En conferencia de prensa, el vocero presidencial Manuel Adorni aseguró que la vicepresidenta “no forma parte de la gestión” y minimizó el impacto institucional del conflicto. El trasfondo de una fractura que se profundiza.
En una conferencia de prensa brindada este miércoles desde la Casa Rosada, el vocero presidencial Manuel Adorni se refirió por primera vez de forma oficial a las duras declaraciones que el presidente Javier Milei dirigió contra la titular del Senado, Victoria Villarruel, a quien tildó de “bruta traidora” durante un acto público. La respuesta oficial no intentó suavizar el conflicto, sino que, por el contrario, confirmó lo que ya se evidenciaba desde hace meses: la ruptura política entre Milei y su vicepresidenta es total.
“El presidente considera que la vicepresidenta no es parte de la gestión”, sostuvo Adorni, en respuesta a las preguntas de la prensa. Y añadió: “Todo el mundo sabe que no participa del día a día, que no forma parte del proyecto político y que su desvinculación operativa con el Gobierno es de larga data”.
Las declaraciones llegan luego de que el propio Milei, durante el acto conocido como “La Derecha Fest” realizado el fin de semana en Córdoba, calificara a Villarruel como una traidora al proyecto libertario. “La bruta traidora votó con los kirchneristas”, habría dicho, en referencia a la sesión del Senado de hace semanas en la que, bajo la conducción de Villarruel, se aprobó una recomposición jubilatoria impulsada por la oposición. Para el presidente, ese gesto constituyó una traición directa a la política de ajuste fiscal que promueve su administración.
Adorni, consultado por el impacto institucional que podría tener este distanciamiento entre los máximos cargos del Poder Ejecutivo, intentó bajarle el tono: “Hace un año y medio que gobernamos con resultados bastante prominentes. Este tipo de cuestiones forman parte de la dinámica de la política y no deberían preocuparnos demasiado”.
Sin embargo, en los pasillos del Congreso y en el entorno político general, el conflicto no pasa inadvertido. La tensión entre Milei y Villarruel, que comenzó de manera soterrada durante los primeros meses del gobierno, se intensificó a medida que la vicepresidenta tomó distancia de algunas decisiones del Ejecutivo y, sobre todo, cuando habilitó el debate de iniciativas contrarias a la línea oficialista en el Senado. El punto de quiebre fue, sin dudas, la sanción de la ley jubilatoria, votada por la mayoría de los bloques opositores, con la intermediación de Villarruel como presidenta de la Cámara Alta.
En paralelo, desde sectores cercanos a la vicepresidenta aseguran que el trato personal con el presidente se volvió “nulo” y que desde diciembre de 2024 ya no existe diálogo político entre ambos. Las diferencias ideológicas y de estrategia legislativa habrían hecho imposible cualquier intento de recomposición. Incluso, versiones no desmentidas apuntan a que Villarruel estaría analizando la posibilidad de conformar su propio espacio político dentro del espectro libertario, pero con una orientación más institucionalista y menos confrontativa que la que encarna Milei.
En este contexto, la relación entre el Ejecutivo y el Congreso podría entrar en una nueva fase de tensión. La ausencia de una interlocución clara entre el presidente y la presidenta del Senado podría trabar el tratamiento de leyes clave para la gestión, como un nuevo paquete fiscal o futuras reformas estructurales. A esto se suma que Villarruel aún conserva peso propio dentro de algunos sectores del bloque oficialista y mantiene vínculos fluidos con figuras de la oposición dialoguista, especialmente del peronismo federal.
En la misma conferencia, Adorni fue consultado sobre si el Gobierno consideraba que Villarruel había actuado con deslealtad. Su respuesta fue ambigua pero tajante: “Cada uno es responsable de sus acciones. Nosotros tenemos la responsabilidad de seguir gobernando y no nos detenemos en cuestiones personales”.
Así, el Gobierno decidió blanquear un conflicto que, hasta ahora, se mantenía entre declaraciones indirectas, gestos de distanciamiento y acusaciones en off. La confrontación entre Milei y Villarruel ya no es una especulación, sino un hecho político confirmado desde la Casa Rosada. La fractura institucional entre el presidente y su vice se suma a la creciente fragmentación dentro del oficialismo y al complejo panorama legislativo que enfrenta el Gobierno de cara al segundo tramo de su mandato.







