En un tono firme y visiblemente molesto, el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, salió al cruce de las acusaciones que señalan a su distrito como epicentro de la violencia en el país. “No voy a dejar pasar más que digan que la provincia es un baño de sangre”, expresó durante una conferencia de prensa realizada este lunes, en la que también cargó con dureza contra el Gobierno nacional y sectores opositores.
Kicillof apuntó directamente a la utilización política del tema de la inseguridad, en especial por parte de dirigentes de La Libertad Avanza. Según el mandatario, se está llevando adelante una “campaña del miedo” que recurre a la desinformación, videos manipulados y mensajes tergiversados con fines electorales.
“No puede haber un baño de sangre en la provincia si bajó la tasa de homicidios”, argumentó, en referencia a los datos oficiales difundidos por la propia ministra de Seguridad nacional, Patricia Bullrich. En ese informe, se detalla que la provincia de Buenos Aires registró una tasa de 4,5 homicidios cada 100.000 habitantes en 2024, y que en el primer cuatrimestre de 2025 esa cifra se redujo en más del 10 por ciento.
El gobernador también apuntó contra el presidente Javier Milei por el recorte de fondos destinados a seguridad. Denunció que el Ejecutivo nacional mantiene una deuda de 750.000 millones de pesos con la provincia, monto que, según detalló, equivale al valor de 10.000 patrulleros. “Nos sacaron los recursos, nos sacaron los patrulleros, nos sacaron los chalecos, y encima nos vienen a decir que no nos ocupamos de la seguridad”, disparó.
Durante la misma conferencia, Kicillof abordó la situación crítica que atraviesan varios municipios bonaerenses tras las recientes inundaciones, y responsabilizó al Gobierno nacional por la paralización de obras de infraestructura hídrica. “Con las obras paradas por decisión del Gobierno nacional, nos dejan a merced del clima. Y encima, no aparecen con ayuda financiera”, denunció.
Con este escenario como telón de fondo, el gobernador ratificó su decisión de “no quedarse callado” ante lo que considera una operación sistemática de desprestigio. “La provincia de Buenos Aires no es un infierno ni un caos. Tiene problemas, claro, pero también trabajo, compromiso y políticas públicas para resolverlos”, concluyó.







