La expresidenta y actual líder del sector más influyente del kirchnerismo, Cristina Fernández de Kirchner, decidió retirar el proyecto que impulsaba la unificación de las elecciones provinciales con las nacionales en la provincia de Buenos Aires. La iniciativa, que había sido presentada por la senadora Teresa García con el respaldo de La Cámpora y del ministro Sergio Massa, buscaba suspender las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO) bonaerenses y establecer un cronograma electoral unificado bajo el lema «una sola Nación, una sola provincia, una sola elección».
La propuesta generó una fuerte polémica desde su presentación. Si bien sectores del oficialismo la defendieron como una medida para “ordenar” el proceso electoral y fortalecer la estrategia nacional del Frente de Todos, la reacción del gobernador bonaerense Axel Kicillof fue inmediata y contundente. El mandatario provincial expresó públicamente su rechazo y calificó el proyecto como inconstitucional, al argumentar que la Constitución de la Provincia de Buenos Aires le otorga al Ejecutivo local la facultad exclusiva de fijar la fecha de las elecciones.
Desde la gobernación también se cuestionó que la iniciativa se hubiera elaborado sin consulta previa, lo que fue leído como una falta de respeto a la autonomía provincial y una señal de las tensiones internas que atraviesan al peronismo. Fuentes cercanas a Kicillof señalaron que no estaban dispuestos a resignar la capacidad de manejar el calendario electoral, especialmente en un contexto donde el oficialismo enfrenta una fragmentación creciente.
La retirada del proyecto por parte de Cristina Kirchner representa, en ese marco, una concesión política significativa hacia Kicillof, quien consolida su figura dentro del espacio como un dirigente con peso propio y con intenciones de marcar una agenda diferenciada del kirchnerismo tradicional. Para muchos analistas, el gesto deja en evidencia una grieta cada vez más visible en el seno del Frente de Todos, donde conviven distintas visiones sobre el presente y el futuro del espacio político.
Esta fractura interna no solo pone en tensión la estrategia electoral de cara a las legislativas de 2025, sino que también alimenta las especulaciones sobre una posible reconfiguración del peronismo. Mientras algunos sectores impulsan una renovación de liderazgos con figuras como Kicillof o Wado de Pedro, otros aún respaldan la centralidad política de Cristina Kirchner, a pesar de su aparente paso al costado en términos electorales.
El episodio también refleja un cambio de época en la dinámica del poder dentro del peronismo: lo que antes era una conducción vertical desde el liderazgo de Cristina, hoy comienza a dar lugar a una disputa más horizontal, donde los gobernadores y otros actores emergentes reclaman mayor protagonismo.
En definitiva, la retirada del proyecto de elecciones concurrentes marca un punto de inflexión en la interna del oficialismo y anticipa un escenario de debate abierto sobre cómo se construirá el peronismo del futuro, quiénes lo liderarán y con qué estrategias enfrentarán los desafíos políticos que vienen.





