Un pedido desde la familia de José Antonio Cácere, con la necesidad urgente de que este caso pueda ser visto, escuchado y comprendido en toda su dimensión humana y judicial. Porque más allá del expediente hay una vida injustamente quebrada y una familia que hace seis años intenta seguir adelante con un enorme vacío en el corazón.
José fue condenado a prisión perpetua por un hecho ocurrido en 2011. Sin embargo, su condena no está basada en pruebas sólidas, sino en algo tan doloroso como absurdo: una pericia realizada únicamente sobre una fotografía, escrita por el perito de parte OMAR ALEJANDRO LEDESMA, quien jamás presenció la autopsia ni tuvo contacto con el cuerpo. Su informe se basó en suposiciones, frases condicionales y conclusiones sin sustento científico.
Mientras tanto, la autopsia oficial de la Asesoría Pericial de La Plata, realizada por cuatro especialistas, determinó de manera categórica:
- Que no había golpes ni lesiones violentas.
- Que no existían signos de agresión.
- Que la causa de muerte fue natural, producto de una cardiopatía preexistente agravada por cocaína y diazepam.
- Que los estudios toxicológicos e histopatológicos confirmaban esta conclusión.
- A pesar de ser la única pericia científica, seria y completa, fue ignorada por el tribunal.
Las declaraciones de los policías que tuvieron al detenido a la vista, el legajo con fotos de ingreso sin lesiones, y el testimonio del compañero de celda —Víctor Helguera— también fueron omitidos, aun cuando todos coincidían en lo mismo: el detenido no había sido agredido y se encontraba en buen estado.
El impacto humano: una familia que quedó partida a la mitad
José no solo era policía.
Era —y sigue siendo— un padre presente, comprometido y amoroso.
Tenía la tenencia de su hijo mayor, Agustín, con quien vivía y a quien crió día a día. Agustín creció con su papá como sostén, guía y ejemplo. Desde que José fue injustamente detenido, Agustín cargó un dolor que ningún hijo debería atravesar: el de ver a su padre preso sin pruebas, el de crecer sin su presencia, el de madurar a la fuerza.
Y los más chicos tampoco pudieron compartir su crecimiento con él.
Primeras palabras, actos escolares, cumpleaños, aprendizajes, miedos, risas…
Todo eso pasó sin José.
Años que no vuelven. Momentos que la injusticia les robó.
- Ya son seis navidades con una silla vacía.
- Seis noches buenas con un brindis incompleto.
- Seis años sin abrazarlo en cada logro de sus hijos.
- Seis años viendo cómo la justicia demora mientras una familia se rompe en silencio.
Dónde está hoy la causa
La causa se encuentra actualmente en la Corte Suprema de Justicia de la Nación, pendiente de revisión. La esperanza está puesta ahí, en que finalmente se valore la pericia oficial, se expongan las irregularidades y se escuche lo que nunca se quiso escuchar: que José es inocente.
Estamos cerca de fin de año, y como familia seguimos soñando con algo tan simple como sanador:
volver a tener a José sentado en nuestra mesa. Sobre todo el poder recomponer lo que la injusticia destrozó y así empezar de nuevo.





