La inflación de junio sorprendió al mercado con un dato por debajo de las proyecciones privadas. El Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) informó una variación mensual del Índice de Precios al Consumidor (IPC) del 1,6 %, un registro que se mantiene en línea con el descenso sostenido de los últimos meses y que resulta inferior al 2 % anticipado por la mayoría de las consultoras. No obstante, el foco de los analistas ahora se traslada a la evolución del tipo de cambio, que ya mostró una suba superior al 5 % en lo que va de julio, lo que podría repercutir en los precios y tensar el escenario económico de cara a las elecciones legislativas de octubre.
Un dato mejor al previsto, pero con señales de alerta
La inflación de junio se ubicó levemente por encima del 1,5 % registrado en mayo, aunque continúa en niveles históricamente bajos en comparación con los picos alcanzados en 2023. El dato interanual marcó un 39,4 %, consolidando catorce meses consecutivos de desaceleración, el periodo más prolongado desde que se implementó el régimen de libre flotación administrada.
Desde el Ministerio de Economía interpretaron el registro como un aval a la política de “ancla monetaria” y la disciplina fiscal, al tiempo que destacaron que el IPC núcleo —que excluye precios regulados y estacionales— marcó un 1,7 %, su nivel más bajo desde 2018 (sin contar el contexto excepcional de la pandemia).
Pese al optimismo oficial, las consultoras remarcan que parte de esta estabilización responde al atraso en el tipo de cambio oficial, que en junio apenas se movió un 2,9 %. Sin embargo, en julio esa dinámica cambió: el dólar mayorista ya trepó más de un 5 % en lo que va del mes, encendiendo señales de alerta.
El dólar, el nuevo termómetro
El Gobierno había logrado contener las expectativas inflacionarias a partir de una política cambiaria que mantenía al dólar dentro de una banda de flotación relativamente estable. Sin embargo, en las últimas semanas, el tipo de cambio comenzó a moverse con mayor velocidad, en línea con la actualización del sistema de bandas anunciado en junio. El nuevo esquema prevé ajustes mensuales de hasta el 1 % en el límite superior, lo que deja margen para oscilaciones más amplias si las condiciones del mercado lo permiten.
Para los analistas privados, este movimiento tiene un impacto potencial directo sobre la inflación. El traspaso del tipo de cambio a precios (pass-through), que en los primeros meses del año se mantuvo acotado —con estimaciones de entre 0,6 y 0,8 puntos porcentuales mensuales en alimentos y bienes—, podría acelerarse si el dólar continúa su escalada. Las próximas semanas serán clave para evaluar si esta tendencia se traslada a los precios de julio y agosto.
Elecciones en el horizonte
El impacto del nuevo escenario económico no será solo financiero. Con las elecciones legislativas previstas para el 5 de octubre y los comicios bonaerenses del 7 de septiembre, el clima político empieza a tensionarse. El oficialismo apuesta a sostener una inflación contenida como carta de presentación de gestión, mientras que la oposición señala los riesgos de una devaluación encubierta que podría comprometer la estabilidad lograda.
Consultoras como EcoGo y C&T Asesores Económicos anticipan una inflación en torno al 1,8 % para julio, aunque advierten que el dato podría ser más alto si el traspaso cambiario se amplifica. Otras estimaciones, como la de FIEL, sugieren que la meta oficial de cerrar 2025 con una inflación anual de 22,7 % es cada vez más desafiante, ya que implicaría mantener un promedio mensual inferior al 1,1 % en lo que resta del año.
Un delicado equilibrio
La evolución del IPC de los próximos meses estará marcada por la interacción entre el ritmo del dólar, la política fiscal, los precios regulados y el contexto electoral. Si bien el dato de junio ofrece una señal positiva para el oficialismo, el rebote cambiario en julio y las presiones propias del segundo semestre presentan un panorama incierto.
En un país históricamente marcado por la volatilidad macroeconómica, el desafío no es solo mantener la inflación baja, sino consolidar un sendero de estabilidad que sea creíble para el mercado y sostenible para la sociedad. La próxima medición del INDEC, prevista para mediados de agosto, será un nuevo test para las aspiraciones políticas del Gobierno y para la confianza de los argentinos en el rumbo económico.







