Con una convocatoria que crece minuto a minuto, miles de personas llegan al centro porteño para participar de la movilización por el Día de la Memoria, la Verdad y la Justicia. El 50° aniversario del golpe de 1976 convierte la jornada en un hecho de alto impacto político y social.
Columnas de organizaciones, dirigentes y ciudadanos avanzan hacia la Plaza de Mayo en una movilización atravesada por la memoria histórica y las tensiones del presente. Qué se conmemora, por qué este año es distinto y cuáles son los ejes del acto central.
La Plaza de Mayo comenzó a poblarse desde temprano, pero con el correr de las horas la escena se transformó en una imagen contundente: columnas que llegan desde distintos puntos de la ciudad, banderas desplegadas y consignas que condensan décadas de lucha. En el centro porteño, el 24 de marzo volvió a convocar a miles de personas, esta vez con una carga simbólica excepcional: se cumplen 50 años del golpe de Estado de 1976.
El movimiento es constante. Grupos de jóvenes, familias enteras y militantes históricos se mezclan en un mismo espacio, en una jornada que combina memoria, reclamo y también una lectura del presente. Las calles aledañas permanecen cortadas, mientras la organización del operativo busca contener una movilización que, como cada año, crece hacia la tarde.
En las primeras horas, el clima fue más pausado, casi introspectivo. Pero con la llegada de las principales columnas, el ritmo cambió. Los cánticos comenzaron a multiplicarse, los bombos marcaron el pulso y la Plaza empezó a adquirir la dimensión que se esperaba para una fecha de este peso histórico.
Qué se conmemora el 24 de marzo y por qué este año es distinto
El Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia recuerda a las víctimas de la última dictadura militar iniciada el 24 de marzo de 1976, cuando un golpe de Estado derrocó al gobierno constitucional e instauró un régimen que llevó adelante un plan sistemático de represión ilegal, desaparición de personas, torturas y censura.
Durante ese período, miles de personas fueron secuestradas y permanecen desaparecidas. La cifra de 30.000, sostenida por los organismos de derechos humanos, se convirtió en una bandera que atraviesa generaciones. A partir del retorno de la democracia, la construcción de memoria colectiva se transformó en una política sostenida, con avances judiciales y también con debates abiertos.
Este 2026 no es un aniversario más. El medio siglo desde el inicio de la dictadura resignifica la fecha y potencia su impacto. Para muchos, se trata de una oportunidad para reafirmar consensos básicos de la democracia argentina; para otros, también es un momento de discusión sobre cómo se narra ese pasado.
En ese contexto, la movilización adquiere una dimensión mayor. No solo por la cantidad de personas que se espera, sino por la diversidad de sectores que participan y por la centralidad que vuelve a tener el tema en la agenda pública.
Las columnas avanzan y la política se hace presente
Desde distintos puntos de la Ciudad de Buenos Aires, las columnas comenzaron a movilizarse hacia la Plaza de Mayo. Una de las más numerosas partió desde la ex ESMA, uno de los principales centros clandestinos de detención durante la dictadura, hoy convertido en espacio de memoria.
En esa movilización participan dirigentes como Máximo Kirchner y Juan Grabois, junto a miles de militantes que recorren varios kilómetros hasta el centro porteño. La columna realiza además una parada simbólica frente al domicilio donde se encuentra la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner, en un gesto que suma contenido político a la jornada.
Por su parte, el referente del Frente Renovador, Sergio Massa, también confirmó su presencia en la movilización, al igual que otros dirigentes de distintos espacios. La participación política refuerza el carácter transversal del 24 de marzo, una fecha que históricamente logró convocar más allá de las diferencias partidarias.
A su vez, las centrales sindicales, organizaciones sociales y agrupaciones de izquierda se concentran en distintos puntos estratégicos. Desde la CGT hasta espacios más pequeños, todos confluyen en una marcha que combina identidad propia con un objetivo común.
Las consignas que se escuchan en las calles reflejan esa diversidad. Algunas remiten directamente a la memoria histórica, mientras que otras incorporan reclamos actuales, en una mezcla que define el pulso de la movilización.
Qué pasó el 24 de marzo de 1976: el origen de una herida abierta
Para entender la dimensión de esta jornada, es clave volver a ese 24 de marzo de 1976. En la madrugada, las Fuerzas Armadas tomaron el control del país y desplazaron a las autoridades constitucionales. Se inició así un período de gobierno de facto que se extendió hasta 1983.
Durante esos años, el Estado desplegó un sistema clandestino de represión que incluyó secuestros, centros de detención ilegales, torturas y asesinatos. La desaparición forzada de personas se convirtió en una práctica sistemática, con el objetivo de eliminar la oposición política y social.
La censura, la persecución y el control social marcaron la vida cotidiana. Al mismo tiempo, se implementaron políticas económicas que transformaron la estructura productiva del país, con consecuencias que aún hoy son motivo de análisis.
Con el regreso de la democracia, el juicio a las juntas militares y las posteriores políticas de memoria, verdad y justicia, Argentina se convirtió en un caso emblemático a nivel internacional en materia de derechos humanos. Sin embargo, las heridas de ese período siguen presentes.
El acto central y un mensaje hacia el presente
El momento más esperado de la jornada está previsto para la tarde, cuando en el escenario principal de la Plaza de Mayo se realice la lectura del documento consensuado por los organismos de derechos humanos.
Allí, se sintetizan las principales demandas del sector: la continuidad de las políticas de memoria, el avance en las causas judiciales y la reafirmación del compromiso democrático. Pero también se incluyen definiciones sobre el presente político, económico y social.
Las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo vuelven a ocupar un lugar central. Su presencia no solo tiene un valor simbólico, sino que representa la persistencia de una lucha que se mantuvo durante décadas, incluso en los momentos más adversos.
En paralelo, la jornada se completa con expresiones culturales, intervenciones artísticas y actividades que acompañan la movilización. La memoria no solo se transmite en discursos, sino también en múltiples formas que buscan interpelar a nuevas generaciones.
A medida que la tarde avanza, la Plaza de Mayo se consolida como el epicentro de una jornada histórica. A 50 años del golpe de Estado, la masividad de la convocatoria confirma que el 24 de marzo sigue siendo una fecha clave en la identidad argentina.
Lejos de diluirse con el paso del tiempo, la memoria se reafirma en las calles, en las voces y en una presencia colectiva que vuelve a decir, con fuerza renovada, que el pasado no está cerrado y que su significado sigue en disputa.





