense.
El traspaso en Avellaneda y la consolidación de un esquema de continuidad política
La asunción de Magdalena Sierra como intendenta interina se inscribe en una lógica de continuidad más que de reemplazo. En Avellaneda, el esquema de gobierno ya funcionaba con una estructura compartida entre el intendente y su equipo más cercano, lo que permitió una transición sin sobresaltos administrativos ni políticos.
Sierra no es una figura nueva dentro del armado local. Con experiencia legislativa previa a nivel provincial y nacional, ya ocupaba un rol central en la gestión cotidiana del municipio. Su ascenso formal responde a la necesidad de mantener estabilidad institucional mientras Ferraresi concentra su actividad en la construcción política provincial.
Desde el punto de vista de la gestión, el municipio mantiene su agenda de obra pública, políticas sociales y administración territorial. Avellaneda es uno de los distritos con mayor densidad del conurbano bonaerense y con una estructura estatal activa, lo que exige continuidad operativa constante. En ese sentido, la intendenta interina deberá sostener un modelo de gestión que se caracteriza por una fuerte presencia del Estado local en áreas sensibles como infraestructura urbana, salud comunitaria y programas sociales.
Sin embargo, el movimiento también tiene una lectura política más amplia. La decisión de dejar el municipio en manos de una figura de extrema confianza no solo garantiza gobernabilidad interna, sino que también libera a Ferraresi para recorrer otros distritos sin perder control sobre su base territorial. Es una estrategia que combina permanencia local con expansión provincial, una fórmula habitual en dirigentes que buscan escalar dentro del peronismo bonaerense.
En paralelo, el traspaso refuerza la idea de que Avellaneda seguirá siendo un bastión político del mismo espacio, sin cambios de orientación ni disputas internas visibles. La transición ordenada también busca enviar una señal hacia afuera: el proyecto político no depende exclusivamente de la figura del intendente en funciones, sino de una estructura más amplia que puede sostenerse en el tiempo.
La interna del peronismo bonaerense y la construcción del espacio de Kicillof
La decisión de Ferraresi se entiende en el marco de una interna peronista que ya comenzó a activarse en la provincia de Buenos Aires. El espacio vinculado a Axel Kicillof busca consolidarse como un polo de poder autónomo dentro del peronismo, con capacidad de disputar la conducción política en la etapa posterior a su mandato.
Dentro de ese esquema, el Movimiento Derecho al Futuro funciona como una plataforma de articulación entre intendentes del conurbano, ministros provinciales y referentes territoriales. Ferraresi es uno de los dirigentes que desde hace tiempo integra ese armado, luego de un proceso de distanciamiento progresivo del núcleo duro del kirchnerismo tradicional.
Ese desplazamiento político no fue abrupto, sino gradual. Durante años, el intendente de Avellaneda había sido un aliado cercano del espacio liderado por Cristina Fernández de Kirchner, pero con el tiempo comenzó a alinearse con una lógica de construcción más vinculada a la gestión provincial y a la autonomía de los intendentes en el armado político.
En este nuevo escenario, la provincia de Buenos Aires se convierte en el centro de gravedad de la disputa interna. La imposibilidad de reelección de Kicillof abre un proceso de competencia anticipada donde distintos sectores buscan posicionarse antes de que se definan reglas formales de sucesión. En ese contexto, los movimientos de dirigentes territoriales como Ferraresi adquieren un valor estratégico.
El conurbano bonaerense vuelve a ocupar un rol central en la política argentina. Allí se concentra gran parte del padrón electoral y también la estructura organizativa del peronismo. Por eso, los intendentes no solo gestionan sus distritos, sino que funcionan como actores políticos de alcance provincial, con capacidad de influir en negociaciones internas y definiciones de candidaturas.
La proyección de Ferraresi hacia la provincia se inscribe en esa lógica. No se trata únicamente de una candidatura individual, sino de la construcción de volumen político dentro de un espacio más amplio que aún está en proceso de definición.
Un escenario abierto con múltiples candidatos y una disputa que recién comienza
El panorama hacia 2027 en la provincia de Buenos Aires aparece abierto y con múltiples actores en competencia dentro del peronismo. A la figura de Ferraresi se suman otros dirigentes con proyección provincial, lo que anticipa una interna compleja y sin liderazgos unificados.
Entre los nombres que ya circulan aparece el ministro de Infraestructura bonaerense Gabriel Katopodis, con fuerte presencia en la gestión provincial y vínculos territoriales en el conurbano. También se posicionan intendentes con peso propio como Mayra Mendoza, referente del kirchnerismo en el sur del conurbano; Federico Achával, con crecimiento sostenido en la zona norte; y Julio Alak, con experiencia política de larga trayectoria en la administración pública.
A ese grupo se suma la intendenta de Moreno Mariel Fernández, quien ya manifestó públicamente su intención de competir por la gobernación, convirtiéndose en una de las pocas dirigentes que explicitó su vocación electoral en esta etapa temprana.
La dispersión de nombres refleja una característica central del peronismo bonaerense actual: la ausencia de un liderazgo único que ordene la sucesión. Esto abre un escenario de negociación permanente, donde cada sector intenta acumular poder territorial, influencia institucional y respaldo político.
En ese contexto, la salida de Ferraresi de la gestión cotidiana de Avellaneda se interpreta como un movimiento preventivo. No solo busca posicionarse, sino también evitar quedar limitado a la administración local en un momento en el que la política provincial comienza a acelerarse.
El conurbano vuelve así a ser el escenario principal de la disputa. Los intendentes, con sus estructuras territoriales y capacidad de movilización, aparecen como actores decisivos en la definición del futuro político bonaerense. Y en ese mapa en construcción, Ferraresi ya empezó a moverse fuera de los límites de su distrito.




